Tras ganar el Concurso de Canto de Juventudes Musicales y participar en el programa Crescendo del Teatro Real, Rafael Quirant se encuentra consolidando una trayectoria en la que busca demostrar las posibilidades de su voz en todo tipo de registros. Así lo demuestra su reciente debut en Perú con la ópera barroca La púrpura de la rosa, o su intervención como Cherubino en Las bodas de Fígaro para inaugurar este mes de octubre la programación de Ópera de Tenerife.
Por Manuel Pacheco
El descubrimiento de las posibilidades y expresividad de la voz es quizá más tardío que el de otro instrumento musical. Como sopranista, ¿cómo se produce la toma de consciencia de tu registro y el interés por explorarlo?
Desde muy pequeño cantaba en una coral infantil, y cuando mis compañeros empezaron a cambiar la voz con doce o trece años yo seguía cantando igual. Si hablamos de la exploración de la voz, en mi caso ha ido paralela a la forma en que se me ha ido desarrollando, ha ocurrido todo de manera natural.
¿Qué referentes has tenido a la hora de dar forma y educar tu voz?
Mi bisabuela fue la soprano Carmen Tur. En mi familia siempre escuchaba hablar de ella como una especie de leyenda, pero era un tema tabú. Con los años fui viendo su relevancia y descubrí que se conservan bastantes más cosas de las que sabíamos, entre ellas partituras y casi una treintena de fotografías. Me he criado en el mismo pueblo en el que ella vivió, y la gente de allí me decía: ‘canta como su bisabuela’.
Por otro lado, cuando aún no tenía nociones de canto pero me gustaba la ópera, escuchaba al principio a Montserrat Caballé porque me gustaba mucho la ductilidad de su voz, su naturalidad. Con los años, mi preferida acabó siendo Maria Callas. Y en cuanto a los profesores, hay dos figuras muy importantes: Ofelia Sala, mi profesora en el Conservatorio de Valencia, y Xavier Sabata, que me ayudó a saber por dónde tenía que ir y que sigue siendo una persona a la que pregunto muchas cosas.
¿Puedes explicar a nuestros lectores en qué se diferencia la vocalidad de sopranista de la del contratenor?
La pura realidad es que cuando lees un tratado de canto, te dice que el contratenor es la cuerda masculina que emula la voz femenina, o sea que ahí dentro estaríamos todos. Pero dentro de este estándar habría sopranistas, mezzosopranistas y contraaltistas. En mi caso, como en el de Bruno de Sá o Samuel Marino, somos sopranistas porque los roles que podemos cantar son más agudos, porque nuestra tesitura se corresponde con la de una soprano.
Viéndolo cinco años más tarde, ¿qué supuso para tu trayectoria ganar el Concurso de Canto de Juventudes Musicales en 2021?
Llegó en el momento en que estaba finalizando mis estudios y necesitaba cantar y hacer cosas, así que las oportunidades que me dio fueron cruciales. Pude recorrer casi toda España con el premio, hice conciertos con la Orquesta RTVE que luego se retransmitieron, he hecho programas de radio, canté en la Fundación Juan March…
Además, pude cantar en lugares en los que quizá no se suelen hacer conciertos. Estuve en la plataforma MusaE, a través de la cual actué en el Museo del Traje, el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias ‘González Martí’. Fue un gran empuje para mi carrera, porque al estar aún terminando los estudios no estaba lo maduro que puedo estar ahora, así que me sirvió para coger tablas en el escenario y rodar repertorio. Me ayudó a curtirme como artista.
Has participado en la edición 2026 del programa Crescendo del Teatro Real.
¿Cómo valoras tu paso por esta plataforma?
Estoy muy agradecido al programa y la Fundación Amigos del Teatro Real, porque
sé que se hace un gran esfuerzo. Me decían que era el primer contratenor en el
programa, pero haría la puntualización de que soy el primer contratenor sopranista que
ha entrado en Crescendo. Me han tratado muy bien y me han cuidado mucho. Me han propuesto un proyecto en cuanto hemos terminado y me han dado oportunidades, como cantar en la Sala Principal del Teatro Real.
Recomiendo a toda la gente interesada que intente acceder, porque te hace estar en el punto de mira y te da la oportunidad de trabajar con figuras como Saioa Hernández, Francesco Pio Galasso, Sabina Puértolas, Jacques Imbrailo o Ketevan Kemoklidze.
Pasando ya al ámbito profesional, ¿de dónde proviene tu interés y especialización en el ámbito barroco? ¿Se trata de una mejor adecuación de la música de este periodo a tu voz, de mayor oferta laboral, de mejor aceptación de tu registro…?
Efectivamente, se nos busca mucho para todo el universo barroco. Hay un resurgir de este repertorio, del estudio y de la recuperación de la música de este periodo, de sus compositores o partituras perdidas de la época. Hay trabajos que buscan, por ejemplo, volver a poner en grandes teatros óperas que estaban escritas para castrati. Capitaneados por Farinelli, los castrati han sido los primeros divos de la ópera, no en el sentido peyorativo sino en el de ‘dioses’, y ahora hay un intento de volver a hacer hincapié en este estilo.
Dentro de los cánones vocales, a instituciones o teatros les interesa más que mi voz se sitúe en este tipo de repertorio, pero también tengo la suerte de participar en otros proyectos. Este octubre haré el Cherubino de Las bodas de Fígaro en la temporada de Ópera de Tenerife, y tengo montados otros roles de calzones —papeles masculinos escritos para ser interpretados por voces femeninas— como el Smeton de Anna Bolena o el rol titular de Tancredi de Rossini. Por el momento, creo que tengo que ganar credibilidad en el ámbito barroco para poder abordar estos papeles dentro de unos años.
