La soprano Sabrina Gárdez sigue consolidando su trayectoria tras su paso por escenarios como el Gran Teatre del Liceu o el Teatro de la Maestranza. Entre sus próximos compromisos figuran su debut con la National Symphony Orchestra de Washington, bajo la dirección de Gianandrea Noseda, nuevas producciones en Latinoamérica y recitales como el que ofrecerá dentro del ciclo Km0 de Ibermúsica.
Por Julio Alonso
El 14 de abril ofrecerás un recital dentro del ciclo Km 0 de Ibermúsica en el Auditorio del Centro de Cultura Contemporánea Condeduque en el que interpretarás obras de Alessandro Scarlatti, Martin y Soler o Carissimi, entre otros, junto al clavecinista Dani Espasa, ¿qué va descubrir el público de Sabrina Gárdez en este concierto?
El público va a descubrir cuánto me gusta esta música… una música que la mayoría de los cantantes hemos cantado en algún momento y nos trae recuerdos. Son piezas que se quedan con nosotros, pues la belleza que hay en su poesía y en sus melodías perdura hasta el día de hoy después de tantos siglos. Invito sinceramente a que la gente se anime, además de tener el privilegio de compartir escenario con el reconocido Daniel Espasa.
En el programa hay también obras de compositores contemporáneos como Helena Cánovas y Fabiá Santcovsky de quien estrenarás Habanera oscura (un encargo para esta ocasión de la Fundación Ibermúsica), que ofrece un punto de vista diferente sobre la Havanaise de Pauline Viardot, ¿que nos puedes contar de esta obra y cómo te sientes protagonizando su estreno mundial?
Esta obra tiene un lenguaje muy especial, marcado por las melodías con microtonos que generan una primera dificultad en el estudio para el intérprete. La respuesta de esta Habanera oscura es una contestación con un cambio de perspectiva al arquetipo tradicional del amor cortés, un punto de vista que transforma la forma en la que percibimos lo que dice el texto en la Havanaise, y nos revela algo un poco más oscuro, y quizá menos seductor de manera inocente como se piensa. Y ahí tenemos ese texto que cambia por completo la historia, porque ahora la ‘rubita’ contesta y no precisamente con un sí a su seductor.
Ofrecerás también próximamente más recitales con una parte de ese mismo programa junto al guitarrista Bernardo Rambeau en el Palau de la Música Catalana, el Festival de Santander, así como en Bilbao y Madrid. ¿Qué te aporta como intérprete el recital frente a la participación en producciones operísticas?
El recital es una manera más íntima de sentir al cantante, sin vestuarios, sin escena, sin todas esas cosas que ponen obstáculos a veces para ver cómo es el artista en cuerpo y alma. También para un cantante a veces es incluso más difícil que cantar en una ópera, por eso mismo, la desnudez es real, hay que estar muy mentalizado y crear una muy buena atmósfera para enganchar al público y cautivarlos con lo que estás ofreciendo.
A menudo se dice de ti que eres una artista en ‘evolución constante’, ¿en qué punto de esa evolución te encuentras tras haber pisado escenarios tan exigentes como el Gran Teatre del Liceu o el Teatro de la Maestranza?
Creo que todos los cantantes estamos de acuerdo en que nunca paramos de estudiar y de mejorar… uno nunca quiere estancarse. En mi caso, cada año se siente como si fueran muchos años o, incluso, cada mes, ya que cada día estoy en una búsqueda constante de perfección técnica y mi intención es exprimir mi instrumento hasta donde llegue, en el sentido de aprendizaje y mejora.
Cantar en esos teatros me dio muchas enseñanzas que me hacen crecer no solo como artista sino como persona. Por ejemplo, haber cantado en el Liceu con un reparto tan exigente y en un teatro tan grande —mi primero de esas dimensiones— hace una gran diferencia. En el Liceu hay una gran tradición operística y el público está siempre pendiente al detalle, lo que implica gran concentración y también mucha tensión en cada función. Tuve la suerte de debutar con un rol como Lisa, que no es un rol pequeño, y eso es algo que agradezco mucho. Además, uno se prueba y ve cómo responde la voz en un teatro grande en ese momento de la vida. Ahora han pasado muchas cosas desde que canté en el Liceu y, como dices, ha habido una gran evolución desde ese entonces.
Has recibido reconocimientos como el Primer Premio en el Concurso de Canto Josep Palet o el Concurso Internacional de Canto ‘Martín y Soler’. ¿De qué manera estos galardones sirven de impulso para una artista joven?
Los concursos son extremadamente importantes en la carrera de un cantante. Pierdas o ganes, siempre hay alguien que te ha escuchado y, aunque no seas premiado, te pueden proporcionar una oportunidad que puede significar un antes y un después en tu carrera. Yo animo mucho a los cantantes a, poco a poco, ir presentándose: te da currículum, te da reconocimiento y te puede cambiar la vida, como fue mi caso. Pese a los nervios, pese a que uno piense que aún no es el momento —porque claro, uno siempre quiere presentar la mejor versión de sí mismo como artista—, hay que probar, elegir bien y ver qué depara la vida.
