Situado en el estratégico y emblemático palacio modernista de Longoria, en el distrito centro de Madrid, el Centro de Documentación, Archivo y Patrimonio de la SGAE rezuma historia, tradición e innovación, elegancia y robustez. Adentrarse en los pasillos de su sótano repleto de tesoros musicales te hace sentir como una exploradora de la musicología del siglo XXI. Es el archivo de referencia para el género de la zarzuela, con más de diez mil títulos.
Allí me espera M. ª Luz González Peña, investigadora y documentalista, licenciada por la Universidad de Oviedoen Magisterio, Historia del Arte y Musicología, y especializada en Biblioteconomía, Archivística y Documentación. Intuición investigadora, defensora de la causa feminista, visionaria e intrépida.
Por Patricia García Sánchez
¿Cuándo se crea el Centro de Documentación y Archivo (CEDOA) de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE)?
La historia se remonta al 16 de junio de 1899, cuando Sinesio Delgado y Ruperto Chapí fundan la Sociedad de Autores Españoles (SAE). Por su parte, el Centro de Documentación y Archivos se funda en 1993, siendo Eduardo Bautista presidente del Consejo de Dirección, quien une el archivo actual con el que ya existía desde que nace la sociedad. Es decir, la sociedad no hubiera existido sin el archivo, o viceversa. Además, dicho archivo nace vinculado a la zarzuela; de hecho, los once fundadores son autores de zarzuela.
A partir del año 1899 el archivo funciona de modo comercial: allí se alquilan los materiales para orquestas y teatros, actividad que continúa realizándose sin interrupción hasta hoy. A todo ello, hay que añadir la existencia de una biblioteca inmensa y fantástica al servicio de los socios y socias, fundamentalmente teatral (teatro español, universal y obras de estudio teatral). En este momento, 1993, se decide unir dicha biblioteca al archivo para ponerla a disposición del público.
Llegué a Madrid en el año 1989 para trabajar con Emilio Casares en el Diccionario de la Música,y comencé con la catalogación de la biblioteca de la SGAE. Desde el año 1993, cuando se crea el centro de documentación, me ponen al frente del archivo. El trabajo en equipo fue fundamental, sólido y eficiente. Poco a poco nos fueron llegando fondos personales, entre los que destaca el de la Unión Musical Española, contando en la actualidad con más de 60 fondos personales.
Desde 1993 dirijo el Centro de Documentación, Archivo y Patrimonio (CEDOA). Mi trabajo consiste en coordinar a un equipo de ocho personas en Madrid y una en Barcelona.
¿En qué consiste exactamente tu labor?
Los trabajos en el archivo SGAE se organizan en cuatro pilares fundamentales: catalogación, digitalización, atención al público y difusión.
La catalogación es la primera y prioritaria parte del proceso. En los últimos tiempos, la digitalización se convirtió en un objetivo nuclear y conllevó aprender y familiarizarnos con los nuevos formatos y tecnologías, buscando documentos que solo tuviéramos nosotros para no duplicar esfuerzos. Nuestra digitalización es muy buena y ha dadoun gran impulso a esta labor gracias a los fondos europeos destinados a la digitalización de archivos, que nos ha permitido adquirir un escáner mucho más potente que el que ya teníamos. La tarea de atención al público mediante la resolución de cuestiones, disposición de material e, incluso, asesoramiento sobre proyectos, es también muy importante. El último objetivo, la difusión, es fundamental, ya que, de esta forma, intentamos llevar nuestro trabajo y mostrar nuestros fondos encongresos, publicaciones, conferencias y visitas guiadas para estudiantes de musicología y documentalistas. Además, desde junio de 2024 ya se puede consultar nuestro catálogo web y descargarse partituras de dominio público.
En lo que se refiere a mujeres y género, ¿qué labor realizáis?
Nuestro trabajo actual está encaminado al descubrimiento y visibilización del conjunto de mujeres artistas, compositoras y libretistas, en mayor medida, y que quedaron silenciadas por la historia. En un principio, el trabajo fue exhaustivo y lento: nos sumergimos en los catálogos de las obras de la SGAE, uno por uno, hasta que encontramos el nombre de una mujer en la lista de socios y nos ponemos a investigar sobre ella. La primera mujer socia fue Casilda Antón de Olmet, en el año 1901, solo dos años después de la fundación de la entidad.
Dentro de la SGAE se ha creado una delegación de igualdad que trabaja para recuperar las figuras de las primeras mujeres relacionadas con nuestra sociedad, las pioneras, que tuvo lugar en junio de 2025, con la escenificación de Sortilegio, de María Lejárraga y Gregorio Martínez Sierra, obra prohibida y sin estrenar en España, y Diana cazadora, zarzuela de María Rodrigo y los hermanos Álvarez Quintero. En paralelo se organizó un ciclo de cine que rinde homenaje a las primeras cineastas españolas.
