De referente del violonchelo historicista con La Ritirata a director en plena proyección, Josetxu Obregón consolida una nueva etapa al frente del podio. En paralelo, asume por primera vez la dirección artística del Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid (FIAS), donde imprime un sello propio y reivindica la madurez de la interpretación histórica española.
Por Susana Castro
Has construido durante años proyectos muy personales al frente de La Ritirata. ¿Cómo ha sido el tránsito hacia una identidad más explícita como director de orquesta?
Sobre todo ha sido muy progresivo. A lo largo de los años iban surgiendo cada vez más proyectos con mayor cantidad de músicos. Siempre he estado muy contento y orgulloso de poder liderar cualquier formación desde el violonchelo; cuando todo va bien es maravilloso. En muchas producciones pensaba que el director sobraba, pero cuando estás de gira, llegas a una sala nueva con una acústica diferente, hay muchas entradas, alguien se pierde, etc., que haya una figura de director en el centro es extremadamente conveniente. Era el máximo defensor de hacer la música sin director y, para muchas situaciones, es perfecto, pero evidentemente tiene sus ventajas.
¿Ha habido un momento concreto en que sentiste que ese paso era irreversible?
Sí, concretamente en un concierto que ofrecimos en la Catedral de Varaždi (Croacia), en 2016. Era el concierto de clausura de un festival de música antigua que se celebra allí y lo grababa la televisión nacional del país. Interpretábamos las óperas cervantinas de Antonio Caldara y éramos muchos músicos, en un espacio con una acústica muy difícil. El concierto salió muy bien, pero recuerdo estar pensando que era un proyecto demasiado grande y complejo para dirigir desde el violonchelo: teníamos una colocación muy rara y los músicos no me veían bien. Ahí pensé que lo adecuado hubiera sido dirigir desde el centro. Fue la primera vez que lo pensé.
Boccherini ha sido una de tus grandes señas de identidad con La Ritirata. ¿Cómo cambia tu aproximación a su música cuando pasas del atril del violonchelo a la dirección?
Lo primero que me pasa es que me da un poco de pena no tocar las partes del violoncelo, que son preciosas. Tengo un duelo conmigo mismo. El pasado mes de enero ofrecimos un concierto homenaje en el Teatro Arriaga de Bilbao a Arriaga. Para situarlo en su contexto histórico interpretamos dos sinfonías de Boccherini y había unos solos de violonchelo maravillosos. Me encantó hacerlo desde el punto de vista del director, pero me dio mucha pena no tocar. Aunque, evidentemente, me gusta mucho escucharlos desde fuera, ver cómo funcionan, el balance, etc. Este nuevo rol me permite abordar una música de Boccherini que había hecho menos. Hasta ahora siempre había interpretado su música de cámara —tríos, cuartetos, quintetos—, sus sonatas para violonchelo y conciertos, pero las sinfonías las había hecho menos porque son muy grandes, con mucho viento, y no era abarcable. Sin embargo, es la música que estoy haciendo más ahora. Es música maravillosa. Boccherini tenía un nivel altísimo.
Vienes de dirigir en Wrocław (Polonia) un programa con Arriaga y Boccherini. ¿Percibes un interés creciente por la música antigua española fuera de nuestras fronteras?
Creo que sí, el interés es cada vez mayor. Sin embargo, me llamó la atención que en Polonia nadie sabía quién era Arriaga, cuando para nosotros es una referencia. Igual en mi caso, por ser bilbaíno, más, pero en España se le considera toda una personalidad del primer Romanticismo. La gente alucinaba. No entendían cómo no les habían llegado hasta ahora sus cuartetos, que son de una calidad extraordinaria. El festival de Polonia estaba dedicado íntegramente a la música española y ha sido estupendo llevar estas músicas allí, aunque todavía hay mucho por descubrir. Hay que seguir trabajando en ello.
¿Qué crees que llama más la atención de este repertorio al público europeo?
Sobre todo los ritmos, su viveza. Por ejemplo, al abordar Boccherini se sorprenden mucho con el ritmo del fandango. No les llama tanto la atención el alto nivel musical, que es evidente, sino la parte más cercana al folclore y a la música tradicional española, algo que siempre está muy presente en Boccherini, ya que bebe mucho de los sonidos de su entorno.
