
El pianista y compositor Marco Mezquida ha construido un lenguaje propio que cruza jazz, clásica y flamenco con total libertad. En esta entrevista, repasa sus inicios, sus inspiraciones y su forma de entender la música: cercana, abierta y sin etiquetas.
Por Ana Nasarre
No es muy habitual encontrar a un pianista y compositor con una formación tan variada, desde clásica, contemporánea, jazz, pop, flamenco, etc. ¿Cómo fueron tus inicios y tu evolución?
Mis inicios fueron en Menorca, cuando con apenas tres o cuatro años ya me construía pequeñas baterías para tocar y canturrear ritmos de procesión. A los cinco años ya sacaba melodías de oído con un teclado Casio pequeñito, y a los ocho me apuntaron a la Escuela Municipal de Música de Mahón, donde tuve la suerte de tener a dos profesores con una filosofía musical —y de vida— más abierta, alegre y variada. Tomé Olives y Ricard Ramisa fueron mis primeros maestros y siguen siendo muy queridos para mí.
La alegría de la Escuela Municipal de Música de Mahón, donde estuve hasta los 18 años, también estudiando órgano con Tomé, fue crucial: estudiaba canciones populares, standards de jazz, música clásica y aprendí a jugar interpretando, creando e improvisando todo al mismo tiempo. Después me fui a estudiar a la Escola Superior de Música de Catalunya (ESMUC) en Barcelona.
Paralelamente, a los 14 años entré en el grado medio para estudiar música clásica en el Conservatorio de Mahón, con dos grandes maestros: Isabel Félix, y piano jazz más específicamente con Suso González, en la Escuela Municipal de Ciutadella. Ellos también fueron cruciales, pero la realidad es que en ese momento ya sentía que tenía una pequeña base musical variada y sana, y que disfrutaba de diferentes estilos gracias a esa manera de enseñar más alegre y popular de las escuelas municipales, mientras que en el conservatorio la educación era más formal y centrada únicamente en la música clásica, y con poco juego. El juego en la música es crucial para entenderla y poder ‘jugarla‘. Jouer, to play music!
¿En qué te inspiras para tus composiciones e improvisaciones?
Pueden ser personas, ya sean mayores, como mi Joia a mi abuela Margarita, o niños, como las Canciones a Milos; también a la familia, como a mi hermana Gisela, Hermana, o a amores y personas queridas.
También he escrito piezas dedicadas a ciudades o lugares, como Cádiz en mi disco Tāctil, o Florencia, o Menorca. He compuesto influido por el embrujo de ciertas plantas, como Dama de nit de mi primer disco MyFriend Marcko, o por anhelos como Fraternitat, con la voz de Celeste Alías, o World’s Hope, dedicada a Greta Thunberg. Compuse mi primer concierto para piano y orquesta, Talaiot, pensando en los monumentos prehistóricos de mi isla.
En cambio, cuando improviso, no pienso en nada en concreto, normalmente. Me concentro en el sonido y me dejo llevar. De ahí suelen salir la mayoría de canciones posteriores, a las que después pongo título o dedicatoria.
Para mí, el sonido es sonido, exento per se de palabras, emociones o imágenes, aunque luego pueda construir un discurso con ellas.
¿Qué te impulsa a explorar con la música clásica?
Desde siempre, el estudio de piezas de la historia de la música clásica me ha motivado muchísimo para el aprendizaje y la exploración a través de la improvisación. Esa praxis se convirtió en mi forma de abstracción de las partituras y en un motor creativo que sigue vivo hasta hoy.
Lo que no me esperaba es que instituciones como L’Auditori de Barcelona, la Schubertiada de Vilabertran, el Palau de la Música de Barcelona, la Fundación March de Madrid, etc., me encargasen programas y proyectos nuevos, potenciando mi libertad creativa a partir de obras de Ravel (Ravel’s Dreams), Bach (Bach & Forward), Schubert (La Schubertiada de Marco Mezquida), Gesualdo (Judici a Gesualdo), Beethoven (Beethoven Collage) y otros proyectos que han sido especiales y muy bien recibidos.
