
Hispania Concertalia alcanza este año su 6.ª temporada en el Auditorio Nacional de Música de Madrid con una propuesta única: traer a este escenario el sonido de Viena y la gran tradición musical de esta ciudad. Entre sus grandes apuestas se cuenta el Concierto de Año Nuevo, interpretado por los mismos músicos que tocan el 1 de enero en la Sala Dorada del Musikverein. Entrevista con su CEO y cofundador, Labinot Elshani.
Por Manuel Pacheco
¿Cómo nace la programación de Hispania Concertalia en el Auditorio Nacional, y qué huecos viene a cubrir en el repertorio o tradiciones interpretativas de esta institución?
Tras casi quince años organizando conciertos en Viena, en el Musikverein, el Konzerthaus, la Minoritenkirche, la Hofburgkapelle y otros lugares emblemáticos de la ciudad, nos dimos cuenta de que muchos de nuestros espectadores venían de Madrid. De ahí nació el deseo de ofrecer algo especial también en su ciudad. A pesar de muchas dificultades, complicaciones y, por si fuera poco, una pandemia, el ciclo ‘Viena en Madrid’ llega ya a su 6.ª temporada en el Auditorio Nacional.
La promesa de nuestro ciclo es clara: cada concierto tiene que ver con Viena y regala al público un pedazo de la ciudad, sobre todo a quien no puede viajar hasta allí. No venimos a competir con las grandes temporadas del Auditorio, sino a sumar lo que faltaba: el sonido vienés, en manos de los músicos que lo mantienen vivo.
El ciclo se nutre de las conexiones musicales históricas entre las ciudades de Viena y Madrid. ¿Hasta dónde podemos remontarnos para observar esta historia compartida?
Mucho más atrás de lo que se suele pensar. Durante casi dos siglos, España y Austria compartieron dinastía, los Habsburgo, y cuando la infanta Margarita Teresa, la niña de Las Meninas, se casó con Leopoldo I en 1666, Viena lo celebró con Il pomo d’oro de Cesti, una de las óperas más fastuosas del Barroco.
En el siglo XVIII, Boccherini escribía en Madrid sus cuartetos mientras Haydn componía los suyos para los Esterházy, y el valenciano Vicente Martín y Soler triunfaba en Viena con Una cosa rara (1786), una ópera que llegó a ser tan popular que Mozart la cita en Don Giovanni. Nuestro ciclo solo retoma una conversación que lleva cinco siglos abierta.
La relación entre las obras seleccionadas para cada concierto y los músicos que las interpretan es una de las grandes apuestas de Hispania Concertalia. ¿Cuál es vuestra filosofía a la hora de escoger a los conjuntos y artistas que intervendrán en cada cita?
Partimos siempre de la obra y buscamos a quien tenga algo verdadero que decir sobre ella. Muy rara vez contratamos a un conjunto solo porque esté de gira: cada concierto se piensa como algo único, con la identidad propia de cada orquesta, de cada grupo y de cada músico, y sin concesiones en la calidad. Por eso la música de Strauss la tocan los filarmónicos vieneses, y a Boccherini lo interpretan I Solisti Veneti.
Las producciones propias, creadas exclusivamente para esta programación, son otra de vuestras grandes apuestas. ¿Cuáles han sido los conciertos más destacados que se han celebrado en esta línea?
En primer lugar, el Concierto de Año Nuevo de Viena. Traer a Madrid a los músicos que tocan el 1 de enero en el Musikverein, solo uno o dos días después, es algo de lo que estamos muy orgullosos.
También la Pasión según San Juan de Bach en su versión original y, la temporada pasada, el concierto ‘Hacia el Paraíso’: el Réquiem de Mozart interpretado por Barucco, orquesta y consort vocal de Viena, que fue grabado y retransmitido por la ORF [Radiodifusión Austríaca] y RTVE. Fue toda una sorpresa: el público se encontró con un conjunto vocal de solo doce voces, cuando hoy el Réquiem se ofrece a menudo casi como si fuera el de Verdi, con grandes masas corales. Muchos espectadores nos confesaron después que fue como escuchar la obra por primera vez.
¿Qué características tiene vuestro concierto de Año Nuevo, y en qué se diferencia de otras propuestas que pueden escucharse en estas fechas?
Lo interpreta el Philharmonic Ensemble, formado exclusivamente por miembros de la Orquesta Filarmónica de Viena. Llevan mucho tiempo tocando juntos, se conocen a la perfección y muchos de ellos actúan también como solistas.
Quien conoce la música de la dinastía Strauss sabe lo difícil que es tocar bien un vals o una polca. Ese pulso tan particular, con el segundo tiempo del vals ligeramente adelantado y la elasticidad del tempo, no está escrito en la partitura: se dice que solo se aprende viviendo en Viena y tocando con otros músicos vieneses. Por eso, cuando quienes los interpretan son los propios filarmónicos, el resultado no admite comparación.
No es casualidad que el público venga desde muchos rincones de Madrid y de sus alrededores para estar allí y brindar con una tradición que ya forma parte del Año Nuevo madrileño. Esta vez lo celebramos el 2 y el 3 de enero de 2027.
