Galardonado con el XLIII Premio Reina Sofía de Composición Musical, otorgado pro la Fundació Ferrer de Música, el compositor y percusionista Luis Tabuenca habla en esta entrevista de Rémanence —la obra premiada que estrenará la Orquesta RTVE el 16 de octubre—, de su investigación sobre la materia sonora y de una creación entendida como un proceso abierto en constante diálogo con la interpretación y otras disciplinas artísticas.
Por Jaume Darbra
¿Qué ha significado para ti recibir el XLIII Premio Reina Sofía de Composición Musical de la Fundació Ferrer de Música?
Ha supuesto una alegría enorme y un impulso muy importante en mi trayectoria. Componer implica a menudo procesos largos, y el recorrido de una obra o de una investigación no siempre es inmediatamente visible ni previsible. Un premio de esta relevancia puede generar una visibilidad y unas posibilidades extraordinarias.
Pero, sobre todo, lo entiendo como una oportunidad para que mi música pueda llegar a nuevos intérpretes, agrupaciones, instituciones y públicos. Me interesa especialmente lo que pueda suceder a partir de ahora: los encuentros, los proyectos y los nuevos contextos que puedan surgir a raíz del premio. Lo vivo, por tanto, como un estímulo para seguir trabajando y haciendo avanzar mi música.
Rémanence: ¿lo que queda cuando el sonido se va, o lo que insiste en no irse del todo?
Probablemente ambas cosas. Durante la composición me interesaba especialmente qué permanece de un acontecimiento sonoro una vez que este ha desaparecido y de qué manera ese rastro puede condicionar lo que viene después.
La obra atraviesa estados muy contrastados, desde momentos de gran fragmentación y energía hasta otros mucho más suspendidos y frágiles, pero intenté que esos estados no funcionaran como secciones completamente independientes. Determinados gestos, resonancias, ataques, densidades o colores reaparecen transformados, a veces de manera reconocible y otras casi como un residuo del material anterior.
En ese sentido, la forma surge de procesos de aparición, desaparición, transformación y memoria. Quizá ahí esté precisamente la idea de Rémanence: en que aquello que ha dejado de sonar no desaparece por completo, porque sigue modificando nuestra percepción de lo que viene después.
¿Qué encontraremos en Rémanence cuando la estrene la Orquesta y Coro RTVE el 16 de octubre en el Teatro Monumental?
Encontraremos una música con una gran actividad interna, construida a partir de fragmentos breves, cambios de densidad y múltiples estratos que se superponen, se interrumpen y se transforman.
He intentado trabajar la orquesta como un organismo en el que la energía puede desplazarse continuamente de un lugar a otro. Un gesto puede comenzar en una familia instrumental, propagarse, modificar su timbre o reaparecer más tarde convertido en otra cosa. Hay una escritura bastante detallada y controlada, pero buscaba que el resultado tuviera, al mismo tiempo, una energía muy física y orgánica. Me gustaría que el oyente pudiera entrar en ese recorrido sin necesidad de conocer los mecanismos que lo construyen y experimentar directamente sus tensiones, contrastes y resonancias.
La obra pasará también al repertorio de la Joven Orquesta Nacional de España. ¿Qué representa para ti que una partitura premiada llegue a músicos en formación?
Tiene para mí un significado especialmente personal porque hace años formé parte de la JONDE como percusionista. Regresar ahora desde la composición y encontrar mi obra en manos de una nueva generación de músicos es, de algún modo, volver a casa desde otra perspectiva artística.
Además, me interesa mucho que una obra contemporánea pueda formar parte de ese periodo de formación. La relación con una partitura nueva es diferente a la que se establece con un repertorio ya consolidado: exige hacerse preguntas, buscar soluciones y construir conjuntamente una interpretación para la que todavía no existen modelos previos. Espero que Rémanence pueda convertirse también en una experiencia de descubrimiento para ellos, del mismo modo que seguramente trabajar de nuevo con la JONDE lo será para mí.
Tu formación ha pasado por Zaragoza, Barcelona, Ámsterdam y San Diego. ¿Cómo ha marcado ese recorrido internacional tu lenguaje compositivo?
Creo que cada contexto ha ido ampliando mi manera de entender qué puede ser la creación musical. Cambiar de ciudad, de país y de entorno artístico me ha obligado a confrontarme con formas diferentes de pensar, escuchar y trabajar, y también a cuestionar muchas cosas que daba por supuestas.
En mi caso, ese recorrido ha ido acompañado además de una actividad muy vinculada a la interpretación y al diálogo con otras disciplinas. He trabajado con improvisación, performance, danza, vídeo, instalación y diferentes formas de experimentación sonora. Todo ello ha terminado integrándose de una manera bastante natural en mi escritura. Más que identificar una influencia concreta de cada lugar, diría que esos desplazamientos han contribuido a desarrollar una concepción más abierta de la composición y, sobre todo, a entender la creación como un proceso continuo de investigación y escucha.