En diciembre dirigiste Bach en el ciclo Satélites de la Orquesta y Coro Nacionales de España, con cantatas tempranas. ¿Qué supone enfrentarse a Bach desde la dirección después de haberlo vivido tan intensamente como instrumentista?
He hecho muchísima música de Bach desde el violonchelo, y también mucha música de cámara, pero no era viable abordar sus grandes obras orquestales. Ahora estoy muy centrado en ello. Me gusta demostrar que los músicos españoles podemos hacer música de Haendel o Bach con una muy buena calidad. Me encanta hacer música de los grandes de la historia. En este caso había un aria con violonchelo piccolo obligado que sí interpreté yo. Ya lo hacía con el oratorio Il Giardino di Rose, de Scarlatti, que también tenía un aria preciosa. Llegado ese momento, abandonaba esa posición central y me sentaba al instrumento. La calidad de las obras de Bach es inconmensurable y poder dirigir sus obras es fantástico.
Tu trayectoria está profundamente ligada a la interpretación históricamente informada. ¿Cómo dialoga ese enfoque con el trabajo al frente de orquestas modernas?
Cada vez hay más interés por parte de todo tipo de instrumentistas en la interpretación históricamente informada. Cuando llega un especialista a trabajar este repertorio, todo el mundo está interesado en aprender cómo lo hacemos, qué diferencias hay, etc. Es algo muy constructivo, y me pasa sobre todo con cantantes. Es muy interesante trabajar con ellos para encontrar el punto en el que estén cómodos con su técnica, pero se adecúen al estilo. En el caso concreto de la OCNE fue genial: todos los músicos estaban muy interesados y muchos de ellos ya eran bastante afines a estos repertorios. Todos querían realizar un trabajo que fuera lo más parecido posible a un sonido que estilísticamente estuviera acorde con la música de Bach. La experiencia fue estupenda.
¿Dónde están los puntos de fricción y dónde los de enriquecimiento mutuo?
Todo depende de la flexibilidad que tengamos unos y otros. En la medida en que uno es flexible y tiene una mentalidad abierta, todo son ventajas y puntos a favor para aprender unos de otros y obtener la mejor manera de hacerlo. Alguna vez puedes encontrarte con gente que entiende su manera de tocar como la única posible y que lo que hacemos con la música antigua le parece menos interesante… Si alguien no tiene interés, no hay más que hacer.
Has dirigido repertorio escénico como Il Giardino di Rose, de Scarlatti, o las óperas de Caldara y Charpentier. ¿Qué te atrae del teatro musical barroco como director? ¿Te interesa desarrollar más este perfil operístico?
Me interesa mucho. Aquí el director es absolutamente ineludible. Cuando hay escena, la complicación aumenta muchísimo y puede haber muchos momentos en los que el director deba demostrar que su trabajo tiene sentido. Me han encantado las propuestas escénicas que he podido realizar hasta la fecha, como por ejemplo Scipione nelle Spagne, de Scarlatti, que se interpretó en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial y fue una experiencia estupenda.
Este año te encargas de la Dirección Artística del Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid. Ahí tu labor no es solo musical, sino también curatorial. ¿Cómo construyes un relato de programación?
El nombramiento fue sorpresivo, no me lo esperaba, y me hizo muchísima ilusión. Ha sido maravilloso ponerme en esta posición. Siempre he sido el músico que manda propuestas a los programadores y ser el programador que recibe las propuestas de los músicos me ha resultado muy interesante.
El FIAS es un festival maravilloso que se desarrolla en torno a la Semana Santa. En la propuesta que me hicieron se había decidido dar un cambio de rumbo, incluyendo una figura internacional con carta blanca, en este caso William Christie con Les Arts Florissants, que asumen tres conciertos, y había toda una programación por desarrollar de artistas españoles, también entendida como una carta blanca alrededor de mí. Así, se han programado grupos con los que he trabajado o conozco mucho.
