
Reciente aún su exitoso debut en Werther en ABAO Bilbao Ópera, la soprano Lucía Iglesias afronta nuevos retos en su ascendente carrera. Al rol de Pamina en La flauta mágica que interpretará en el Real Teatro del Retiro y en el Teatro de la Maestranza, le seguirá su próximo debut en Latinoamérica con la ópera barroca La púrpura de la rosa.
Por Julio Alonso
En marzo y mayo interpretarás el papel de Pamina en la nueva producción de La flauta mágica en el Real Teatro de Retiro y en el Teatro de la Maestranza. ¿Qué significa para ti este reencuentro con Mozart en esta etapa de tu evolución artística? ¿Y qué dimensión del personaje te atrae especialmente explorar?
Mozart es un compositor muy importante para mí en este momento y lo seguirá siendo en un futuro. Todas sus obras son muy exigentes, especialmente desde un punto de vista técnico, ya que la línea de canto suele estar muy expuesta y, por su manera de escribir melodías de manera instrumental, habitualmente en base a los intervalos, cualquier imperfección es perceptible. Pamina es un personaje bellísimo, con melodías muy intensas, especialmente en el aria, en la que aparecen sonoridades que anuncian el romanticismo. Además, al tener diálogos, el reto es doble, porque también tenemos que cuidar mucho la parte actoral y la declamación.
Tu vínculo con el Teatro Real ha sido muy estrecho, especialmente a través del programa Crescendo. ¿En qué ha consistido este acompañamiento institucional y cómo ha influido en tu crecimiento artístico y personal?
El Teatro Real ha sido el primer gran coliseo de ópera que ha confiado en mí y me ha apoyado. Gracias a Crescendo hice el paso definitivo de estudiante a profesional, aunque ya tenía experiencia como profesional antes de entrar al programa, me aportó la visibilidad y las oportunidades para poder empezar mi carrera a un nivel superior y enlazando producciones de una manera más continua.
Esta temporada, además, debutarás en Latinoamérica, en el Teatro Segura de Lima, como Venus en La púrpura de la rosa, de Tomás de Torrejón y Velasco sobre un libreto de Pedro Calderón de la Barca, dentro del congreso de Ópera Latinoamérica. ¿Qué es lo que más te interesa del repertorio barroco hispanoamericano y de este personaje en particular?
Interpretar a Venus en La púrpura de la rosa supondrá mi debut en Latinoamérica y también mi primer contacto con la ópera barroca. Me atrae especialmente que es un repertorio que requiere un gran conocimiento del estilo, trabajo actoral y da mucha libertad al intérprete. Realmente, La púrpura de la rosa es un enorme recitativo, no tenemos demasiadas grabaciones y, las que hay, son todas versiones diferentes, por tanto, interpretar el rol principal de Venus supone una gran responsabilidad. Estoy segura de que será un gran aprendizaje.
Venus, Pamina o Sophie, rol que interpretaste recientemente en tu debut en Werther en la temporada de ABAO Bilbao Ópera, pertenecen a universos estéticos muy distintos. ¿Cómo te adaptas a lenguajes musicales tan diversos?
Me adapto a los diferentes estilos de cada obra, que también vienen dados por la orquestación, época, tesitura, melodías… Me parece de grandísima ayuda leer las obras en las que se basa cada ópera para entender al personaje, aunque en la música está la interpretación del propio compositor, que siempre tenemos que intentar respetar al máximo.
Los papeles que acepto son aquellos para los que me siento preparada para cantarlos ya. No siempre es algo vocal, sino también psicológico. Creo que hay roles que, aunque uno tenga las cualidades para hacerlos, necesitan de una madurez personal, musical, actoral, profesional… Interpretar un personaje no es únicamente una cuestión de voz. El repertorio operístico es vastísimo y ciertamente hay muchos roles que no me siento preparada para hacer a corto plazo, pero estoy segura que llegarán cuando sea el momento justo.
Además de tu trayectoria escénica, tienes formación en piano y eres doctoranda en música por la Universidad Internacional de La Rioja. ¿De qué manera la investigación y el estudio académico enriquecen tu trabajo como cantante?
Como artistas estamos en constante evolución y estudio. El aprendizaje enriquece nuestras interpretaciones y a nosotros como personas. Con esto no me refiero solo a lo estrictamente musical, sino también a los idiomas, historia, cultura, literatura, filosofía… El constante estudio es un proceso que me apasiona, tanto como estar encima del escenario.

¿Qué lección has aprendido del mundo de la lírica a lo largo de tu carrera que te hubiera gustado que aquella niña que a los nueve años se enamoró de la ópera haciendo de figurante en Werther hubiera sabido?
Diría que la lección más importante que aprendí en mi carrera fue en esa producción de Werther a mis nueve años: la pasión por la ópera. Para mí, la base de esta carrera es un amor, dedicación y respeto enorme hacia esta profesión.
En un momento en el que la ópera busca renovar públicos y discursos, ¿qué crees que puede aportar una nueva generación de intérpretes como la tuya al futuro del género?
No me permitiría hablar en nombre de una generación, porque creo que cada artista es único y cada uno aporta de manera diferente. Bajo mi punto de vista, creo que la ópera tendrá un papel importante en esta era en la que todo es velocidad, metas, éxito… Palabras que pueden llegar a representar ideas superficiales o vacías. La ópera nos ayuda a estar en el ‘ahora’, a emocionarnos, a sentir, a amar… Nos hace volver a nuestro centro como humanos.










Deja una respuesta