A finales de este mes debutarás con la National Symphony Orchestra de Washington bajo la dirección del maestro Gianandrea Noseda en Il Trittico. ¿Qué supone para ti este debut en Estados Unidos y trabajar con una batuta de la relevancia de Noseda en el universo pucciniano?
Esto para mí es algo verdaderamente increíble, agradezco mucho tener esta oportunidad tan grande para mi carrera. Hace unos años ni me lo habría podido imaginar. Para mí va a ser un privilegio debutar con Noseda en Il Trittico. Admiro mucho su maestría en Puccini, su forma de hacer sonar la orquesta rica y expresiva van a ser un lujo. Espero con ganas esa colaboración. Y, aunque tengo un papel en cada ópera, qué más puede pedir una soprano que cantar Lauretta con su famoso ‘O mio babbino caro’. Solamente intentaré hacer mi mejor versión con esa aria tan conocida mundialmente y que tantas divas han cantado hasta ahora. Es difícil encontrar algo que haga emocionar cuando se ha escuchado tanto y cuando ya hay referentes tan establecidos como María Callas. Yo voy a hacer todo lo posible para crear mi propio ‘O mio babbino caro’. Pero Lauretta no es solo el aria, es precioso todo el rol, sobre todo ese dueto final con el tenor, que es lo que más me gusta de toda la ópera.
Además, esta temporada estás presente en diversos escenarios en Latinoamérica: interpretaste Sophie en Werther en la Ópera de Santiago de Chile y serás Cora en Atahualpa en la Ópera de Lima.
Sophie es un papel que recuerdo con mucho cariño, ya que fue mi primer papel protagonista en ópera francesa y lo disfruté mucho: el aprendizaje, el estilo, el constante perfeccionamiento en el francés. Y sobre todo porque resultó ser un personaje muy alegre e inocente, diferente a los que había hecho anteriormente —Musetta, Lisa, por ejemplo—. Esa fue mi primera producción en Latinoamérica…son muy emocionantes las primeras veces, justamente porque solo ocurren una vez en la vida. Además, Chile es un país maravilloso al que le tengo un amor especial al tener familia allí. Sin duda me encantaría poder volver, además de que ese teatro es fantástico para los cantantes, tan fácil, tan bueno y tan bonito.
Por otra parte, estoy muy ansiosa de ir a Perú sobre todo porque, aunque la ópera no sea conocida, es sorprendentemente buena. Mi papel de Cora es un papel protagonista, tengo muchas arias y conjuntos con bellas melodías y momentos de lucimiento vocal. La partitura de Carlo Enrico muestra ecos claros de Donizetti y del primer Verdi; está anclada al estilo romántico, pero incorpora elementos musicales locales. Además, va a ser un reencuentro con personas con las que he trabajado hace años, lo cual siempre crea mucho entusiasmo.
Naciste en La Habana y realizaste tus estudios superiores en el Conservatorio del Liceu de Barcelona, pero ¿cuándo descubriste que querías ser cantante y qué es lo que más te animó a perseguirlo?
Yo estuve en el coro de mi colegio desde los 6 años. Un año hicimos un homenaje a la ópera en el que cantábamos, digamos, los hits del repertorio. Fue entonces cuando mi director vio que mi voz estaba muy desarrollada para la edad —yo tenía unos 11 años— y decidió comentarlo con el director del colegio, quien además cantaba en el coro de padres y adultos. Ambos se lo dijeron a mis padres.
La noticia los dejó atónitos, ya que yo nunca les había dicho nada, no cantaba en la casa y era una niña muy reservada para mis cosas. Recuerdo que iba a la hípica por aquel entonces y me encantaba, pero me hicieron elegir entre la música y los caballos, y opté por la música. Mi madre, que sabía cuánto me gustaban los caballos, comprendió entonces que mi decisión iba en serio y que quería iniciar un camino totalmente nuevo. En ese momento no sabía nada de solfeo, solo lo que nos enseñaban en la asignatura de música del colegio. A partir de ahí, mi objetivo de llegar a ser cantante fue constante año tras años, con altibajos, pero esforzándome por aprender y entrar a estudiar en distintos conservatorios, un proceso que no fue fácil.
En una entrevista, hace cuatro años, decías que tu gran sueño era poder cantar en grandes teatros de ópera. Ahora que ya has cantado en varios de ellos qué otros sueños esperas que se cumplan en tu carrera.
Para empezar, fue algo muy emocionante para mí haber cantado en grandes teatros como el Liceu con un cast maravilloso. Las lágrimas vinieron de forma inevitable en los aplausos de la última función, tras la concentración constante de siete funciones previas.
Hay varios roles que espero que se cumplan en el futuro próximo, como podrían ser Lucia di Lammermoor, Gilda, Amina, Susanna, Juliette, y otros para los que aún faltan bastantes años y en los que tendremos que ver si mi voz va hacia allí: Tosca, Norma, Cio Cio San, Santuzza, Liù, Lady Macbeth, Abigaille, las reinas de Donizetti… mucho Verdi y mucho Puccini. Y muchos otros que también están en mi lista. Así que se diría que tengo muchos sueños por cumplir en esta larga carrera.










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