Además, estoy muy contento porque voy a dirigir la Pasión según San Juan los días 5 y 6 de abril. La he hecho muchísimas veces desde el violonchelo y ahora me hace especial ilusión hacerla desde el rol de director. Será con el Coro de la Comunidad de Madrid, tanto en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial como en la Capilla Real de Madrid.
¿Qué responsabilidad sientes al articular un discurso sobre la música sacra hoy?
Hemos querido centrarlo mucho en el repertorio barroco y la mayoría de lo que se va a escuchar es música sacra, ya que casi todo lo que se componía en ese momento giraba en torno a ello. Hay programas que se pueden entender más desde el punto de vista de la espiritualidad, pero cuando hacemos música antigua tenemos que interpretar necesariamente misas, pasiones, cantatas religiosas, etc.
La figura de Bach nos ha servido de hilo conductor. Como te decía antes, he querido que la programación del festival también evidenciara que los grupos españoles pueden hacer estas músicas igual de bien, o mejor, que los grupos extranjeros. Tenemos que quitarnos ese miedo y, desde mi posición tanto de intérprete como de director de festival, quiero que se sepa que España tiene una cantera de músicos de interpretación histórica absolutamente brutal, que pueden abarcar cualquier repertorio.
Tu formación y carrera como violonchelista te han dado una visión muy orgánica del trabajo colectivo. ¿Qué tipo de liderazgo ejerces ahora desde la dirección?
Lo más importante como director es escuchar. Cuando he trabajado con otros directores no me ha gustado que llegasen pensando que tenían la verdad absoluta y que todo el mundo les tiene que hacer caso. Lo mejor que puedes hacer desde la posición del director es actuar en función de lo que estás escuchando, sobre todo porque los músicos tienen muchas cosas maravillosas que aportar. Tú llegas con tu idea sobre cómo debe sonar la pieza, pero al armarla te encuentras con cómo suena realmente y debes trabajar para lograr un objetivo que funcione.
Ya pasó a otra época la figura del director tirano o dictador. Hay que hacer música de cámara, aunque sea una formación grande. Evidentemente hay muchas decisiones que dependen de ti, pero desde la escucha se mejora el resultado final.
Has sido profesor durante quince años en el Real Conservatorio Superior de Madrid. ¿Influye tu vocación pedagógica en tu manera de ensayar y construir el sonido de una orquesta?
Creo que sí. Siempre tengo esa vocación de ver cómo afrontar algo que se puede enseñar o ayudar a entender mejor desde una manera constructiva y de buen rollo. Tengo que reconocer que dar clase de violonchelo nunca me encantó; fue una etapa grande de mi vida que coincidió con el tiempo en que colaboré con otros grupos, como L’Arpeggiata.
A raíz de la pandemia decidí que con La Ritirata las cosas iban muy bien y que debía dedicarme por completo a ello, dejando las clases y otros grupos a un lado. Ahora tengo más ganas de dar clase cuando me invitan a hacer magistrales, como ha sucedido ahora en Polonia. Lo cojo con más ganas que cuando tenía que estar todo el año dando clase.
Pero evidentemente ha quedado un poso de todo ello, sobre todo cuando me pongo al frente de una formación que me recibe como especialista en este repertorio y tengo que aportarles todo el conocimiento posible.
Mirando a los próximos meses, ¿cuál es tu ambición artística como director? ¿Te ves ampliando repertorio hacia otros territorios o profundizando aún más en el Barroco y el Clasicismo?
Yo me veo profundizando, y mucho, en el Barroco, el Clasicismo e incluso primer Romanticismo, que es mi mundo y donde creo que puedo aportar muchísimo. El interés de tenerme a mí dirigiendo es ese.
A diferencia de muchos colegas míos, sí he hecho otras músicas. He tocado muchísima contemporánea y me siento muy cómodo en esos repertorios, pero siendo honesto conmigo mismo, donde más puedo aportar es en la interpretación histórica del Barroco y del Clasicismo.
La capacidad de ampliar repertorio es bestial, tanto conocido como en lo que queda por conocer. Es algo interminable, no creo que nunca se me pueda quedar pequeño.










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