Desde su creación en 1953, ABAO Bilbao Opera ha construido una trayectoria estrechamente vinculada a la vida cultural de Bilbao y Euskadi. En su 75.ª temporada, su presidente, Juan Carlos Matellanes, repasa una historia marcada por la consolidación de una temporada estable, grandes proyectos y una creciente apertura a nuevos públicos, al tiempo que analiza el papel que debe desempeñar hoy una institución operística.
Por Julio Alonso
ABAO Bilbao Opera inicia un trienio conmemorativo para celebrar la 75.ª temporada de ópera en Bilbao y los 75 años de la Asociación ¿Qué significa para ti llegar a este momento de la historia de ABAO y cómo va a celebrarse ese aniversario?
Para mí es un motivo de enorme orgullo y también de profunda responsabilidad. Cuando uno repasa 75 años de historia, comprende que ABAO Bilbao Opera es mucho más que una asociación cultural: es el resultado del esfuerzo, la ilusión y la generosidad de miles de personas que han dedicado su tiempo, su apoyo y su pasión a la ópera. Me siento especialmente agradecido por poder formar parte de esta etapa y contribuir a preservar ese legado.
Este doble aniversario nos invita a mirar atrás con satisfacción, pero sobre todo a mirar hacia adelante. Por eso hemos diseñado un trienio conmemorativo que combinará grandes propuestas artísticas, actividades culturales y actos institucionales. Queremos celebrar lo que hemos construido juntos y, al mismo tiempo, reafirmar nuestro compromiso con el futuro de la ópera en Bilbao y en Euskadi
En 1953, la recién constituida Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera puso en marcha el primer Festival de Ópera. ¿Qué circunstancias hicieron posible aquel proyecto y qué crees que permanece hoy del espíritu con el que nació ABAO?
Ese año confluyeron la iniciativa de un grupo de aficionados comprometidos, una ciudad con una intensa vida cultural y la voluntad de impulsar un proyecto ambicioso. Aquella Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera nació desde la sociedad civil y con una gran capacidad de movilización.
Lo más valioso es que ese espíritu sigue vigente: la pasión por la ópera, el compromiso con la excelencia artística y la convicción de que la cultura es un elemento esencial para el desarrollo de la sociedad.
La historia de ABAO está marcada por algunos hitos muy significativos: la creación de una temporada estable en 1990, el traslado del Coliseo Albia al Palacio Euskalduna o la función número 1000 en 2018. ¿Qué momentos consideras especialmente decisivos en la consolidación de ABAO como una de las instituciones operísticas de referencia en España?
Todos los hitos que mencionas han sido decisivos. La consolidación de una temporada estable en 1990 aportó continuidad y proyección; el traslado al Palacio Euskalduna permitió un salto cualitativo en los aspectos artísticos y técnicos; y alcanzar la función número 1000 simbolizó la solidez de una trayectoria excepcional. Pero, más allá de fechas concretas, destacaría la capacidad de ABAO para crecer sin perder su identidad y para mantener una actividad ininterrumpida durante décadas, convirtiéndose en una referencia operística dentro y fuera de España.
Entre los proyectos desarrollados en las últimas décadas destaca Tutto Verdi, que se inició en 2006 y culminó en 2022 con Alzira. ¿Qué supuso para ABAO abordar una iniciativa que permitió mostrar la producción operística completa de Verdi?
Tutto Verdi ha sido uno de los proyectos más ambiciosos y singulares de nuestra historia. Entre 2006 y 2022 permitió representar la totalidad de las óperas de Giuseppe Verdi, algo extraordinariamente infrecuente a nivel internacional. Además de su dimensión artística, generó una intensa actividad cultural con publicaciones, conferencias, exposiciones, grabaciones y colaboraciones con instituciones académicas y culturales. Fue una forma de profundizar en el universo verdiano y de proyectar internacionalmente la imagen de ABAO Bilbao Opera y de la ciudad de Bilbao.
El modelo de ABAO se ha construido sobre la implicación de sus socios, junto con el respaldo de las instituciones públicas y la colaboración de empresas y fundaciones. ¿Cómo se ha mantenido ese modelo durante 75 temporadas y cuáles son hoy sus principales desafíos para garantizar la continuidad de una programación lírica de estas características?
Creo que la clave ha sido la confianza. Durante 75 temporadas hemos contado con una comunidad de socios extraordinariamente fiel, con el apoyo de instituciones públicas y con empresas y fundaciones que han entendido el valor cultural y social de nuestro proyecto. ABAO Bilbao Opera ha sabido generar un sentimiento de pertenencia que va mucho más allá de asistir a una representación de ópera.
