En la deslumbrante y efímera carrera de la pianista, compositora y directora orquestal María de la Fuente Hermosa de Pablos Cerezo (Segovia, 1904-Madrid, 1990) encontramos momentos de inflexión envueltos en misterio. Ignoramos por qué abandonó los estudios con Dukas y Boulanger en París; por qué, después de ejercer como profesora en el Conservatorio de Madrid, causó baja y rehusó presentarse a las oposiciones de la plaza; desconocemos qué enfermedad propició su reclusión en un centro psiquiátrico durante casi cincuenta años.
Por Alejandro Santini Dupeyrón
De par inter pares, nada
El matinal de ABC del jueves 5 de julio de 1928, en la sección de Informaciones musicales, titulaba: ‘La señorita De Pablos obtiene la plaza de pensionista en Roma’. María, de veintidós años, se convertía así en la primera mujer en la historia becada para estudiar música en la Academia de España en Roma. Tenía por delante tres años en régimen de pensión completa a cargo del Ministerio de Estado; de estos, el primer año era el único de obligada residencia en la capital italiana. Antes de María, solo otra mujer había residido en la Academia: Carlota Rosales, hija del afamado pintor purista; pero esta no lo hizo por méritos propios, sino por mediación de antiguas amistades de su difunto padre.
Las opciones a las que se presentó María el 4 de julio fueron ‘reñidas’, al decir del comentarista de ABC. ‘Ante selecto y numeroso auditorio’ concurrieron junto a la segoviana otros dos opositores. Las obras compuestas por cada uno fueron tres: ‘una fuga, una composición religiosa para voces y orquesta y un acto de una ópera en español, con letra del Sr. Fernández, ambas obras’. Los maestros compositores Emilio Serrano Ruiz, Miguel Santonja Cantó, Pedro Fontanilla Miñambres y Rogelio del Villar, miembros del Real Conservatorio de Madrid, formaron parte del jurado que reconoció por unanimidad la ‘nobilísima labor de la joven compositora (discípula del maestro Conrado del Campo), que no hace mucho obtuvo también el Primer Premio de Composición, y que, de seguir por el camino emprendido, esperamos sea una gloria para la música española’.
El Premio de Composición, en efecto, le había sido concedido a María, acabado el quinto curso en el Real Conservatorio, en el Teatro Cómico el verano del año anterior. La Orquesta Filarmónica de Madrid, bajo la dirección de Antonio Saco del Vall, interpretó entonces su poema sinfónico en tres movimientos Castilla, inspirado en un poema de Manuel Machado, y, también, cantado por miembros de la Real Capilla y con acompañamiento de órgano, el motete para coro mixto a cuatro voces y orquesta Ave verum; tal sería la composición religiosa elegida por María para opositar a la plaza de música en la Academia de Roma.
Antes de llegar a Roma, los padres de María, observantes ambos de la recta moral, se anticiparon a evitar el oprobio que sobrevendría a su hija, de veinticuatro años y soltera, de alojarse en el establecimiento de la Academia, sola, y entre hombres de su misma edad. ‘Me permito molestarle con el ruego de que atienda con todo interés y cariño a la señorita María de Pablos —escribía, paternal, un abogado amigo del señor De Pablos a Miguel Blay, director de la Academia—, [quien] va acompañada de su madre, ‘desorientada’ e ‘intimidada». También María agobió a Blay con cartas exigiendo alojarse con su madre en la Academia. Después de resistirse un tiempo, el director claudicó, y la madre pudo acomodarse en la institución con la nueva pensionada.
¿Qué sucedió en París?
En su primer año en Roma María compuso la Sonata romántica, para cuarteto de cuerdas, y dio a conocer su poema sinfónico Castilla. Ofreció un concierto como pianista en la Casa de España con obras de Falla. En 1930 viajó a París para proseguir su formación en la École Normale de Musique, donde impartían clases de composición Paul Dukas y de armonía Nadia Boulanger. María reconoció en sus cartas estar muy contenta. Pero la estadía parisina distaba mucho de ser idílica: ‘Es un horror lo que cuesta todo —confesaba en carta al secretario de la Academia— y solo a fuerza de sacrificios puedo pagarme varios profesores’. De repente, en las Navidades de 1931, María solicitó la suspensión de su beca por tres meses para trasladarse a Madrid. El motivo se desconoce, pero se especula con la existencia de un romance y la rápida intervención por parte de los padres.
A comienzos de 1933 María volvía a Roma, donde se acordó su regreso definitivo a Madrid. Comenzaron entonces las sustituciones docentes a Bartolomé Pérez Casas, profesor de armonía en el Real Conservatorio. El segundo período de interinidad terminó el 9 de abril de 1934. Ese mismo día, Pérez Casas informaba al director del Conservatorio de la necesaria sustitución de María: ‘Encontrándose delicada de salud la sustituta de mi clase […] me permito proponer […] durante el tiempo que dure la enfermedad de la Srta. De Pablos, a Don Jerónimo Oliver Abriol’.
Desconocemos la enfermedad que aquejaba a María, pero no regresó entonces al Conservatorio. Tampoco se presentó a las oposiciones que adujo en Roma como motivo para regresar a Madrid.
Sorprenderá saber que, en 1939, acabada la Guerra Civil, María solicitó su reincorporación al cuerpo funcionarial de Correos, donde había ganado por oposición una plaza de auxiliar en 1926. De la espléndida calificación de María, que quedó la primera entre los opositores, informó en la sección de Concursos y oposiciones el diario vespertino La Nación el 16 de julio. Volvería al Conservatorio madrileño a comienzos del curso académico 1941-42, pero no en calidad de profesora sino como alumna, matriculándose en las asignaturas de Folclore, Estética e Historia de la Música y Acompañamiento.
Mediada la década de los cuarenta María de Pablos fue internada en el Sanatorio Esquerdo de Carabanchel, institución en la que permanecería hasta su fallecimiento el 1 de noviembre de 1990. La opacidad con que sus padres condujeron la dolencia psiquiátrica de su hija es causa de que desconozcamos el diagnóstico.
La infanta Desdén
La única música escénica compuesta por María de Pablos, la ópera en un acto La infanta Desdén, sobre un libreto de Luis Fernández Ardavín, tuvo, como se ha visto, un estreno académico ‘ante selecto y numeroso auditorio’. La obra nunca ha sido escenificada ni estrenada de manera comercial. Tampoco el libreto ha sido editado ni publicado. Partitura y libreto se conservan actualmente en el Centro de Documentación de Música y Danza.
Fernández Ardavín se inspiróen el argumento tradicional propuesto por las ‘comedias de desdén’, tipo de obras donde una noble y joven dama se enamora de un joven de baja extracción.
Once son los personajes de la ópera: Infanta, cantado por una soprano; Florisel, tenor; Emperador, barítono; Príncipe, tenor; Heraldo, barítono; Aya, mezzosoprano; Guerrero, barítono; Mercader, tenor; y tres jóvenes camareras, sopranos. En el estreno académico de julio de 1928 cantaron miembros solistas de la Real Capilla y el maestro José María Franco Bordóns dirigió un conjunto orquestal formado por miembros del Cuadro Artístico de Unión Radio.
Principal texto de referencia: Pilar Serrano Betored: ‘Molto subito: el encierro psiquiátrico de la compositora María de Pablos’, en Mujeres aristas y estigma de la locura, Universidad de Granada, 2025.



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