Además de compositor, eres percusionista y fundador del Ensemble Volavérunt. ¿Cómo dialoga esa doble faceta interpretativa y compositiva en tu trabajo?
Para mí son dos facetas prácticamente inseparables. Mi experiencia como percusionista está profundamente incorporada a mi manera de pensar la música.
La percusión me ha llevado a relacionarme con el sonido desde el gesto y desde su dimensión más física: el ataque, la energía, la resonancia, pero también la resistencia y el comportamiento de los propios materiales. Esa experiencia corporal influye directamente en mi escritura y explica en buena medida mi interés por la materialidad sonora.
En Volavérunt esa relación se amplía también a la dirección artística. Desde su fundación hemos desarrollado proyectos en los que la música dialoga con la danza, la dramaturgia, el vídeo o la escultura sonora. Esa experiencia me ha permitido pensar la creación no únicamente desde la escritura, sino también desde el espacio, la escena y la relación entre distintos lenguajes.
Tu catálogo incluye óperas como Hor (2019) y Dreamtime (2023), además de instalaciones sonoras y videoarte. ¿Qué lugar ocupa la escritura orquestal dentro de ese catálogo tan diverso?
La veo como una expansión natural de mi trabajo. Muchas de las cuestiones que me interesan, la resonancia, el timbre, el gesto, el espacio o la percepción, estaban ya presentes en mis obras de cámara, en proyectos escénicos o en ciclos como Naturstudium.
La orquesta permite trasladar esas preocupaciones a una escala diferente. Me ofrece la posibilidad de trabajar con múltiples estratos simultáneos, crear diferentes grados de profundidad, desplazar la energía entre grupos instrumentales y transformar continuamente el material a través del color.
De algún modo, siento que en Rémanence muchas de las cuestiones que he explorado durante años encuentran aquí otra forma de manifestarse. Quizá lo que más me interesa ahora sea precisamente descubrir hasta dónde puede llevarme ese nuevo espacio.
Actualmente trabajas en Naturstudium III, inspirado en el concepto de ‘cripsis’ y en las esculturas sonoras Baschet, con Les Percussions de Strasbourg. ¿Qué relación guarda ese proyecto con Rémanence?
Naturstudium III es un proyecto ya realizado y publicado por el sello KAIROS, desarrollado junto a Les Percussions de Strasbourg, aunque la línea de investigación que abrió continúa desarrollándose. A primera vista puede parecer muy alejado de Rémanence, pero ambos proyectos comparten muchas preocupaciones.
En las esculturas Baschet me interesa especialmente la relación entre gesto, materia y resonancia. No son simplemente instrumentos, sino cuerpos resonantes cuyo comportamiento obliga a escuchar de otra manera. Rémanence traslada algunas de esas preguntas al espacio orquestal: cómo se activa un sonido, cómo se propaga su energía, qué huella deja y de qué manera esa huella condiciona aquello que aparece después. Los medios son muy distintos, pero detrás existe una misma curiosidad por observar el sonido como materia viva, sometida a procesos continuos de transformación.
Has sido becario de la Comisión Fulbright, ha recibido apoyo del Ministerio de Cultura, de los Gobiernos de Aragón y Catalunya, del Institut Ramon Llull y de la Fundación BBVA, y en 2023 fuiste becario Leonardo en Composición. ¿Cómo valoras este respaldo institucional continuado a su carrera?
Con mucho agradecimiento. Una parte importante de mi trabajo se ha desarrollado a través de proyectos que requieren largos periodos de investigación y cuyos resultados no siempre pueden preverse desde el principio. Ese tipo de procesos sería muy difícil de sostener exclusivamente mediante encargos o producciones puntuales.
Las becas y ayudas que he recibido me han proporcionado recursos, pero, sobre todo, algo fundamental para crear: tiempo. Tiempo para investigar, experimentar, equivocarme, colaborar con otros artistas y permitir que determinadas ideas maduren sin tener que producir inmediatamente un resultado. Creo que el apoyo institucional tiene precisamente ese valor: crear las condiciones para que puedan existir proyectos que implican riesgo y que difícilmente encontrarían espacio dentro de una lógica exclusivamente productiva.
Con el estreno de Rémanence ya fechado, ¿qué otros proyectos tienes en marcha de cara a los próximos meses?
Después del estreno de Rémanence con la Orquesta Sinfónica de RTVE, la obra tendrá una nueva etapa con la Joven Orquesta Nacional de España, que la interpretará en su gira de enero. Paralelamente, continúo desarrollando la investigación surgida de Naturstudium III y de mi trabajo con las esculturas sonoras Baschet, explorando nuevas posibilidades para este repertorio y su relación con distintas colecciones e instituciones.
También estoy trabajando en nuevos proyectos compositivos, entre ellos una nueva ópera y una nueva obra para orquesta. Además, estoy preparando la publicación de un libro dedicado a la improvisación, un ámbito que forma parte de mi práctica artística desde hace muchos años.






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