
Hugo Gómez-Chao es un joven compositor con una destacada proyección internacional. En este texto se analiza schattenhaft, encargo de la Real Filharmonía de Galicia bajo la dirección de Baldur Brönnimann. La pieza se caracteriza por una fuerte expresividad, contrastes dinámicos y una estructura en constante transformación. Mezcla ritmos intensos con pasajes contemplativos, mostrando un dominio técnico y creativo de la composición contemporánea.
Por Joan Gómez Alemany
Introducción biográfica
En el panorama actual de la música contemporánea, muy pocas figuras tan jóvenes como Hugo Gómez-Chao (A Coruña, 1995) están alcanzando una gran proyección gracias a su constante y variado trabajo. Por ello, conviene trazar unos breves apuntes biográficos que nos ayudarán a entender mejor la obra que se analizará posteriormente.
Gómez-Chao estudia con Beat Furrer en la Kunstuniversität de Graz (Austria) y con Ramon Lazkano en Musikene de San Sebastián. Ha sido compositor residente de la Real Academia de España en Roma (2022-23) y también de Juventudes Musicales de España (2019). En 2018 funda el Festival RESIS de A Coruña y en 2022 Arxis Ensemble, siendo en ambos el director artístico, y en el ensemble, junto al percusionista del grupo, Noè Rodrigo Gisbert. La música de Gómez-Chao ha sido interpretada en diversos países por reconocidas formaciones como el Arditti Quartet, Klangforum Wien, Ensemble Modern, Vertixe Sonora, Orquesta Sinfónica de Galicia, Real Filharmonía de Galicia, entre otras. Desde 2023 es comisario del Premio Andrés Gaos y asesor del Área de Cultura de la Diputación de A Coruña en el ámbito de la música.
Las sombras en el cine y el estreno de la obra
La obra analizada en este texto se titula schattenhaft, una palabra que según el compositor podría traducirse como ‘ensombrecido’, aunque Mahler lo emplea en el Scherzo de su Séptima sinfonía con el sentido de ‘fantasmagórico’. Para aclarar un poco más el significado, y a su vez entender posibles paralelismos con schattenhaft, podemos ir a la raíz de la palabra que proviene de schatten, ‘sombra’ en alemán. Una temática que recorre diferentes artes como el cine de Ingmar Bergman, que Hugo conoce bien, ya que en algunas de sus películas abundan los teatros de sombras y evocaciones a la linterna mágica. No resulta casual que este dispositivo diera título a las memorias del director. Incluso una película expresionista dirigida por Arthur Robison en 1923, se titula Schatten. Para terminar con el cine podemos citar al escritor ruso Máximo Gorki que, al ver uno de los pioneros filmes mudos, escribió atónito que se encontraba ante ‘el reino de las sombras’.
Otra de las artes que interesan mucho a Gómez-Chao es la poesía, como la de Rainer Maria Rilke, quien, con sus Sonetos a Orfeo, ha inspirado a multitud de músicos. Se ha de tener en cuenta que el padre del compositor es Xurxo Gómez-Chao, un reconocido artista visual especializado en fotografía, de ahí que Hugo haya estado inmerso desde sus orígenes en un imaginario artístico y visual.
La música no es muda como las sombras, y especialmente schattenhaft para una gran orquesta con capacidad de producir innumerables timbres e intensidades. Esta pieza de una extensión considerable (16 minutos) fue encargada por la Real Filharmonía de Galicia, que estrenó la composición bajo la dirección de Baldur Brönnimann el 21 de noviembre de 2023 en el Auditorio Afundación Vigo. Además, el día 22 se grabó y el 23 fue interpretada de nuevo en el Auditorio de Galicia en Santiago de Compostela. El reconocido crítico gallego Paco Yáñez acudió al estreno y relataba en un texto suyo los comentarios de Gómez-Chao en la presentación de su obra, donde explicaba que: ‘El ruido, como la armonía, son recursos igualmente válidos que aportan elementos de emoción, color y matices que cualquier compositor actual debe dominar y poner en valor’.
