
La amplia carrera de Rodrigo Rodríguez le ha convertido en uno de los principales intérpretes de shakuhachi de nuestro país, con numerosas grabaciones y creaciones propias dedicadas a este instrumento de origen japonés. En su nuevo álbum, Shakuhachi Classics, adapta obras de Albinoni, Bach, Schubert o Brahms para versionarlas con el sonido del shakuhachi como protagonista.
Por Manuel Pacheco
¿De dónde nace tu interés por el shakuhachi? ¿Cómo llegas a especializarte en este instrumento?
Mi interés por la música nació desde muy pequeño y se desarrolló inicialmente a través de la música clásica europea, que estudié durante mi adolescencia. Fue a partir de los 15 años cuando escuché por primera vez música tradicional japonesa y el sonido del shakuhachi, una experiencia que me conmovió profundamente, aunque entonces no comprendía plenamente su trasfondo cultural. Alcanzados los 20 años tuve un reencuentro significativo con el instrumento y decidí viajar a Japón para estudiarlo en profundidad. Así comenzó un camino en mi vida que unió mi formación musical con una búsqueda estética y espiritual más profunda.
Tu nuevo disco, Shakuhachi Classics, continúa una práctica que ya iniciaste en álbumes anteriores: reinterpretar obras clásicas en el contexto del shakuhachi. ¿Con qué filosofía enfocas este cruce entre la tradición occidental y la japonesa?
En algunos casos, no en todos, mi enfoque consiste también en poner a prueba las capacidades del shakuhachi al interpretar obras que no fueron compuestas originalmente para este instrumento. Este desafío me brinda la oportunidad de explorar nuevos territorios sonoros y compartir la versatilidad del shakuhachi con una audiencia fuera de Japón, adaptándolo a contextos musicales para los que no fue concebido inicialmente. Al hacerlo, trato de ampliar las posibilidades del instrumento, enriquecer su capacidad de expresión y demostrar que, aunque la obra original haya sido escrita para otro tipo de flauta o instrumento, el shakuhachi puede aportar una dimensión emocional y técnica única a esas composiciones.
Para esta grabación has seleccionado una serie de obras de Albinoni, Bach, Schubert o Brahms. ¿Qué criterios has seguido para elaborar este repertorio?
En primer lugar, busqué piezas que, aunque proceden del repertorio clásico europeo, poseen una profundidad emocional que se puede transmitir de manera efectiva con el shakuhachi. Estas obras tienen la capacidad de resonar en un ámbito universal, más allá de las tradiciones musicales a las que pertenecen.
Me inspiré especialmente en mi maestro, Kohachiro Miyata, quien fue el primer músico en adaptar la música de Bach al shakuhachi en la década de 1970. Su enfoque me motivó a seguir esa tradición de reinterpretar obras clásicas, como las que él grabó en los años 70 junto a la Orquesta Filarmónica de Osaka y que muestran cómo la música occidental puede conectarse con la expresión y la técnica del shakuhachi de una manera singular.

Tomando como ejemplo la obra que abre el disco, el Adagio en Sol menor de Albinoni, ¿qué proceso has seguido para adaptar la obra, y qué aportaciones técnicas o estructurales has realizado a partir del original?
Para adaptar el Adagio en Sol menor de Albinoni al shakuhachi comencé por analizar detenidamente la partitura original, con el objetivo de identificar la línea melódica principal y los momentos clave de tensión y resolución. Mi objetivo fue respetar la esencia expresiva de la obra para trasladar su carácter y lenguaje al shakuhachi. Mantuve la estructura original, pero hice algunos ajustes sutiles en la dinámica para resaltar el carácter introspectivo de la obra. El acompañamiento con cuerdas y órgano busca aportar una atmósfera solemne y dar espacio al shakuhachi, sin restarle protagonismo.
Mi intención fue ofrecer una versión sencilla y contemplativa, cuidando siempre la obra original. Aunque también es cierto que algunos efectos u ornamentos melódicos, como el muraiki al final de la obra, dan una pincelada muy japonesa y ayudan a cerrar la pieza con una sensación de aliento final. Un silencio cargado de emoción, propio del lenguaje del shakuhachi.
¿Puedes definir para nuestros lectores la técnica del muraiki?
El muraiki es una técnica del shakuhachi que produce un sonido soplado, con mucho aire y una textura rugosa o con un timbre de aire marcado. Se logra exhalando con fuerza y control, generando un efecto que puede parecer un suspiro profundo o un aliento entrecortado. No es un error, sino un recurso expresivo que transmite emociones intensas como la tristeza, la melancolía o el vacío. Se usa para dotar al sonido de un carácter más humano y emotivo.

Considerando tu larga trayectoria y tu amplia producción discográfica, ¿dirías que Shakuhachi Classics supone un paso más allá en tu exploración de las posibilidades de este instrumento?
Sí, creo que Shakuhachi Classics representa un paso más en mi camino con el instrumento. Aunque he trabajado en muchos estilos y repertorios, la música clásica occidental siempre estuvo presente desde mi infancia. Con este proyecto he querido acercar el shakuhachi a ese mundo, sin forzarlo, dejando que respire con naturalidad dentro de un lenguaje distinto. Este disco ha sido un intento de diálogo respetuoso entre dos tradiciones que, aunque lejanas, pueden encontrarse en la emoción y el silencio.
Además de intérprete, eres autor de un gran número de obras para shakuhachi. ¿Cómo definirías o qué buscas transmitir con tus creaciones?
Con mis creaciones busco transmitir la profundidad de la experiencia humana a través del sonido. Entiendo la música no solo como un arte, sino como un lenguaje universal capaz de trascender barreras temporales y culturales. En un mundo que a menudo se encuentra sobrecargado de información y ruido, la música tiene la capacidad de devolvernos a un estado de introspección y conexión genuina con lo esencial.

¿Cómo se recibe en España la música creada o interpretada con el shakuhachi?
En España, como en muchos otros países, la música interpretada con el shakuhachi es a menudo desconocida al principio, lo que puede ser un obstáculo. El shakuhachi es un instrumento tradicional japonés, cuyo enfoque sonoro y técnico difiere profundamente del de los instrumentos occidentales más conocidos. Al ser algo tan alejado de la tradición musical europea, suele generar una cierta distancia inicial en quienes no están familiarizados con su historia o su sonido.
La versatilidad del shakuhachi, sin embargo, es uno de sus aspectos más poderosos, ya que su capacidad para adaptarse a diferentes estilos y géneros musicales lo convierte en un instrumento de una funcionalidad y expresividad excepcionales.









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