
El director Jaime Martín visitará la temporada de Ibermúsica junto a la BBC National Orchestra of Wales con dos programas que incluyen la participación de Martín García García (piano) y Akiko Suwanai (violín). En esta entrevista nos habla sobre las claves de estos repertorios, su labor al frente de diversas orquestas internacionales y su doble trayectoria como flautista y director.
Ocupas el cargo de director en orquestas de Australia, Estados Unidos y Reino Unido. ¿Cómo compaginas estas funciones con tu intenso calendario de compromisos internacionales?
Ahora mismo soy Chief Conductor de la Melbourne Symphony, Music Director de Los Angeles Chamber Orchestra y principal director invitado de la BBC National Orchestra of Wales. Compaginar todo esto es una alegría, especialmente por la variedad de repertorio.
En la Sydney Symphony, donde paso más tiempo, exploro a los grandes nombres como Strauss o Mahler, y ahora estamos grabando sinfonías de Dvorák. En cambio, Los Angeles Chamber Orchestra me permite explorar un repertorio muy distinto. Es una orquesta no permanente con la que hago unas 5 o 6 semanas al año. Con ellos he trabajado repertorio de cámara, desde el Stabat Mater de Pergolesi hasta sinfonías de Mozart y Haydn, y la próxima temporada haré el Oratorio de Navidad de Bach. Esta combinación entre orquesta sinfónica y de cámara es un privilegio que valoro mucho.
Los Ángeles y Melbourne no están cerca, y ahí entra la BBC National Orchestra of Wales (BBC NOW). Ahora mismo estoy respondiendo desde Cardiff, donde puedo venir en tren desde Londres. Con ellos hago unas tres o cuatro semanas al año; es una orquesta a la que adoro y con la que me siento como en casa.
Precisamente con la BBC NOW regresarás al ciclo Ibermúsica los próximos 28 y 29 de abril. ¿Qué relación mantienes con esta formación, y que repertorios has ofrecido junto a ella hasta la fecha?
Con esta orquesta he estado explorando una gran cantidad de repertorio desde que comencé a trabajar con ellos, antes de la pandemia. Mi primer concierto fue solo con obras de Beethoven. Desde entonces, una de las partes más importantes de esta relación ha sido participar cada año en los BBC Proms. Hasta ahora he hecho dos con ellos: en el primero interpretamos Los planetas de Holst junto con música de Grace Williams; en el segundo hicimos Romeo y Julieta de Prokófiev.
Si hablamos del repertorio, además de lo mencionado en los Proms, hace unos meses hicimos un concierto en el que incluimos La voz humana de Poulenc. También hemos interpretado sinfonías de Brahms, Haydn y Bruckner, y he grabado dos discos con ellos: uno con el Concierto para violín de Grace Williams y otro con un estreno, un concierto para trompa de Gavin Higgins.
La última vez que visitaste la programación de Ibermúsica fue en 2018 junto a la London Symphony Orchestra. Considerando que fue en 2013 cuando te centraste plenamente en la dirección, ¿cómo dirías que ha evolucionado desde entonces tu comprensión o tu relación con el oficio?
Llevo ya casi 15 años dirigiendo; me considero casi un director joven en un cuerpo no tan joven, pero la verdad es que ha sido un viaje increíble. Durante mi etapa como flautista de orquesta siempre tuve mucha curiosidad por los directores que pasaban por las distintas orquestas en las que he tocado. Casi toda mi vida profesional ha sido en Londres, y un día de ensayo con la London Philharmonic miré a mis colegas y pensé: ‘Es increíble: somos los mismos, en el mismo sitio, en la misma sala donde estuvimos haciendo un concierto con un director, y hoy, con otro distinto, la orquesta suena completamente diferente. ¿Por qué?’
Esa es una pregunta que siempre me ha intrigado. Muchas veces no es solo por lo que el director o directora diga en ese momento sino, más bien, lo que transmite la persona que tienes delante: hay directores que generan crispación y quienes aportan relajación; algunos invitan a explorar, mientras que otros prefieren la seguridad.