Las sombras en la música
Si anteriormente hemos visto que las sombras son constantes en el cine, en la música también lo son. Por poner dos ejemplos de compositores españoles que Hugo conoce personalmente, Alberto Posadas (1967) escribe un largo ciclo llamado Sombras (2010-12), para soprano, clarinete y cuarteto de cuerdas, mientras que Voro Garcia (1970) compone Sordas insignias de la sombra (2010) para viola y orquesta de cámara. Un referente internacional de Gómez-Chao es Helmut Lachenmann (1935), quien titula una composición suya Klangschatten (1972) para 48 cuerdas y 3 pianos, que podría traducirse por ‘sombras sonoras’. Precisamente este 2025 el compositor cumple 90 años y merecidamente el Festival RESIS que dirige Gómez-Chao le dedicó varios conciertos para reivindicar su obra, lamentablemente poco interpretada en España. También este 2025 se celebra otro importante aniversario, los 100 años del nacimiento de Pierre Boulez (1925-2016), también interesado en la temática que analizamos, como refleja el título de su pieza compuesta en 1985 Dialogue de l’ombre (Diálogo de la sombra) para clarinete y electrónica.
Los ejemplos podrían multiplicarse, pero estos pocos pueden contextualizar schattenhaft, demostrando que la imagen lumínica de la sombra bien puede utilizarse como metáfora sonora. Esta puede ejemplificarse en la resonancia de un gesto musical, en las gradaciones de intensidad entre un sonido fuerte y otro suave, relaciones de tempo entre uno rápido y otro lento, etc. Todos estos recursos se escucharán en la pieza junto a una gran variedad de texturas y técnicas, que bien reflejan el buen dominio de la composición y la orquestación que tiene Gómez-Chao.
Claves analíticas de schattenhaft
La obra del compositor gallego se inicia como una poderosa tormenta que desconcierta sin lugar a dudas al oyente, inundado por una gran ola de sonidos. Estos generalmente están organizados en breves fórmulas repetitivas pero que van evolucionando poco a poco, como células en transformación. Una sonoridad que Gómez-Chao comparte con su maestro Beat Furrer, cuya influencia se percibe en su música. Estos motivos concisos y vertiginosos crecen y decrecen, y en algunos momentos se consolidan en potentes ritmos, como breves y contundentes ostinati que remiten al Scherzo de la Novena de Bruckner, como nos ha contado el compositor. También podemos pensar en el mundo musical de La consagración de la Primavera de Stravinski, o en una poderosa máquina locomotora, dada la violencia mecánica de los gestos rítmicos.
La explosión sonora caracteriza de forma original el comienzo, dado que no encontramos una estereotipada introducción que crece poco a poco y cómodamente prepara al oyente. En cualquier caso, habría sido un ‘suicidio’ mantener esa energía durante los 16 minutos de la obra, por eso, el compositor hábilmente decide ralentizar el tempo para no saturar, tanto a los músicos como a los oyentes. Hacia el cuarto de la pieza la orquesta decrece en gran medida, y ya no alcanzará de nuevo el estruendo tutti del inicio, que a veces acariciaba el componente ruidista del sonido. En las secciones más lentas, Gómez-Chao recurre a una instrumentación orquestal mucho más camerística, en contraposición a las grandes masas homogéneas de los tempi rápidos. Este cambio de color, muy mahleriano, otorga variedad a una composición que fluye orgánicamente, como la sombra cambiante de una nube. Podemos visualizar ya la estructura general de la obra como una especie de zigzag, que en su inicio tiene su pico más alto, hasta alcanzar el punto más bajo cuando la música termina disolviéndose en el silencio.
Un acorde, varias pinturas y el chiaroscuro
La obra prosigue entrelazando diversos motivos que van de instrumento en instrumento en una especie de laberinto musical, todo combinado por tempi rápidos y lentos. No obstante, hacia los dos tercios de la pieza se escucha en la orquesta con gran intensidad un trágico y largo acorde en Re menor, que para más contraste había sido precedido por una textura veloz y contrapuntística. La homofonía del acorde parece surgir como un relámpago sorprendiendo al oyente, ya que le transporta a un material muy diferente. En ese instante se detiene el movimiento que había hecho evolucionar el material musical, dando paso a la parte más lenta y desnuda de la composición, una especie de glaciar sonoro que nos transporta a un tempo adagio muy contemplativo.