La programación de vuestra 6.ª temporada dará comienzo este mes de noviembre con protagonistas muy especiales. ¿Qué puedes contarnos de esta cita inaugural?
Será uno de los grandes acontecimientos de la temporada. Abrimos el 14 de noviembre con la Gustav Mahler Jugendorchester, una de las orquestas jóvenes más prestigiosas del mundo, fundada en Viena por Claudio Abbado en 1986. Sus miembros, todos menores de 26 años, se seleccionan cada año entre más de dos mil aspirantes de toda Europa.
Al frente estará Cristian Măcelaru, director musical de la Orchestre National de France y ganador de un premio Grammy, y como solista la violonchelista salzburguesa Julia Hagen. El programa reúne dos obras cumbre del Romanticismo tardío, ambas en Si menor y ambas impregnadas de despedida: el Concierto para violonchelo de Dvořák y la Sinfonía núm. 6, ‘Patética’, de Chaikovski. Comienza a las 22:30 h. Una cita que nadie debería perderse.
Otra de las grandes visitas de esta edición será la de I Solisti Veneti. ¿Qué trayectoria avala a este conjunto y qué obras interpretarán en Madrid?
Son casi parte de la casa. Fundados en Padua en 1959 por Claudio Scimone, han ofrecido más de 6.500 conciertos en todo el mundo y más de veinte compositores han escrito obras para ellos. Hoy los lidera Giuliano Carella, su director principal.
El 25 de febrero nos traen a dos grandes figuras del Clasicismo: el Mozart de Viena y el Boccherini de Madrid. Por un lado, sonarán dos sinfonías de Boccherini, entre ellas la conocida como ‘La casa del diavolo’, y su Concierto para violonchelo núm. 6 con Giuseppe Barutti, primer violonchelo del conjunto; por otro, los conciertos para trompa núm. 1 y 4 de Mozart con Annemarie Federle, la trompa principal más joven de la London Philharmonic Orchestra, que está desarrollando una espléndida carrera como solista.
El último concierto contará con una de las figuras más relevantes de la música clásica en 2027, Tugan Sokhiev, director del próximo concierto de Año Nuevo en Viena. ¿Cómo se ha gestado esta visita al Auditorio Nacional y quiénes lo acompañarán en el escenario?
Cuando supe que el maestro Sokhiev tenía libre esa fecha, no lo pensé dos veces: el director del Concierto de Año Nuevo 2027 en el Musikverein tenía que venir a Madrid.
Lo acompaña una formación muy particular, The Philharmonic Brass: veinte músicos de la Filarmónica de Viena, de la Filarmónica de Berlín y algunos de los profesores más destacados de Austria y Alemania, con las trompas vienesas y las trompetas de cilindros como seña de identidad. El 19 de mayo interpretarán Cuadros de una exposición de Músorgski y, en la segunda parte, obras de Shostakóvich, Borodín y Prokófiev: un programa ruso hecho para la batuta de Sokhiev.
Una nueva edición del concierto de Año Nuevo, un programa que reúne danzas del mundo, otro que reúne Beethoven con Falla… ¿De qué manera se evidencia en estas originales propuestas la relación entre el repertorio y los responsables de interpretarlo?
En el Concierto de Año Nuevo la tradición manda: valses y polcas vieneses. ‘Danzas del Mundo’ nace justamente de la pregunta contraria: ¿por qué quedarnos solo ahí? Es una coproducción con nuestra empresa en Viena, surgida a partir de varias actuaciones del Philharmonic Ensemble, y su encanto está en la interpretación, el sonido y la cercanía. El 29 de abril, dirigidos desde el violín por Shkëlzen Doli, los filarmónicos recorren danzas míticas de todo el mundo, de Strauss y Brahms a Bartók, Falla o Piazzolla.
Con ellos estará Serena Sáenz, una de las mejores sopranos españolas de su generación, con dos piezas que resumen el programa: el vals Voces de primavera de Strauss, la cara vienesa, y la canción Las hijas de Cádiz de Delibes, la española.
El 6 de febrero, en la Sala de Cámara, el diálogo se hace todavía más directo: músicos vieneses y españoles comparten escenario. El Cuarteto de Cuerda de Viena, el pianista Luis González Lladó y una cantaora interpretan Beethoven, el Cuarteto con piano de Turina y la versión de cámara de El amor brujo de Falla.
Después de estas primeras cinco ediciones, ¿qué acogida observáis por parte del público que acude a los conciertos?
Muy cariñosa y muy fiel. Mantener un ciclo en el Auditorio Nacional es todo menos fácil: la oferta es enorme y la competencia, grande. Aun así, hemos seguido nuestro propio camino, y hoy tenemos un público muy diverso, con muchos aficionados de otros ciclos que buscan una propuesta distinta y de altísimo nivel. Y quien nos conoce repite y nos acompaña concierto tras concierto. Ese es el mejor reconocimiento.
¿Planeáis seguir ofreciendo conciertos en otras ciudades españolas además de Madrid?
Sí, con mucho gusto. Siempre que la agenda de músicos y orquestas, así como la disponibilidad de las salas, nos lo permite, aprovechamos para llevar nuestros conciertos también a otras partes de España.





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