Musicalmente imagino que soy parecido a lo que era hace 15 años, pero con el tiempo encuentras formas distintas de expresar tus ideas con la orquesta. La parte psicológica de la relación entre director y orquesta es muy importante, y quiero pensar que, con la experiencia, todo esto se vuelve más natural.

Los dos programas que ofrecerás con la BBC NOW contienen repertorios bastante diversos en energía y carácter: Chopin y música de Reino Unido por un lado, Saint-Saëns y Bruckner por otro. ¿Qué puedes contarnos de cada uno de ellos?
En la primera parte de cada concierto incluimos Sea Sketches de Grace Williams, que es una compositora galesa fantástica y casi desconocida. En esta obra, escrita en 1944, me encanta ver cómo crea viñetas sobre el mar y la vida en Gales. Hemos pensado que es adecuado, mientras hacemos una gira con la BBC NOW en España, traer una obra que represente a músicos de esta nación. Por otro lado, en esta gira tenemos dos segundas partes. En una hay música británica, con las Variaciones Enigma de Elgar, y en la otra la Sinfonía núm. 4 de Bruckner.
En cuanto a los conciertos con solista, en uno tenemos el Concierto para piano núm. 1 de Chopin con Martín García García. Es un pianista español que descubrí por su participación en el Concurso Chopin, y recuerdo que tras esto hablé con Ibermúsica para indicar que deberíamos hacer algo con él. Esta gira va a ser, por fin, el momento.
En el otro tenemos el Concierto para violín núm. 3 de Saint-Saëns con Akiko Suwanai. Es una obra que hicimos hace varios meses, en una gira en Hungría con ella y la Budapest Festival Orchestra. Es un repertorio con el que nos sentimos muy cómodos y tengo muchas ganas de reencontrarme con ella.
A la hora de trabajar estas obras concertantes y comunicarte con los solistas, ¿tienes presente la experiencia acumulada en tu larga carrera como flautista?
Por supuesto. Haber tenido la oportunidad de tocar en una orquesta y de formar parte de su funcionamiento interno es fundamental. Los músicos de orquesta tienen que tener un ‘radar’ muy bien afinado, y para acompañar a un solista ocurre lo mismo.
Cuando afrontamos una obra con solista, siempre me viene a la mente el famoso discurso de Bernstein sobre el Concierto para piano núm. 1 de Brahms en el Carnegie Hall, en el que se preguntaba si quien mandaba era el solista o el director. Como dijo Bernstein, y como yo también creo, se trata de una colaboración.
Para un solista acostumbrado a interpretar una obra de una determinada manera, puede ser muy enriquecedor encontrarse con directores y orquestas que aportan matices distintos. Mi trabajo es servir al solista y a la música de la mejor manera posible, e intento que se sienta cómodo y satisfecho desde el primer ensayo. Es, sin duda, una de las facetas que más me atraen: compartir escenario con otro artista y crear música juntos.

Durante la temporada pasada ofreciste conciertos junto a importantes orquestas españolas en Barcelona, Madrid, Asturias o Castilla y León. ¿Qué valoración haces del panorama sinfónico español en relación con tu experiencia al frente de orquestas de todo el mundo?
La música en España está en un gran momento, con un número de orquestas y una calidad increíble. Cuando yo era estudiante era algo que resultaba impensable. Creo que uno de los momentos clave fue la creación de la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), de la que fui miembro fundador y donde comenzó mi andadura. En aquella época todavía había pocas orquestas profesionales en el país, y formar parte de esta agrupación animaba a los jóvenes músicos a explorar. Muchos nos fuimos a estudiar fuera; yo me fui a Holanda y allí conocí a Rachel, mi mujer —de hecho, nos conocimos en la hoy llamada Orquesta de Jóvenes de la Unión Europea (EUYO)—.
Precisamente sobre la EUYO me gustaría hacer un comentario. Formé parte de ella en 1987 y mi primer concierto tuvo lugar en la Filarmónica de Berlín, con Claudio Abbado dirigiendo los Gurre-Lieder de Schoenberg. Los solistas eran impresionantes: Jessye Norman, Brigitte Fassbaender, John Gray, Philip Langridge… Para alguien de 22 años, estar allí con Abbado fue increíble. En ese momento éramos solo cuatro españoles en la orquesta, porque la mayoría de los músicos eran británicos, alemanes, italianos o franceses. Hoy, en cambio, el número de instrumentistas españoles en la EUYO o en la Mahler Youth Orchestra es altísimo. España es, con diferencia, el país que más músicos aporta (el año pasado, hubo más de veinticinco españoles en la EUYO). Esto es un claro indicador del nivel musical en España.
