Tras sus conciertos con la Orquesta Sinfónica de Galicia y su recital en Salamanca, el violonchelista Maximilian Hornung tocará a principios de mayo en el Palau de la Música Catalana junto a la Franz Schubert Filharmonía. En esta entrevista nos habla de su experiencia en nuestro país, su reciente debut con la Filarmónica de Berlín o su labor como director artístico del festival Traunsteiner Sommerkonzerte.
Por Julio Alonso
Esta temporada está teniendo una presencia destacada en España, tanto con orquestas como en recitales. ¿Qué valoración hace de este recorrido y cómo ha sido su contacto con el público español en esos diferentes contextos?
Me encanta venir a España. Hay una atención muy especial y una gran sensibilidad hacia la música clásica, tanto por parte del público como de la sociedad en general, lo que crea un ambiente ideal y hace que tocar aquí sea un auténtico placer. Es algo que percibo prácticamente en todos los lugares a los que voy, y es realmente maravilloso.
Su reciente recital en el Teatro Liceo de Salamanca presentó un programa poco habitual, con sonatas originalmente concebidas para violín reinterpretadas desde el violonchelo. ¿Qué le interesó especialmente de este enfoque y qué nuevas perspectivas cree que aporta al repertorio?
El violonchelo, si se me permite, es un instrumento muy versátil en cuanto a registro y colores sonoros. Prácticamente todo se puede tocar en él. En este caso, se trata de obras que, interpretadas con el violonchelo, ganan una dimensión extra de calidez y profundidad, además de una mayor riqueza expresiva gracias a ese color más oscuro que, en mi opinión, les sienta muy bien.
El próximo 6 de mayo actuará en el Palau de la Música Catalana, en el marco del Sant Pau Festival interpretando, junto a la Franz Schubert Filharmonia, el Concierto para violonchelo n.º 1 de Camille Saint-Saëns, que está presente en varios de sus conciertos esta temporada. ¿Cómo es su relación con esta obra?
El Concierto n.º 1 de Saint-Saëns es, para mí, uno de los más ‘perfectos’ que existen para violonchelo. Su estructura, su forma, la propia música… todo fluye con una naturalidad, una originalidad y una autenticidad extraordinarias, como en muy pocos conciertos. Es una de mis obras favoritas y me acompaña desde hace años sobre el escenario.
Actuará además en el Palau de la Música Catalana, un espacio con una identidad acústica y estética muy definida. ¿Condicionan de alguna forma espacios como este sus conciertos?
Sí, sin duda. La acústica de una sala la utilizo siempre como si fuera un instrumento más, y además el ambiente, la atmósfera del lugar, aportan una sensación muy especial. Esa es la magia de la música: todo sucede en el momento, en interacción con el entorno.
El pasado septiembre debutó con la Berliner Philharmoniker interpretando Tout un monde lointain… de Dutilleux, una obra muy ligada a Rostropovich, quien la estrenó. ¿Cómo fue su experiencia con esta obra y que recuerdo guarda de este hito en su carrera?
Es una obra espectacular, que gira en torno a los sueños y a la belleza —y también la extrañeza— que se experimenta a través de ellos. Interpretarla con la Berliner Philharmoniker fue absolutamente inolvidable: una experiencia muy positiva y enormemente inspiradora en todos los sentidos.
En los últimos años ha desarrollado también una faceta como director, poniéndose al frente de orquestas como la Orchestra della Svizzera italiana o la Münchner Symphoniker. ¿Cómo influye esta doble perspectiva —intérprete y director— en su forma de afrontar la música y en su relación con la orquesta?
Cambiar de perspectiva es algo muy enriquecedor. Estudiar dirección y, sobre todo, abordar una partitura desde el punto de vista de un director ha influido muy positivamente en mi forma de tocar. He empezado a percibir muchas más cosas cuando toco con otros músicos, y mi capacidad de imaginación y creatividad ha crecido muchísimo.
Desde 2022 es director artístico del festival Traunsteiner Sommerkonzerte, que celebrará en septiembre su próxima edición en esta ciudad bávara. ¿Cómo surgió esta iniciativa y qué objetivos artísticos persigue en este proyecto?
Es un festival con mucha tradición en Baviera, activo desde 1980. Estaban buscando un nuevo director artístico y me propusieron asumir el cargo. Me hizo muchísima ilusión y acepté enseguida. Lo mejor es que el público es muy curioso y abierto, lo que hace que programar sea a la vez fácil y complicado: fácil porque tengo libertad total, pero exigente porque las expectativas son muy altas. Si solo programo repertorio ‘habitual’, la gente no vendrá; hay que arriesgar, y eso encaja perfectamente con lo que quiero hacer. Mi objetivo es desarrollar el festival y hacerlo crecer aún más.
Su repertorio combina las grandes obras para el violonchelo con piezas menos interpretadas o versiones de obras escritas para otros instrumentos, ¿qué responsabilidad cree que tiene el intérprete en la renovación del repertorio?
Creo que el repertorio para violonchelo tiene mucho más que ofrecer que los cinco conciertos habituales y unas cuantas sonatas. Aunque son obras maestras indiscutibles, es natural querer explorar y descubrir cosas nuevas. Al final, el músico es un transmisor: cuenta las historias que los compositores dejaron en sus obras, independientemente de lo conocidas que sean.










Deja una respuesta