Con respecto a compositoras sinfónicas históricas, en el archivo se conserva la Suite de Rosa García Ascot, ya que, aunque su archivo personal está en la Residencia de Estudiantes, aquí guardábamos los materiales de esa obra, no la partitura. A partir de las particellas, uno de nuestros copistas, Juan Antonio Rodríguez, hizo la partitura. Nos la pidieron desde la Seattle Philharmonic Orchestra y fue interpretada el 29 de marzo del 2025.
¿En qué momento se encuentra la labor musicológica del archivo con respecto a compositoras de zarzuela?
Cuando todo esto empezó, en cuanto al resurgir de la mujer en la zarzuela, nos resultó muy complicado localizar a las compositoras de este género, pues las obras no están catalogadas por género o sexo. Muchas de estas obras, además, están firmadas con pseudónimos o con nombres de varones. Todo comenzó durante el periodo de confinamiento. Al trabajar desde casa, empecé a buscar nombres femeninos por ensayo y error (buscando nombres comunes, por ejemplo). Cuando encontraba alguna compositora, la incluía y normalizaba en todas las bases de datos (lírico, sinfónico, libretos, etc.). Así le dimos un gran empuje al tema. Muchas de estas búsquedas fueron inútiles o me llevaron a errores o sorpresas.
Actualmente, tenemos localizados unos veinte nombres femeninos de compositoras de zarzuelas, entre Madrid, Barcelona y Valencia. De la que más obras tenemos es de María Rodrigo. La primera mujer de la que conservamos una zarzuela es de Narcisa Freixas. De Soledad de Bengoechea, Pilar Contreras o Natividad de Rojas conservamos libretos de sus zarzuelas, pero no las partituras. De esta manera, vivimos un momento muy saludable para la investigación musicológica feminista referida al género de la zarzuela.
¿Cuál ha sido el momento más emocionante, en cuanto a descubrimientos e investigaciones musicológicas se refiere, que has tenido al frente de la institución?
Fue el descubrimiento de la compositora conquense Adela Pérez Méndez. En el año 2019, se puso en contacto conmigo el bibliotecario del Conservatorio de Amberes preguntándome por una obra de Emilio Mascaraque. No me resultaba familiar y le pedí tiempo para investigar. Así, me metí en nuestras bases de datos escribiendo Emilio Mascaraque y descubrí el nombre de Adela Pérez Méndez, ya que la compositora firmaba con pseudónimo. Entonces, a la luz del nuevo e insólito descubrimiento, me puse a buscar a sus herederos, que resultaron ser una familia maravillosa y colaborativa. Los casos de Mercedes Ubach o de Adela Anaya son diferentes, pues no sabemos prácticamente nada de la primera, de la que conservamos su zarzuela La gran turca,y aún sabemos bastante poco de la segunda, de la que conservamos su zarzuela La tirolesa.
Adela Pérez Méndez fue una mujer muy importante en su tiempo, a pesar de su deficiencia auditiva. Prolífica y de reconocimiento internacional, llegó a componer más de trescientas obras. Trabajó con Antonio Gades en el Ballet Nacional y fue repertorista del Teatro de la Zarzuela. Los herederos me trajeron una zarzuela que había dejado su madre sin estrenar ni instrumentar: Madrid, capital de Europa, de la que no tenemos localizado el libreto.
¿Crees que hay una relación directa entre la difusión del patrimonio musical femenino y el cambio social?
Por supuesto que sí. Además, creo que esta perspectiva es muy necesaria y acertada. Para conseguir el cambio hay que difundir el legado de las compositoras, conocerlas y darlas a conocer. Realizar un reconocimiento de la mujer está muy relacionado con la erradicación de la violencia de género. Estoy convencida de que conocemos solo una parte mínima de las mujeres compositoras que hubo. Una vez dije que las mujeres son como las cerezas, es decir, tú tiras de una pero el ramillete tiene engarzadas unas cuantas más.
¿Cuáles son tus próximos proyectos al frente del archivo?
Estamos trabajando en proyectos muy importantes y de gran calidad, encaminados al descubrimiento y la difusión de mujeres en la música, como Mujeres de zarzuela en colaboración con el Teatro de la Zarzuela, entre otros. La lectura de Diana cazadora de María Rodrigo, en junio de 2025, con dirección musical de Aurelio Viribay y escénica de Juana Escabias, es otro ejemplo de ello. El futuro está en la investigación y la difusión. Las obras compuestas por mujeres deben conservarse y perdurar mediante interpretaciones y grabaciones.
Cada vez que conseguimos que una obra que custodiamos sea representada en el Teatro de la Zarzuela o en cualquier otro lugar, o que una de estas autoras sea estudiada en profundidad, sentimos que hemos cumplido nuestro cometido.









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