LittleOpera Zamora acoge el 26 de julio el estreno de Hildegart, ópera de cámara de Juan Durán y Javier Mateo Hidalgo que reconstruye el crimen real de la joven prodigio asesinada por su madre en 1933. Una tragedia convertida en thriller musical con cuatro voces y doce músicos. La dirección musical estará a cargo de Lucía Marín y la dirección escénica de Alberto Trijueque. El reparto incluirá a Sandra Ferrández como Aurora y a Sonia de Munck en el papel de Hildegart, junto a Javier Franco y César Arrieta.
Por Susana Castro
Juan, en 2017 compusiste un ballet sinfónico titulado Hildegart. ¿Qué te llevó a regresar a esta historia ahora en formato de ópera de cámara? ¿Qué ha cambiado en tu enfoque musical y narrativo?
Juan Durán: En realidad fue un camino de ida y vuelta. Yo empecé una ópera sobre Hildegart en 2009, después del estreno de O arame. Las desavenencias con el libretista, que no era capaz de adaptarse a mis exigencias, me llevaron a abandonar el proyecto. Años después reutilicé aquel material para hacer el ballet al que te refieres, pero la idea de una ópera sobre este tema siempre estuvo ahí. Gran parte del material musical es el mismo, pero el resultado con las voces y la acción dramática es otro.
Javier, ¿cómo fue el proceso de transformar una historia real tan dramática y compleja en un libreto operístico? ¿Qué decisiones tomaste a la hora de adaptar los hechos al lenguaje poético y escénico?
Javier Mateo Hidalgo: Lo primero que hice fue documentarme en torno a la historia de Hildegart. Recuerdo la impresión que me produjo leer por primera vez la crónica de lo sucedido cuando era adolescente, en un suplemento dominical. Hace unos años visioné Mi hija Hildegart, adaptación cinematográfica de Fernando Fernán-Gómez en colaboración con Rafael Azcona. Durante nuestras primeras conversaciones respecto al proyecto, Juan me recomendó la lectura del libro de Carmen Domingo Mi querida hija Hildegart. Un trabajo de documentación excelente, sin duda el más completo y minucioso, que arroja toda la luz posible acerca de lo sucedido. También me pareció oportuno leer la obra de teatro sobre el tema, Yo maté a mi hija, de la misma autora. Tenía curiosidad por ver cómo se había aproximado escénicamente. La única referencia visionada a posteriori fue el film de Paula Ortiz La virgen roja (muy interesante por tratar aspectos que apenas se destacan en otros análisis). Temía que estos precedentes literarios influyeran en la escritura, por lo que traté de alejarme de ellos.
Como bien dices, el proceso de conversión a libreto operístico resultó complejo, pues había que ser lo más fiel a la historia, a los personajes, y a la vez dotar al texto de un contenido lírico y universal. Transmitir a través de los personajes aquellos sentimientos que son inherentes al ser humano, que nos hacen reflexionar y con los que cualquier espectador de diferentes épocas podría sentirse identificado. También resultó todo un reto reducir la historia a cuatro personajes, lo que la simplificaba en apariencia pero no en contenido. Para esto fueron fundamentales las conversaciones con Juan, sopesando unas y otras cuestiones. Ese trabajo codo con codo fue esclarecedor a la hora de dar forma al proyecto.
La historia de Hildegart y Aurora tiene un tono profundamente trágico, casi mitológico. ¿Cuál creéis que es su resonancia con el presente? ¿Qué preguntas lanza esta ópera al espectador de hoy?
Juan: Tristemente hay muchas madres e hijas que padecen ese tipo de relación tóxica. En Galicia tuvimos no hace mucho el caso de Asunta, que tiene muchas concomitancias con la historia de Hildegart. Las madres castradoras como Aurora existieron y existen, agazapadas muchas veces en actitudes de sobreprotección. Las preguntas que lanza esta historia a día de hoy casi son las mismas que se hicieron en el juicio a Aurora: ¿era una asesina o una paranoica? El debate está ahí, en tratar de explicarnos una historia semejante.
Javier: A pesar de haber pasado casi cien años de estos sucesos, encontramos un panorama político y social bien similar a aquel del que Hildegart y Aurora participaron. Parece casi imposible que el ser humano aprenda de sus errores. Como comenta Juan, continuamos asistiendo a noticias dantescas en las que el ser humano sigue siendo un lobo para sí mismo. La diferencia con el caso de Hildegart es que ninguna de ellas posee esa fuerza, pues esta aúna distintos componentes que la hacen magnética y atemporal: la filosofía, la política, la revolución, los celos, la posesión, dependencia, las relaciones familiares, los trastornos mentales, el ego o el fanatismo. Las tragedias shakespearianaso lorquianas siguen estando vigentes porque, como en la historia de Hildegart, parten de asuntos que pertenecen a la naturaleza humana.
La ópera está escrita para una plantilla instrumental reducida pero diversa. Juan, ¿cómo abordaste la escritura orquestal para conseguir una sonoridad rica y expresiva en el formato de cámara?
Juan: Aproveché la experiencia de O arame, que tiene la misma plantilla instrumental que Hildegart, y que, por cierto, también coincide con otras óperas de cámara que admiro, como es el caso de The Rape of Lucrece de Britten. Es una combinatoria que permite una clara definición del color tímbrico y a la vez tiene la potencia suficiente para conseguir sonoridades más densas. Me siento cómodo con ese formato.