Dicho esto, no podemos vivir únicamente de nuestra historia. El gran desafío es garantizar la sostenibilidad de un proyecto artístico de máxima exigencia en un contexto cada vez más complejo. Tenemos que seguir atrayendo nuevos públicos, especialmente a las generaciones más jóvenes, fortalecer nuestras fuentes de financiación y mantener unos niveles de calidad que el público identifica con ABAO. Son retos importantes, pero también una oportunidad para seguir evolucionando sin perder nuestra esencia.
Centrándonos en lo más inmediato, el próximo 17 de octubre se inicia la 75.ª temporada que lleva por lema ‘Ópera con carácter’ y comienza con La traviata, una ópera que figuraba también la programación del festival de ópera de Bilbao de 1953, que marca los inicios de ABAO. ¿Qué idea subyace en la programación de esta temporada?
El lema ‘Ópera con carácter’ refleja muy bien la personalidad de esta temporada y de la propia ABAO Bilbao Opera. Hemos construido una programación en torno a grandes personajes y grandes emociones, con cinco títulos que ofrecen distintas formas de entender el amor, el poder, la libertad, el sacrificio y el destino. La presencia de La traviata tiene además un significado simbólico especial, ya que conecta directamente con los orígenes de nuestra historia y establece un puente entre 1953 y el presente.
Esta temporada acoge el estreno de una nueva producción propia (Die Walküre) y dos coproducciones (Roberto Devereux y Manon Lescaut). ¿Qué papel desempeña actualmente la producción propia y la coproducción en la identidad artística de ABAO y qué buscan cuando encargan o desarrollan una nueva propuesta escénica?
La producción propia y la coproducción son hoy herramientas fundamentales para una institución como la nuestra. Nos permiten desarrollar una identidad artística reconocible, optimizar recursos y establecer alianzas con otros teatros y entidades. Cuando impulsamos una nueva producción buscamos, ante todo, una propuesta que respete la esencia de la obra y que, al mismo tiempo, dialogue con la sensibilidad contemporánea. Nos interesa ofrecer lecturas escénicas sólidas, atractivas y capaces de enriquecer la experiencia del espectador.
La temporada reúne también importantes nombres internacionales y tiene uno de sus momentos singulares en el recital que protagonizará Asmik Grigorian titulado ‘Ocho velos‘ y concebido como un recorrido por ocho grandes heroínas de la ópera. ¿Qué importancia tiene para ABAO contar con artistas de esta dimensión y ofrecer propuestas que permitan presentar la ópera desde perspectivas diferentes?
Contar con artistas de la dimensión de Asmik Grigorian o con algunas de las grandes voces internacionales presentes esta temporada es un elemento esencial para mantener los estándares de calidad que nos caracterizan. Al mismo tiempo, propuestas como ‘Ocho velos‘ nos permiten acercarnos a la ópera desde perspectivas diferentes y mostrar la riqueza expresiva del género. La combinación entre grandes títulos, grandes intérpretes y formatos innovadores es una de las claves para mantener viva la conexión con el público.
La actividad de ABAO trasciende la programación de la temporada general. ABAO Txiki alcanza ya su vigésimo segunda edición y la asociación desarrolla iniciativas como ABAO Accesible, el programa didáctico, El ABC de la Ópera, Ópera y + o Gazteam ABAO. ¿Hasta qué punto considera que acercar la ópera a nuevos públicos forma parte de la responsabilidad de una institución como ABAO?
Es una responsabilidad fundamental. Una institución cultural no puede limitarse a programar espectáculos; debe contribuir también a formar públicos, eliminar barreras y ampliar el acceso a la cultura. Iniciativas como ABAO Txiki, ABAO Accesible, Gazteam ABAO, los programas didácticos o las actividades divulgativas responden precisamente a ese objetivo. Queremos que cualquier persona, independientemente de su edad o experiencia previa, pueda descubrir y disfrutar la ópera.
Tras este trienio conmemorativo, ¿qué ABAO le gustaría encontrar cuando llegue el momento de celebrar los próximos aniversarios?
Me gustaría encontrar una asociación fiel a sus valores, que siga siendo reconocible para quienes la han acompañado durante décadas y, al mismo tiempo, sorprendente para quienes se acerquen a ella por primera vez. Una institución sólida, abierta, innovadora y plenamente integrada en la vida cultural de nuestra sociedad.
Sobre todo, me gustaría comprobar que hemos sido capaces de consolidar una institución económicamente sostenible, artísticamente relevante y capaz de seguir incorporando nuevas generaciones de aficionados que sientan la ópera como algo cercano y accesible.
Los aniversarios tienen sentido cuando no sólo celebran el pasado, sino cuando demuestran que un proyecto sigue siendo necesario. Si dentro de unos años vemos una ABAO Bilbao Opera más fuerte, más diversa y con la misma pasión que la impulsó en 1953, podremos decir que hemos cumplido con nuestra responsabilidad hacia quienes nos precedieron y hacia quienes tomen el relevo en el futuro.







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