
Casi dos temporadas después de asumir la dirección titular y artística de la Orquesta de Córdoba, Salvador Vázquez afronta un momento de consolidación profesional marcado por su intensa actividad lírica. La recuperación de Margot de Turina, Macbeth de Verdi o el próximo estreno de La fille du régiment de Donizetti son algunos de sus últimos proyectos sobre los que reflexiona en esta entrevista.
Por Manuel Pacheco
En una conversación reciente con Melómano señalabas el lugar central que ocupa la lírica, tanto en tu trayectoria previa como en tus planes de futuro. Esta temporada hemos visto materializarse varios de estos planes, comenzando la recuperación de Margot de Turina. ¿Hasta dónde se remonta tu relación con esta partitura y cómo se ha materializado el proyecto?
Mi relación con Margot nace hace ya algunos años, a través del interés por el catálogo lírico menos transitado de Turina y, en general, por todo ese patrimonio operístico español que todavía permanece parcialmente oculto. Cuando uno se acerca a estas partituras descubre no solo un enorme valor musical, sino también una parte muy importante de nuestra historia cultural. En el caso de Margot, lo que me atrapó desde el principio fue la calidad de la escritura orquestal, así como la capacidad narrativa de la propia música.
La materialización del proyecto ha sido un proceso complejo, pero a la vez muy ilusionante, en el que ha sido fundamental la implicación de muchas personas e instituciones y muy en especial, de la Fundación Kutxabank. Haber podido hacerlo junto a la Orquesta de Córdoba, Coro de Ópera de Córdoba y el elenco de solistas con el que hemos contado, ha sido especialmente significativo.
Para aquellos que aún no han podido escuchar la obra, el sello IBS Classical publicará la grabación en fechas próximas. Pero, para los más curiosos, ¿qué puedes contarnos sobre la música que Turina plantea en esta ópera?
Creo que Margot muestra a un Turina profundamente inspirado, con una escritura muy refinada y una gran sensibilidad dramática. Hay una riqueza armónica y tímbrica muy característica de su lenguaje, pero también una clara vocación teatral, ya que, como decía anteriormente, la música tiene una profunda capacidad de sostener el discurso. La orquesta, por tanto, tiene un papel absolutamente protagonista, ya que su escritura no es un mero acompañamiento, sino que dialoga con la línea vocal.
Además, es una obra en la que conviven influencias de su etapa parisina, así como el folclore español y especialmente el andaluz, todo bajo ese universo sonoro tan personal de Turina. Todo ello da como resultado una partitura muy evocadora y con una identidad muy definida.
En marzo regresaste al Gran Teatro de Córdoba para abordar una producción de Macbeth de Verdi. Siempre se habla del reto que supone para los cantantes enfrentarse a los grandes títulos del repertorio, pero ¿cómo se vive este desafío desde el podio?
Desde el podio también se vive como un gran reto, porque Verdi exige muchísimo a todos los niveles. Macbeth es una obra de enorme intensidad dramática y con una complejidad musical extraordinaria. Una de las dificultades fundamentales, consiste en sostener constantemente la tensión teatral, equilibrar la relación entre escena y orquesta y, al mismo tiempo, ofrecer a los cantantes el espacio y la flexibilidad que necesitan.
En Verdi todo está al servicio del teatro y muy especialmente en esta ópera. No basta con dirigir bien musicalmente, hay que entender el pulso dramático de cada escena y construir el discurso con los personajes.
Este montaje, diseñado por José Luis Castro y proveniente del Teatro Villamarta de Jerez, incluyó un elenco y equipo íntegramente nacional. ¿Cómo evalúas el trabajo lírico y escénico que se está produciendo en España en estos últimos años?
Creo sinceramente que en España estamos viviendo un momento artístico muy sólido. Hay una generación de cantantes, directores de escena, escenógrafos y músicos con un nivel extraordinario y con una personalidad muy definida. A veces no somos plenamente conscientes de la calidad que tenemos dentro de nuestras fronteras y esto es uno de nuestros mayores defectos.
También me parece importante destacar que cada vez existe una mayor ambición artística en los proyectos y producciones que se llevan a cabo en nuestros teatros. Vemos también cómo se hace un gran esfuerzo por democratizar más la lírica y acercarla a más público, especialmente al público joven, y podemos ver en los teatros iniciativas muy interesantes y exitosas. Todo ello demuestra que el ecosistema lírico español tiene muchísimo potencial.