En el ámbito de la ópera barroca, uno de tus compromisos recientes ha sido la interpretación en Lima de La púrpura de la rosa, primera ópera escrita y estrenada en América. ¿Cómo viviste este debut en Perú?
Ha sido un reto porque aunque el papel de Venus —que estuvo interpretado por Lucía Iglesias— figura como protagonista, lo cierto es que en la ópera barroca es habitual que haya varios personajes principales. En este caso éramos Lucía, Inés López como Marte y yo como Adonis, y los tres teníamos mucha carga de texto. El libreto es de Calderón de la Barca, y la música de Tomás de Torrejón y Velasco es muy estrófica, con muchas repeticiones para acoplar todo el texto. Había momentos en los que o estabas muy metido en la escena y en lo que se estaba desarrollando, o era muy fácil equivocarse. Ha sido difícil, pero me ha ayudado a darme cuenta de que sobre el escenario, además de cantar, también puedo llegar a ser buen actor.
Además, hubo presión añadida porque la producción se realizó dentro del OLA-Ópera Latinoamérica, lo que significa que allí se concentraron los principales responsables de los teatros latinoamericanos y también representantes españoles: del Gran Teatre del Liceu, del Teatro Real… Había personalidades ante las que teníamos que lucirnos porque representábamos el ‘producto nacional’.
Ya has mencionado tu intervención como Cherubino en Las bodas de Fígaro que inaugura la temporada de ópera en Tenerife. ¿Cómo se plantea este montaje?
El espectáculo es una coproducción que ya se vio en junio en el Liceu, con una gran tarta de merengue en el escenario, y en la que los personajes de Susana, el conde y la condesa, Fígaro y todos nosotros vamos vestidos de los dulces que componen la tarta o los ingredientes de la tarta: Susana es un paquete de azúcar de La azucarera, la condesa es un bombón de Ferrero Rocher y yo soy un Chupa Chups.
Interpretar este papel me hace mucha ilusión y lo veo como un desafío porque es la primera vez que un hombre aborda el Cherubino en un escenario español. Confío en hacer una interpretación lo más fiel posible a lo que se espera de mí, tanto por parte de la directora de escena, Marta Pazos, como del director musical, Pablo González.
Este curso también tendrá lugar tu debut en la temporada de ABAO Bilbao Opera con Manon Lescautde Puccini, un autor que sí que supone un salto con respecto al repertorio o el periodo al que estás más habituado.
Lo he buscado a fondo y aquí sí que se trata de algo histórico: es la primera vez en todo el mundo que un sopranista interpretará este número. En realidad, es un madrigal dentro de la ópera, interpreto a un paje que sale a cantar para amenizar un baile que ocurre durante el segundo acto. Pero es un momento muy delicado porque están todos los personajes principales a tu alrededor mirándote.
En cuanto a la música, es verdad que se trata de un salto muy grande, porque Manon Lescaut ya es una ópera verista, pero en realidad lo voy a plantear como si interpretase una canción o un madrigal. Es una gran oportunidad, no esperaba jamás en la vida que me llamaran para cantar un Puccini en ABAO, donde compartiré escenario con un gran elenco.
En entrevistas anteriores has indicado que en España aún se considera transgresor que un hombre interprete papeles de mujer. ¿Cuáles son los retos a los que te has enfrentado a la hora de abrirte camino en el mundo lírico?
Me gustaría que se me tomara más en consideración en este ámbito, porque mi voz está capacitada para poder abordar este tipo de papeles. Hay un poco de tabú, entiendo que directores de escena o musicales tengan cierto miedo a incluir un sopranista o contratenor porque la crítica les va a reprochar que no lo ha hecho una mezzosoprano, como históricamente se ha venido haciendo.
A mí me gustaría invitar a que se quitaran este estigma para ir un poco más allá, aunque también entiendo que hasta que yo no adquiera más credibilidad como intérprete sigue siendo algo arriesgado.
¿Hay algún autor y ópera por la que sientas debilidad, y que te gustaría llevar a escena de manera próxima?
Soy un gran enamorado de Rossini; a la hora de prepararme algo de este compositor siempre escucho las interpretaciones de Teresa Berganza y cómo ella cogía las coloraturas. Me encantaría hacer un Arsace en Semiramide, o un papel titular en Tancredi.
¿Qué otros compromisos te traerá esta temporada 2026-27?
Ahora en septiembre he estado visitando universidades de Puerto Rico y Washington para ofrecer clases magistrales centradas en canción española, que es un repertorio que genera mucho interés allí. Es una oportunidad que también proviene de Juventudes Musicales y que se ha realizado en colaboración con la embajada de España.
En febrero de 2027 tendré la suerte de interpretar un rol en Orlando Furioso de Vivaldi en el Teatre Principal de Palma de Mallorca. Allí seremos todos cantantes jóvenes, algunos conocidos, que estamos buscando posicionarnos en el mundo de la lírica, y me hace ilusión participar en un elenco así porque me sentiré arropado.
En diciembre, también en Mallorca, debutaré interpretando los números de mezzosoprano del Mesías de Haendel. Y para 2028 está confirmada mi participación en una producción de Il Giustino de Vivaldi.








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