Conociendo a Hugo y su gran interés por el Romanticismo artístico, la parte lenta nos recuerda a un precioso cuadro, El monje frente al mar de Caspar David Friedrich, pero también podríamos señalar un cuadro de Mark Rothko. Él renuncia a la figuración clásica para producir un paisaje abstracto, moderno y sublime. El mundo artístico de Friedrich y Rothko a primera vista son muy diferentes, pero si se analizan en profundidad, guardan muchas similitudes. Lo mismo podría comentarse de ese Re menor que, como sacado de una sinfonía de Bruckner, aparece en una obra contemporánea. Hay que tener en cuenta que el símil pictórico también puede establecerse en la misma concepción de schattenhaft, ya que la traducción de su título como ‘ensombrecido’ sugiere la técnica artística del chiaroscuro. Como en un lienzo de Caravaggio, esta técnica crea fuertes contrastes entre sombras y luces para muchas veces producir un fuerte dramatismo. Algo que en la paleta orquestal de Gómez-Chao se realiza de manera muy refinada y preciosista, modelando las masas de sonido como en un verdadero claroscuro. El interés del compositor por lo visual nos recuerda otra obra suya para orquesta, que pudimos escuchar en directo durante su estreno en el Festival Ensems de València, Libro delle immagini III (2020), por la Jove Orquestra de la Generalitat Valenciana bajo la dirección de José Luis Estellés.
Il suono mobile y la síntesis entre tradición-vanguardia
En el adagio casi elegíaco de schattenhaft que recuerda ciertas composiciones de Giacinto Scelsi se asoman sonoridades en unísono punteadas por varios multifónicos del piano. Estos parecen marcar la respiración de una música delicada y frágil como si fuera un espíritu, que podría encarnarse en el muy tenue y tendido sonido del e-bow. Este es un dispositivo electrónico que con un imán hace vibrar constantemente la cuerda interior de un piano, como si estuviese tocada por un arco (bow en inglés) de violín. Rodeando este pedal sonoro aparecen de manera delicada otros instrumentos construyendo un trabajo muy refinado con el timbre, una idea que explora lo que Luigi Nono llamaba il suono mobile. El compositor italiano es un gran referente para Hugo Gómez-Chao, y por eso le dedicó el año pasado en su centenario de nacimiento una serie de conciertos en el Festival RESIS. Incluso comisarió sobre él una exposición en la Fundación Luis Seoane, titulada Y su sangre ya viene cantando.
En una especie de déjà vu termina schattenhaft con la vuelta al acorde de Re menor, pero con un carácter totalmente opuesto a la aparición previa. Ahora suena como si fuese su sombra, muy tímido y apagado, porque la pieza se va disolviendo hasta que un ruidoso gesto del plato hace expirar el último aliento de la obra. Este efecto se produce gracias al movimiento circular de una baqueta sobre el instrumento de percusión, resultando en la aparición de un armónico muy agudo y evanescente, que semeja un fantasma. Podría tratarse de una imagen surrealista, como la comentada por Walter Benjamin en sus escritos sobre el París de Charles Baudelaire. El filósofo alemán quedó fascinado por la fantasmagoría y la utilizó para describir las misteriosas calles y antiguos almacenes de la ciudad, que en la época de Benjamin se habían transformado radicalmente.
Parece que Hugo con este final, y en cierto modo con toda la obra, establece un sugerente diálogo entre lo antiguo, representado en el acorde menor, y lo contemporáneo, reflejado en la búsqueda de nuevos timbres y técnicas asociadas a la experimentación musical, como ese destello sonoro final producido con el plato de percusión. Al inicio del texto se hacía referencia a la armonía y el ruido, dos elementos que también podrían respectivamente encarnar la tradición y la vanguardia, dos mundos no siempre antagónicos, como a veces se piensa. Ambos pueden dialogar y crear obras poderosas e interesantes como es capaz de hacer con gran maestría el arte del tiempo por excelencia: la música. Así es schattenhaft de Hugo Gómez-Chao.



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