La Orquesta y Coro Filarmonía de Madrid celebra 25 años de actividad ininterrumpida en busca de la excelencia y la cercanía. Lo que nació bajo el ala de El Conciertazo de TVE es hoy un ecosistema artístico consolidado que rompe barreras entre géneros. Pascual Osa nos habla sobre la evolución de un proyecto que integra diversas formaciones, de su vocación pedagógica y de cómo han logrado crear un fuerte vínculo con el público.
Por Julio Alonso
La Orquesta y Coro Filarmonía de Madrid ha cumplido 25 años. ¿Qué le llevó en el año 2000 a crear un proyecto propio como este?
Nuestro proyecto nace cuando creamos una orquesta sinfónica para el programa de Televisión Española El Conciertazo, junto a Fernando Argenta. A partir de ahí empieza todo. Ese fue el germen de lo que hoy es la Orquesta y Coro Filarmonía de Madrid.
Mirando atrás, ¿qué momentos han sido decisivos para consolidar a Filarmonía como un proyecto estable con temporada propia en el Auditorio Nacional?
El primer gran impulso fue el éxito de la orquesta en El Conciertazo. Se trabajaba muchísimo y eso permitió alcanzar un nivel artístico muy alto. Después, la creación de una temporada estable en el Auditorio Nacional de Música, junto al coro, fue clave. Eso nos ha permitido posicionarnos con fuerza dentro del panorama musical español.
Filarmonía es hoy un ecosistema que integra orquesta, coro, coro joven y escolanía. ¿Cómo ha ido creciendo esta estructura y qué aporta cada una de estas formaciones al conjunto?
El coro nació justo antes que la orquesta, y ambos han crecido de la mano. Hoy en día funcionan casi siempre juntos. Con el tiempo, la programación se ha ido ampliando y eso nos ha llevado a incorporar otras formaciones como la escolanía, el coro joven o incluso el ballet. Hemos construido una especie de pirámide artística que da solidez y versatilidad al proyecto.
Uno de los rasgos distintivos de Filarmonía es su vocación de acercar la música de las grandes salas de conciertos al mayor número de personas posibles. ¿Cómo se traduce ese objetivo en su programación y en iniciativas como ensayos abiertos o conciertos participativos?
No es solo importante para Filarmonía, es una necesidad para todas las entidades artísticas. En nuestro caso, ese objetivo empieza por el diseño de temporadas atractivas, variadas y con propuestas novedosas, pensadas tanto para el público habitual como para quienes se acercan por primera vez. Pero, más allá de la programación, creemos firmemente en generar experiencias que permitan al público entender, vivir y sentir la música desde dentro.
Los ensayos abiertos son un buen ejemplo de ello. Permiten descubrir cómo funciona realmente una orquesta: cómo se construye una obra, cómo se trabaja el detalle, cómo dialogan los músicos entre sí y con el director. Es una oportunidad única para mostrar todo el proceso que hay detrás de un concierto, que muchas veces permanece invisible para el espectador.
En esa misma línea, los conciertos participativos son una de las iniciativas más especiales que hemos desarrollado. Desde hace más de diez años, abrimos el escenario del Auditorio Nacional de Música a coristas amateur que, sin pertenecer a nuestros coros, desean vivir la experiencia de cantar junto a una orquesta profesional, solistas de primer nivel y acompañados por cantantes con más experiencia. Fue una idea en la que creí profundamente desde el principio: ofrecer a cualquier persona la posibilidad de formar parte de algo que, en muchos casos, parecía inaccesible. Lo que quizá no previmos es el impacto que tendría. Hoy contamos con más de 2.000 coristas en nuestra base de datos que desean repetir la experiencia año tras año, y ese número no deja de crecer. Subirse al escenario, sentir la música desde dentro y recibir el aplauso del público es algo que deja una huella imborrable.
Por último, también han cobrado mucha importancia las conferencias y encuentrosimpulsados por ‘Amigos de Filarmonía’, una iniciativa que surgió de manera muy natural la pasada temporada, a partir de la inquietud de nuestro propio público. Querían saber más: sobre nuestro funcionamiento, sobre la vida de los músicos, sobre lo que ocurre más allá del escenario. Gracias a ese interés, hemos creado espacios de encuentro en los que han participado directores internacionales, solistas de grandes orquestas europeas, así como creadores de otras disciplinas como la literatura o la coreografía. Todo ello contribuye a generar una relación mucho más cercana, profunda y duradera con el público.