Ambos proyectos, Margot y Macbeth, contaron con la participación de la Orquesta de Córdoba. En la entrevista que mencionábamos acababas de comenzar tu periodo como director titular y artístico de esta formación. Casi dos temporadas después, ¿qué valoración haces del trabajo que habéis desarrollado?
La valoración es muy positiva. Han sido dos temporadas de mucho trabajo y también de una gran evolución compartida. Desde el principio hubo una conexión artística y humana muy especial con la orquesta, y eso ha permitido afrontar proyectos muy diversos con ambición y confianza mutua.
Creo que hemos conseguido desarrollar una identidad artística muy clara, ampliar repertorios y asumir retos importantes tanto en el ámbito sinfónico como en el lírico. Pero, más allá de los programas concretos, lo que más valoro es el crecimiento colectivo y el compromiso que existe dentro de la orquesta. La Orquesta de Córdoba tiene un potencial inmenso, sin embargo, es una potente máquina que no funciona a plenas capacidades debido a la acústica en la cual desarrolla su actividad.
¿Qué proyectos te esperan junto a esta orquesta para los últimos meses del curso?
Ya estamos en la recta final de una temporada que, desde mi punto de vista, ha dado un paso adelante en cuanto a su planteamiento. Aún nos queda abordar algún concierto de abono, así como conciertos extraordinarios como el tradicional Festival de la Guitarra. En este último se hará un homenaje a Manuel de Falla en el 150.º aniversario de su nacimiento. La orquesta además, continúa su labor más allá de la temporada de abono, visitando otros núcleos dentro del ciclo ‘La orquesta suena en la provincia’.
Hablando también de compromisos futuros, en unas semanas regresarás al podio de la Orquesta Filarmónica de Málaga para dirigir La fille du régiment de Donizetti. ¿Cómo se está desarrollando el trabajo en torno a esta producción?
Está siendo un proceso muy estimulante. La fille du régiment es una obra llena de vitalidad, de ritmo teatral y de una energía muy particular. Donizetti maneja la comedia con una inteligencia extraordinaria, pero detrás de esa aparente ligereza hay una precisión musical de una enorme belleza.
Además, volver a trabajar con la Orquesta Filarmónica de Málaga siempre es un placer, ya que, particularmente me siento en casa. Existe una relación artística muy fluida y eso facilita mucho el trabajo desde el primer ensayo.
Nos decía la directora de escena Ana Contreras que ‘la comedia es muy difícil: requiere gran precisión y es cultural’. No sé si compartes esta apreciación pero, de ser así, ¿cómo se aborda este reto desde el foso?
La comparto completamente. La comedia requiere una precisión casi quirúrgica porque el ritmo lo es todo. Un pequeño cambio en el tempo o en la respiración puede modificar completamente el efecto dramático de una escena y esto es una de las cuestiones que más dificultad presenta: el arco de la tensión y el discurso.
Desde el foso, el trabajo consiste en construir esa elasticidad teatral junto a los cantantes y la escena. Hay que acompañar constantemente lo que sucede arriba, escuchar mucho y tener una enorme capacidad de reacción. Y, efectivamente, también existe una dimensión cultural: el humor cambia según los códigos de cada época y de cada público, así que encontrar el equilibrio adecuado es parte esencial del trabajo.
Turina, Verdi, Donizetti… ¿Hay algún autor o periodo operístico con el que sientas más afinidad como director?
Me siento especialmente cómodo en repertorios donde la relación entre música y teatro es muy orgánica e intensa. Evidentemente, el repertorio italiano ocupa un lugar muy importante para mí, porque posee una capacidad única para convertir la emoción en discurso musical.
Pero también tengo una afinidad muy profunda con la música española, especialmente con aquellos compositores que supieron desarrollar una voz propia dentro de la tradición europea. Me interesa mucho explorar ese repertorio y contribuir a que tenga una mayor presencia en los escenarios. En cualquier caso, más que pensar en estilos concretos, lo que realmente me atrae son las obras que tienen verdad teatral y una personalidad musical fuerte.









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