
Sergei Babayan ofrecerá el próximo 21 de mayo su primer recital en España, en el marco de la temporada de conciertos de Maelicum. El pianista armenio visitará la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música de Madrid con el programa ‘Songs’, que profundiza en los misterios de la melodía.
Por Manuel Pacheco
¿Qué puede esperar el público español de ‘Songs‘, el programa con el que ofrecerás tu primer concierto en nuestro país?
He querido invitar al público a un viaje hacia la gran pregunta de la música: ‘¿qué es una buena melodía?’. Este recorrido nos llevará desde Franz Schubert hasta Charles Trenet. Espero que el oyente disfrute siguiendo el modo en que la canción popular moderna y la canción artística han evolucionado a lo largo del tiempo. Tanto en su forma original, con letra cantada, como en forma de transcripción para instrumento, una canción sin letra.
A propósito de la composición de canciones, indicas que la melodía ‘sigue siendo el último misterio’. ¿A qué te refieres con esta afirmación?
La melodía es un misterio eterno. Ninguna inteligencia artificial será capaz de explicar con exactitud cómo Bach, y todos los que vinieron después de él, pudieron dar con una voz principal que cautivara nuestro oído y se quedara con nosotros. Cada aspecto en la composición puede ser estudiado y analizado, los patrones pueden ser detectados y puestos al descubierto, pero una melodía hermosa no puede ser explicada, al igual que el amor no tiene explicación.
El recital dará comienzo con las transcripciones que Liszt hizo de diversas canciones de Schubert. ¿Cabe considerarlas como un punto de partida o una síntesis del resto del programa?
Me parece útil sumergirme en el mundo de la canción con Schubert como punto de partida. Este compositor nos regaló cientos de melodías eternas, muchas de ellas muy populares y de gran influencia en la música popular y folclórica. Y Liszt eligió muchas de ellas para diferentes niveles de transcripciones, tanto arreglos muy fieles a la partitura original con voz, como obras maestras de gran virtuosismo inspiradas en la canción original. Esta amplitud de posibilidades a la hora de transformar una canción en música para piano me fascina.
Cada parte del programa muestra diferentes acercamientos a la melodía: la primera exhibe el lirismo romántico y posromántico, y la segunda reúne piezas neoclásicas o inspiradas en el folklore. Esta selección, que además evita los ‘grandes éxitos’, ¿esconde una intención didáctica?
Mi objetivo es contar una historia interesante a través de la música, no dar una lección académica. Este programa no tiene nada de enciclopédico, faltan compositores muy importantes y tradiciones musicales enteras. Me fijo en diferentes linajes de la escritura musical y toco lo que más me gusta y lo que constituye una secuencia convincente de claves y emociones. Hay melodías muy conocidas, pero también hay, por ejemplo, una obra maestra como Einleitung und Lied de Hindemith, un compositor que nadie asociaría con los éxitos musicales del canto. La profunda belleza de su línea melódica procede de la inmensamente compleja construcción musical sobre la que se ha edificado. Es perfecta. Me fascina.
¿Qué guiños a la música española podemos encontrar en ‘Songs’?
Hay un elemento ibérico por el que siempre me he sentido muy atraído, y que va más allá de la música estrictamente española. Las obras de Mompou, Ponce, Guridi y Albéniz que he incluido en el recital tienen una ligereza elegante, que hace que la melodía flote en el aire y sea muy sugerente. Incluso contienen asociaciones visuales, y casi olfativas, con el mundo ibérico.
El concierto incluye también tres canciones de Komitas, un compositor de gran relevancia en tu Armenia natal. ¿Qué vínculo te une con este autor?
Como artista que creció en Armenia, siento una conexión casi genética con la música de iglesia y la canción popular que Komitas recogió y escribió. Estaba por todas partes en su época, y también en la mía. Komitas se convirtió en el primer compositor armenio aceptado en el mundo occidental como el genio que era, y no se pueden exagerar sus méritos a la hora de captar y preservar el tono específico de la melodía armenia. En sus obras hay una simplicidad frágil, casi minimalista, que me ha conmovido profundamente desde mi más tierna infancia. Sus piezas están construidas con una perfección tan delicada que uno no podría eliminar ni una sola nota. En mi opinión, eso es lo que hace grande al arte.
Finalmente, también hay referencias a la música popular y al jazz, como esa Improvisación núm. 15, ‘Hommage à Edith Piaf’, de Poulenc, En avril à Paris de Charles Trenet (en transcripción de Weinssenberg) u Oh lady, be good de Gershwin.
Artistas como George Gershwin, Alexis Weissenberg y Francis Poulenc eran fantásticos pianistas y tenían un profundo conocimiento de las posibilidades y la riqueza de nuestro instrumento. También tocaré un arreglo de Keith Jarrett, se formó inicialmente como concertista de piano clásico. Existen muchas versiones para piano de algunas de las más grandes canciones, pero tanto pianística como musicalmente muchos de ellos carecen de interés en comparación con la canción original. Interpretar estos exigentes arreglos es una hermosa forma de rendir homenaje a la música de origen. Las transcripciones para piano de estas piezas de Trenet, por ejemplo, son extraordinarias obras de arte. Solo hay que distinguir entre buena y mala música.
A propósito de esto, en 2018 publicaste un disco con tus propias transcripciones para piano de obras orquestales de Prokófiev, y ‘Songs’ incluye nuevas transcripciones que has escrito, para canciones de Grieg y Fauré. ¿Cómo abordas el proceso de escritura de una transcripción?
Tomar una pieza musical compuesta para orquesta o voz y convertirla en una pieza para piano solo es un trabajo de amor y devoción que crece con el tiempo. Siempre seré fiel a la melodía y a las armonías, pero transformar los colores de una orquesta y de un cantante en una obra que utilice la gama del piano de forma significativa requiere una inmersión profunda en la escritura de un compositor determinado. Tomaré, por ejemplo, Au bord de l’eau de Fauré: para transcribir esta canción tendría que pasar muchas, muchas horas tocando la música para piano de Fauré, sus nocturnos, barcarolas y romanzas… Solo cuando sintiera que he interiorizado y que tengo en mis manos el particular uso pianístico de Fauré de las armonías y los colores, solo entonces me atrevería a escribir una transcripción de una pieza creada originalmente para un instrumento diferente.











Deja una respuesta