Una señal de tu buena relación con el tejido musical español fue la concesión del Premio Nacional de Música en 2022. Para una trayectoria consolidada, tanto en el ámbito interpretativo como en el de la dirección, ¿qué significado comporta recibir este tipo de reconocimientos?
Recibir el Premio Nacional de Música en 2022 fue una sorpresa y una alegría. Pero la verdad es que, en la práctica, no cambia casi nada. Con premios o sin ellos, uno sigue adelante y trabajando. Lo que sí aportan reconocimientos como este es motivación: animan, dan energía y son una alegría.
Una de las razones por las que se te otorgó este premio fue el impulso a jóvenes generaciones y la labor pedagógica, que han ocupado una parte importante de tu trabajo. ¿Cuál ha sido tu experiencia como intérprete y director de formaciones jóvenes?
Trabajar con orquestas de jóvenes es de lo que más satisfacción me da. Con ellas puedes descubrir obras grandes por primera vez. Es emocionante ver cómo los jóvenes descubren lo que significa estar en una orquesta: aprendes que lo importante no es solo tocar bien tu parte, sino entender lo que hacen los demás. Las orquestas de jóvenes son una de las herramientas más importantes para acercarse a la profesión. En mi caso, en la JONDE y la EUYO fue donde más aprendí. Nunca olvidaré un ensayo con la Orquesta de la Comunidad Europea en el que nos dijeron: ‘No esperéis a que alguien os inspire, tenéis que inspirar vosotros también’. Esto es clave para trabajar en grupo.
En estas orquestas tienes energía, ilusión y juventud. Juntas a mucho talento durante unas semanas, y de allí surgen grupos de cámara, amistades y relaciones que duran siempre. Además, en ellas he conocido a los directores más importantes de mi vida en orquestas de jóvenes: en la JONDE trabajé con Edmon Colomer; con la Orquesta de la Unión Europea trabajé con Abbado, y luego hice una gira con Mehta y Ravi Shankar como solista. En esa época ya estudiaba en La Haya y empecé también dirección de orquesta. Después de trabajar con Abbado y Mehta me pregunté si mi nivel era suficiente para seguir en ese entorno, y pensé que si me dedicaba a la dirección quizá perdería esas oportunidades.
Dejé a un lado la dirección porque como intérprete estaba disfrutando mucho trabajando con grandes directores. No cambiaría esa experiencia por nada. Fui primer flauta en la Royal Philharmonic con Gatti y en la Academy of St Martin in the Fields, donde conocí a Neville Marriner, que me animó a dirigir. Durante 17 años fui primer flauta de la Chamber Orchestra of Europe, y trabajé y aprendí mucho con Abbado y Harnoncourt. Luego fui primer flauta de la London Philharmonic, con Jurowski y Nézet-Séguin como principales. Finalmente, todo este bagaje me llevó a la dirección.
En los archivos de Melómano se encuentra una entrevista que concediste hace casi 30 años, cuando eras una ‘promesa cumplida’ que acababa de iniciar su andadura como flauta principal de la Royal Philharmonic. ¿Qué consejos le daría el Jaime Martín de ahora al de aquellos años?
Al Jaime de hace 30 años le diría que no deje nunca de explorar. Nunca dejes de buscar los límites y no tengas miedo a cambiar de opinión. Creo que he seguido estas líneas, es muy importante poder ser libre para cambiar de opinión.
Aparte de esto, recuerdo un consejo que me dio alguien: ‘Trabajo, trabajo, trabajo’. Y es verdad. En una entrevista a Camilo José Cela le preguntaron: ‘Señor Cela, ¿usted cree en la inspiración?’. Y él contestó: ‘Sí creo en la inspiración, pero prefiero que me aparezca mientras estoy escribiendo’.









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