En el libreto conviven el juicio, el delirio, los sueños y la política. Javier, ¿cómo equilibraste estos distintos planos sin perder la tensión dramática? ¿Hay alguna escena que haya sido especialmente difícil de escribir?
Javier: En efecto, había que aunar todos esos componentes en la música y en el libreto sin que eclipsaran la tensión. La idea es que fuesen a una en favor de la acción, por lo que el texto debía ser lo suficientemente poderoso como para remover al espectador. Cada una de las escenas tuvo distintas revisiones, si bien algunas surgieron de forma más natural mientras eran escritas. Tal vez aquellas que supusieron un mayor reto fueron las que suceden con madre e hija en escena. Esas conversaciones o discusiones eran fundamentales para conducir la historia hacia la tragedia.
¿Cómo fue la colaboración entre compositor y libretista? ¿Hubo un proceso conjunto desde el inicio o el texto se escribió antes de la música?
Juan: Trabajar con Javier Mateo fue, desde un principio, una felicidad. Su perfil como poeta, narrador, y sabio conocedor del arte: un doctor en Bellas Artes que además tiene estudios profesionales de música, en fin… y si además sumamos su absoluta flexibilidad para adaptarse a las necesidades del compositor, pues el resultado es óptimo para un trabajo conjunto y tan delicado a la hora de sumar ambas dimensiones: la teatral y la musical.
Javier: Trabajar con Juan Durán ha sido un auténtico lujo y un regalo, pues le admiro como músico y como persona. Cuando me propuso esta colaboración, dije que sí sin pensarlo. A lo largo del proceso, su sensibilidad y empatía fueron cruciales en el trabajo común. Juan ha hecho fácil lo que podría conllevar claras dificultades en otro contexto. Fue un trabajo conjunto, pues si bien había siempre una escritura previa de las escenas, posteriormente se ajustaban a la música, buscando su armónica convivencia.
Juan, ¿qué papel juega la voz en tu música en esta obra? ¿Cómo has caracterizado musicalmente a Hildegart y Aurora, especialmente en su conflicto?
Juan: ‘Primo le parole, poi la música’. Para mí no puede ser de otro modo: la línea del canto, la vocalidad, la inteligibilidad del texto y su adecuación a la música. Eso siempre lo primero. Nadie dudaría en clasificar a Aurora como mezzo y a Hildegart como soprano. Es de una evidencia incuestionable. De la misma forma, un barítono para el Fiscal y un tenor para el Psiquiatra. Y a partir de esos registros todo el necesario dibujo musical de cada personaje: Aurora que bascula entre registros graves y ciertas incursiones agresivas en el agudo; la claridad cristalina de la voz de soprano para Hildegart; el tono incisivo y acusatorio del Fiscal; y como contraste la dulzura de un Psiquiatra comprensivo con la acusada.
Javier, ¿hasta qué punto te interesaba retratar a Aurora como víctima de su tiempo y de sus ideas, y no solo como una figura monstruosa?
Javier: Pienso que un escritor debe evitar los personajes maniqueos, pues las identidades nunca son solo luminosas otenebrosas. Me interesan los claroscuros, las contradicciones. Se ha de empatizar con los personajes, tratar de entender sus razones para construirlos ricos en matices. Aurora puede llegar a parecer una madre monstruosa, un personaje carente de sentimientos, pero hay tras de ella como en la de cada persona unas circunstancias que la moldean, como ella dio las suyas a Hildegart.

Hildegart está concebida como un ‘thriller escénico-musical’. ¿Cómo trabajasteis la tensión narrativa para mantener al público ‘en vilo’, como si asistiera a un drama contemporáneo?
Juan: Esta historia, dado lo conocido del asunto por la amplia literatura existente y las dos películas que se hicieron, permite poder jugar con los tiempos y las situaciones de manera que el oyente no se pierda, vaya como vaya planteada la acción dramática. Sin embargo, optamos por un orden cronológico, dejando la tensión del asesinato para el final y haciendo un epílogo con Aurora, anciana, después de los veinte años que se pasó en el manicomio de Ciempozuelos.
Javier: Como dice Juan, nuestro trabajo se enfocó de manera que la tensión fuera in crescendo y, para ello, se optó por una secuencia lineal de los hechos. No solo desde los personajes de Hildegart y Aurora, sino a través del fiscal y el psiquiatra, que actúan a modo de narradores para las partes difícilmente explicables a través de la voz de las dos protagonistas.
¿Qué os gustaría que el espectador sintiera o reflexionara al salir del teatro después de ver Hildegart?
Juan: La historia de estas dos mujeres es uno de los episodios más perturbadores y trágicos de la historia reciente española, con implicaciones filosóficas, políticas y psicológicas muy profundas. Este drama nos ataca en lo más hondo de nuestro ser: plantea cuestiones fundamentales sobre maternidad, libertad, identidad, fanatismo ideológico… Nadie puede quedar indiferente ante todo esto.
Javier: Ante esas citadas cuestiones universales, el espectador no puede ni debe quedar al margen. Nuestro trabajo consiste en implicar al público, hacerle sentir partícipe de la historia.










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