En definitiva, se trata de abrir puertas, de eliminar barreras y de invitar a las personas no solo a escuchar música, sino a formar parte de ella.
P Filarmonía se ha distinguido por una programación ecléctica que rompe barreras: del gran repertorio sinfónico-coral a los musicales de Broadway o la música de cine. ¿Qué le interesa de este diálogo entre géneros?
Me interesa la variedad y la capacidad de sorprender. Trabajamos distintos estilos, pero siempre desde una base sinfónico-coral y con el máximo nivel de exigencia artística. Esa combinación es muy enriquecedora, tanto para los músicos como para el público.
Programas como ‘Viena en…’ o ‘El Conciertazo en familia’ se han convertido en señas de identidad. ¿Qué papel juegan en la conexión con nuevos públicos?
Es muy gratificante ver cómo un proyecto crece hasta convertirse en imprescindible para el público. ‘Viena en Madrid’, por ejemplo, lo repetimos desde los inicios de la orquesta, hace ya 25 años. Eso dice mucho. Son formatos que conectan, que crean tradición y que acercan la música de una forma muy directa.
El proyecto #ParticipativosFilarmonía ha reunido a cientos de aficionados en el escenario. ¿Qué aporta este intercambio entre profesionales y aficionados a la esencia de la agrupación?
Aporta muchísimo. Es una de las experiencias más emocionantes que hacemos. Muchas personas se unen a Filarmonía a través del canto y tienen la oportunidad de interpretar grandes obras con una orquesta profesional. Cada año participan más de 1000 personas. Ellos son, sin duda, el motor de esta iniciativa.
En los últimos años Filarmonía ha ampliado su actividad hacia la formación, tanto en centros educativos como en el ámbito superior. ¿Por qué considera clave esta apuesta pedagógica?
La formación es fundamental, no solo como complemento, sino como una parte esencial de nuestro proyecto. Nuestros primeros pasos en este ámbito los dimos en el Centro Cultural Eduardo Úrculo, donde pusimos en marcha nuestra primera escuela de música.
Posteriormente, un paso muy importante, ha sido la colaboración con la Universidad Internacional de La Rioja en el Máster de Dirección de Orquesta, un proyecto que sigue evolucionando y que ya avanza hacia su oficialización. Es un ejemplo claro de cómo queremos acompañar a los jóvenes músicos también en su desarrollo profesional, ofreciéndoles herramientas reales y contacto directo con la práctica orquestal.
A ello se suman las masterclasses con solistas internacionales, que aportan una visión enriquecedora y diversa. Son oportunidades únicas para los alumnos, que pueden trabajar con músicos en activo de algunas de las mejores orquestas europeas, conocer distintas escuelas y enfoques, y ampliar su perspectiva artística.
El pasado curso dimos además un paso significativo trasladando nuestra sede educativa al Colegio Alemán de Madrid. Este cambio no solo nos ha permitido crecer en estructura y organización, sino también ampliar nuestra presencia en otros centros, como el Brewster Madrid y su sede en La Moraleja. De este modo, estamos llevando nuestra propuesta educativa a distintos entornos, adaptándonos a las necesidades de cada comunidad.
Es un proyecto en plena expansión. Nuestro objetivo es seguir desarrollando una red formativa sólida, que abarque desde la iniciación musical hasta la especialización, y que esté conectada de manera directa con la actividad artística. En el futuro, me gustaría que Filarmonía se consolidara también como un referente en formación, creando itinerarios completos para los jóvenes músicos y generando espacios donde aprendizaje y escenario vayan siempre de la mano.
También dirige el Máster de Dirección de Orquesta en colaboración con UNIR. ¿Qué tipo de director cree que necesita hoy el mundo musical?
Es muy satisfactorio poder transmitir la experiencia. Hoy en día, un director tiene que estar muy bien preparado a nivel artístico, pero también debe tener una visión amplia, entender hacia dónde va el público y cómo conectar con él.
Para terminar, ¿cómo imagina Filarmonía de Madrid dentro de otros 25 años?
La imagino creciendo, como lo ha hecho hasta ahora, gracias a un gran equipo artístico y humano. Ese es el verdadero motor de Filarmonía y lo que hará que el proyecto siga evolucionando.










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