Has actuado en importantes escenarios en más de cuarenta países y has recibido muchos premios. ¿Hay alguno del que guardes un recuerdo especial y del que te sientas especialmente satisfecho?
La verdad es que cada concierto es y ha sido especial para mí. Recientemente he ofrecido un concierto en París y me muero de alegría cada vez que tengo la oportunidad de tocar en una ciudad así, como en ciudades italianas tan bellas, o de volver a Japón, donde he ido cinco veces, o a los imponentes auditorios de las filarmónicas de Köln o Hamburgo, o los más de 12 conciertos en el Palau de la Música de Barcelona, o los del Auditorio Nacional de Madrid, o la alegría de volver a mi casa, a mi queridísimo Teatre Principal de Maó. Cada lugar es una maravilla.
Es un honor que valoro y agradezco con humildad, así como haber recibido premios tan bonitos como el Ciutat de Barcelona, los seis Premis Enderrock a mejor disco de jazz en diferentes años, o premios internacionales como el BMW Award de Múnich o el Wolfgang Dauner Award este próximo julio. Solo puedo dar gracias y seguir encontrando la motivación para hacer lo que más me gusta.
A pesar de la poca atención que se ha prestado y se presta a la música y al arte en general desde las escuelas, este país ha dado grandes artistas. ¿Por qué crees que tu música atrae a un público de todas las edades y gustos diversos?
La verdad es que no lo sé. Me haces pensar, y quizá sea porque soy una persona cercana que hace música con pasión y con el deseo de que llegue a todo el mundo, sin ser clasista, racista ni elitista, sin ser mensajero de un estilo concreto ni de una única manera de hacer.
También porque me he curtido en años de profunda crisis económica, tocando a taquilla en cientos de conciertos en bares y pequeños clubes, y porque he ido cuidando al público y ofreciendo proyectos variados que abarcan muchos estilos durante los 21 años que llevo viviendo en Barcelona. La gente viene a mis conciertos con curiosidad por ver qué les ofrezco de nuevo.
Ese es mi mayor premio: que personas de tantos lugares quieran venir a escuchar lo que hago, ¡y sin ser cantante! [risas], que suelen ser mucho más visibles y mediáticos. Pero por dentro, yo me siento un verdadero cantante.
Eres profesor en varios centros profesionales. ¿Qué te motiva a dar clases?
Ahora mismo, desde que nació mi hijo hace cinco años, me he apartado de los centros de docencia y me concentro en la actividad concertística y creativa.
Pero siempre he disfrutado dando clases porque amo la docencia. Mis padres han sido docentes toda su vida, les debo mucho a mis profesores y me encanta hablar de música y compartir con alumnos y alumnas de todas las edades.
Aparte de tus múltiples compromisos, ¿te queda tiempo libre para dedicarlo a tus aficiones? ¿Quieres compartir cuáles son?
Sí, me queda tiempo libre para disfrutar jugando con mi hijo, que es algo que me encanta. También pasear, mirar las nubes, ver películas, jugar al ping-pong o hacer el amor, que es algo que también me encanta.
¿Alguna actuación o proyecto reciente que desees compartir?
Acabo de publicar Tāctil, mi nuevo disco formado por 14 composiciones propias, para seguir jugando y volando junto a Aleix Tobias y Martin Meléndez, y que nos llevará a viajar por muchos lugares del mundo.
Paralelamente sigo girando con la gran cantante de fado portuguesa Lina_, con nuestro dúo y disco O Fado. También sigo ofreciendo conciertos a piano solo, y con mi trío y junto al gran guitarrista flamenco Chicuelo con nuestro disco Del alma. Además de mi proyecto con el coro de cámara del Palau de la Música, reinterpretando a Gesualdo. Además de algunos conciertos sinfónicos.
Finalmente, ¿qué proyectos tienes para 2026?
Lo que comentaba, y también la composición de un nuevo concierto para piano y orquesta, que estrenaré por encargo en el año Beethoven, en 2027.
Ya os iré informando. Tengo web nueva y allí podéis consultar las próximas novedades.











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