
La trayectoria del director Julio César Picos está muy ligada al mundo de la zarzuela, como lo demuestran sus compromisos más recientes. Tras haber pasado por Cracovia y Basilea con títulos como La tabernera del puerto y El barberillo de Lavapiés, este mes de febrero liderará a la Joven Orquesta Nacional de España en la nueva edición del Proyecto Zarza del Teatro de la Zarzuela.
Por Manuel Pacheco
Quiero comenzar preguntándote por tu debut en la Ópera de Basilea durante los últimos meses de 2025. ¿Qué valoración haces de la experiencia en términos de producción y del trabajo con el elenco y orquesta?
La experiencia ha sido maravillosa. El planteamiento de trabajo de Christof Loy posee una gran profundidad en el análisis de cada escena y personaje, lo que se traduce en una intensa labor de ensayos: siete semanas en total. Este proceso no solo ha permitido generar un ambiente familiar con el elenco, sino que nos ha llevado a conocer la obra y la producción con una precisión milimétrica, manteniendo siempre la frescura que debe existir en una pieza como El barberillo de Lavapiés.
Respecto a la orquesta, el proceso ha seguido el cauce de otras producciones, con las lecturas y ensayos de conjunto habituales. Sobre la Orquesta Sinfónica de Basilea, puedo afirmar que posee un nivel altísimo, lo que facilita enormemente la obtención de grandes resultados; es, además, una formación de una generosidad artística tremenda. Cabe destacar, asimismo, el entusiasmo con el que han profundizado en el repertorio español.
No es la primera vez que viajas al extranjero con un montaje de zarzuela. Este mismo verano, por ejemplo, estuviste en Cracovia con La tabernera del puerto. ¿Qué acogida observas de este género tan español por parte del público internacional?
La acogida fue extraordinaria. La zarzuela es un género muy cercano al público porque aborda temáticas populares perfectamente reconocibles, a las que se suma el atractivo del folclore español. En el caso de La tabernera del puerto, hablamos de uno de los títulos más emblemáticos; si bien en Polonia ya conocían la célebre romanza del tenor, ‘No puede ser’, el público se muestra encantado de situar esa pieza dentro del contexto global de la obra y descubrir el resto de la partitura.
Pero el interés va más allá de lo puramente musical: se está realizando un gran esfuerzo por explicar la biografía y el contexto histórico de los compositores y libretistas, así como el nacimiento del género, su desarrollo y sus distintas tipologías y características propias.
Sobre tu relación con el director José Miguel Pérez-Sierra, con el que has crecido profesionalmente y al que has acompañado en el podio en estas funciones en Suiza, has señalado que compartís ‘una misma visión de la dirección orquestal’. ¿Puedes profundizar en esta idea?
Nuestra relación profesional y personal se remonta a casi veinte años. Ambos somos firmes defensores de la escuela de dirección italiana: una técnica sólida a la par que flexible, capaz de acompañar el canto y dominar tanto el fraseo como la articulación. Es una tradición estrechamente vinculada a maestros como Gianluigi Gelmetti o Gabriele Ferro. Considero esencial la capacidad de moldear el sonido, pero para lograrlo es imperativo saber escuchar y mantener una comunicación bidireccional con la orquesta, el coro y los solistas. En la escena lírica, el director no solo debe resolver imprevistos en tiempo real, sino erigirse como un punto de referencia absoluto y perfectamente claro.
Por otro lado, siempre tengo presente una máxima que me transmitió el maestro Alberto Zedda: ‘Lo primero es el texto; todo lo demás viene solo’. Profundizar en el libreto y su subtexto es el cimiento de la construcción musical; solo desde esa raíz se puede edificar una interpretación verdaderamente sólida.
Ahora en 2026 regresas a España para liderar la nueva edición del Proyecto Zarza del Teatro de la Zarzuela de Madrid. Precisamente por haber podido formarte en los escenarios junto a directores como Pérez-Sierra, Alberto Zedda o Lorin Maazel, ¿cómo valoras esta iniciativa que confía a los jóvenes la producción de una zarzuela?
El teatro es un medio de expresión y la juventud tiene el derecho de participar en él para dar voz a sus inquietudes y a su visión del mundo. El Teatro de la Zarzuela, como Teatro Lírico Nacional, es el escenario ideal para este propósito, pues también les pertenece. No se trata simplemente de realizar una producción e incluirlos; el objetivo es crear un canal —una vía de comunicación real— para que puedan expresarse y para que logremos establecer una conexión auténtica con el público joven.
Siempre se plantea el reto de acercar la música clásica a la gente joven, y este tipo de proyectos son indispensables para mantener esa conexión.
En este caso se trata de Bohemios, una obra en un acto de Amadeo Vives. ¿Qué puedes contarnos sobre la obra y su lugar en el repertorio?
Bohemios fue un éxito rotundo desde su estreno en 1904, y pronto se consolidó como una de las zarzuelas más representadas. Se basa, al igual que La bohème de Puccini, en Scènes de la vie de bohème de Henri Murger, aunque con la diferencia de que el argumento en la obra de Vives es mucho menos trágico.
Amadeo Vives es uno de los autores más destacados del género. Su música posee una extraordinaria riqueza tímbrica y un profundo sentido sinfónico, lo que le permite crear pasajes orquestales con entidad de concierto, como el célebre intermedio de esta obra. Por otra parte, su estilo asimiló las influencias italianas y francesas de la época, alcanzando una madurez técnica en la zarzuela sin precedentes.
Los montajes del Proyecto Zarza suelen caracterizarse por hacer pequeños cambios en el libreto o la escena para actualizarlos y acercarlos al público joven. ¿Será este el caso con Bohemios?
No serán pequeños cambios, sino una transformación profunda. En torno a Bohemios, Nando López ha realizado una adaptación del texto que no busca eliminar el argumento original, sino integrarlo en una trama más amplia y adaptada a nuestros días. Al trasladar la trama al siglo XXI, el concepto de ‘bohemio’ cambia: ya no es solo el artista con hambre, sino el joven que lucha por hacerse un hueco en un mundo digital y competitivo al tiempo que mantiene la fe en la creación. Tal es su vigencia que la obra será publicada por Loqueleo, el sello juvenil de la editorial Santillana.
¿Cuál es la dinámica de ensayos de trabajo que sigues con la Joven Orquesta Nacional de España y el elenco, y en qué puede diferenciarse de un montaje al uso?
La principal diferencia entre un montaje tradicional y el Proyecto Zarza es que involucramos a la orquesta de manera mucho más activa en los ensayos desde el inicio. El objetivo es que los músicos sean partícipes de la trama argumental y del proceso creativo mismo. Al ser ellos también jóvenes, las temáticas que abordamos les tocan de cerca y resuenan con su propia realidad.
Tu relación con este género lírico se remonta al Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo, en tu Asturias natal. Allí regresarás de nuevo esta primavera para desmentir aquello de ‘nadie es profeta en su tierra’. ¿Qué puedes contarnos sobre esta cita?
Inicié mi trayectoria profesional en este festival en el año 2001, desempeñándome como maestro repetidor y asistente de dirección musical. Desde entonces, he participado en cerca de doscientas producciones en el Teatro Campoamor, sumando mi labor en el Festival de Ópera de Oviedo, institución a la que también me incorporé como asistente de dirección. Considero que el aprendizaje directo en un teatro lírico es fundamental; honestamente, no creo que exista otra vía para profundizar en esta profesión.
Dentro del Festival de Oviedo, dirigiré unos conciertos didácticos de zarzuela junto a la solista Marta Heras. Como mencionaba anteriormente, siempre he sentido un gran interés por la vertiente pedagógica. En esta ocasión, contamos con Gustavo Moral como director escénico, que es un grandísimo especialista en este tipo de formatos además de un gran amigo. Sin duda, será una experiencia tan divertida como emocionante.










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