Canigó, de Jaume Pahissa i Jo (Barcelona, 1880-Buenos Aires, 1969), con libreto de Josep Carner a partir del poema homónimo de Verdaguer, se estrenó en Figueres en 1910. Volvería a representarse días después en Barcelona. No hay constancia de más reposiciones. El grueso del repertorio sinfónico de Pahissa, que incluye tres sinfonías y sendos poemas sinfónicos, permanece hoy desconocido. De sus cinco óperas, solo Marianela y Gal·la Placídia han sido recuperadas del olvido.
Por Alejandro Santini Dupeyrón
Pahissa: estado triste de la cuestión
La ópera inspirada en la novela galdosiana se interpretaba en el Teatro de la Zarzuela, en versión de concierto, en noviembre de 2020. Corría el denominado Año Galdós, centenario del fallecimiento del escritor grancanario. Marianela había sido estrenada, con un éxito clamoroso, en el Liceu el 31 de marzo de 1923; los hermanos Álvarez Quintero firmaban el donoso y costumbrista libreto. La última representación conocida fue en el mismo escenario, en junio de 1923.
La Zarzuela repetiría con otra ópera de Pahissa, también formato concertístico, en marzo de 2024. La wagneriana —y straussiana— partitura en tres actos sobre la trágica historia amorosa de Placídia, hija del emperador Teodosio, estrenada en lengua italiana el 15 enero del 1913, tuvo su última representación en el Liceu —cantada entonces en catalán— en febrero de 1933. Entre el olvido y la recuperación entusiasta de ambas óperas, reconocidas hoy como joyas del patrimonio musical español, mediaron noventa y siete y noventa años, respectivamente. Casi un siglo.
Pero esta historia de éxito que constituye, sin embargo, una excepción en el caso de Jaume Pahissa, compositor cuyo repertorio continúa siendo maltratado con la mayor desatención. A Pahissa no se le interpreta en absoluto. Su nombre permanece ausente de la programación de nuestras salas de conciertos. Algo suyo suena, poco, y casi siempre de manera fragmentaria. ¿’L’adéu de les fades‘, de Canigó, quizá? ¿Algún coral o movimiento de la Suite intertonal? ¿Canciones? Los registros discográficos del compositor, antiguos o recientes, pueden enumerarse con los dedos de una mano. Pahissa apenas subsiste como figurante en misceláneas antológicas.
Existe un único estudio biográfico y crítico suyo, ya clásico, del musicólogo Xosé Aviñoa (Biblioteca de Catalunya, 1996), publicado en catalán; y, en el mismo idioma, un estudio técnico-analítico sobre el lenguaje armónico de sus obras tempranas, producto de la investigación doctoral de Joaquim Rabaseda: Jaume Pahissa. Un cas d’anàlisi musical (2006). La información sobre Pahissa en internet, salvo excepciones —como la página de Margarida Xirgu, colaboradora recurrente en la obra escénica del compositor, donde hallamos una cuidada semblanza suya—, es escasa, reiterativa y confusa, superficial.
Con respecto al género mismo de Canigó se aprecian discrepancias. En general, la obra es mencionada como ‘ópera’; también se la define como ‘obra escénica’, tal como aparece en la edición publicada del libreto; por último, como ‘poema sinfónico’. Pero se trata de un poema de naturaleza escénica, es decir, representable y cantado: poema lírico para gran orquesta, solistas y coro; de aquí la natural confusión con una ópera. A esta definición nos ceñiremos, dado que así duerme catalogado Canigó en el archivo del Fons Pahissa, en la Sección de Música de la Biblioteca de Catalunya; fondo conformado entre los años 1995 —momento de las primeras donaciones familiares— y 2013. En medición volumétrica: 1,76 metros, con seis cajas, quince carpetas y veintiún volúmenes.
Del poema épico a la obra teatral
‘El Canigó es una magnolia inmensa | que en un rebrote del Pirineo se descuida; | por abejas tiene hadas que la rodean, | por mariposas los cisnes y las águilas. | Forman su cáliz | escuetas sierras | que platea el invierno y el verano dora, | grandioso ver donde bebe olores la estrella, | los aires rellenos, las nubes agua’, Canigó, canto II.
El poema épico de Jacint Verdaguer es considerado uno de los puntos culminantes de la Renaixença catalana. Publicado en 1886, consta de 4.338 versos distribuidos en un prólogo, doce cantos y un epílogo; los cantos, a su vez, se disponen en tres grupos dramáticos. En el grupo central (cantos del IV al IX), correspondiente al desarrollo de la trama, acontece la denominada trama fantástica; en el grupo final (cantos del X al XII), el desenlace, sobreviene la muerte por asesinato del protagonista. En el epílogo expía su culpa el asesino.
Valiéndose de una amplia variedad de formas estróficas y métricas, Verdaguer alterna el tono heroico, apropiado para los momentos de gesta, con el tono liviano de la acción fantástica, adecuado al mundo de las hadas. Los Pirineos catalanes y el monte Canigó, recreado en toda su abrupta majestuosidad, sirven de ambientación a la leyenda medieval del conde Tallaferro, desarrollada en el contexto de las invasiones musulmanas de Cataluña durante el siglo XI.
Al comienzo de la acción, Gentil, joven hijo de Tallafero, es armado caballero por su tío, el conde Guifré, junto a ermita de Sant Martí de Canigó. Apenas parte para defender la frontera, el joven es hechizado por Flordenue, reina de las hadas, que se le aparece con aspecto de Griselda, su amada. Gentil abandona las armas y se entrega por entero a la reina, sobrevolando con ella Pirineos en una carroza voladora. Los musulmanes, entretanto, lanzan un ataque e infligen un severo revés al ejército cristiano. Guifré, furioso, busca a su sobrino; lo encuentra en la cumbre del Canigó, coronado de flores y desarmado, rodeado en su vuelo por las hadas. Por abandonar su puesto en la defensa, Guifré declara traidor al muchacho y, en un arrebato de ira, lo empuja al vacío.
Vencido al fin el ejército invasor, el conde se arrepiente de su horrendo crimen. Como acto de expiación, abandona la vida secular, se torna ermitaño y funda el monasterio de Sant Martí de Canigó. Mediante el alzamiento de una cruz en la cima de la montaña queda simbolizado el triunfo de la fe y el restablecimiento de la Cataluña cristiana.
Carner convertirá el poema de Verdaguer en una obra teatral. Los doce cantos, el prólogo y el epílogo quedan distribuidos ahora en tres actos. La acción dramática reemplaza por completo a la descripción épica. El denso lenguaje romántico de Verdaguer, rico en arcaísmos, es modernizado y depurado conforme al estilo novecentista, priorizando el conflicto psicológico entre los personajes.
El poema lírico de Pahissa
Canigó se estrenó en la Arena de Figueres el 12 de junio de 1910. El evento, previsto en principio para el 3 mayo, hubo de cancelarse al destruir el fuerte viento los decorados naturalistas de Miguel Moragas y Salvador Alarma, colaboradores habituales del Liceu, que representaban el paisaje de Sant Pere de Rodes con los Pirineos de fondo; un trabajo que, en su factura, recordaba por entero el trabajo de ambos escenógrafos en las óperas románticas de Wagner producidas en el Liceu. La dirección escénica corrió a cargo Adrià Gual.
Pahissa no rehusó adaptar a la partitura, también de estilo wagneriano, materiales musicales preexistentes: incluyó el poema sinfónico El combat, fechado en 1901; diversas secciones del drama lírico La presió de Lleida, de 1906; y su canción polar catalana Muntanyes del Canigó, original para coro mixto a capela, de 1900. Entre diversas agrupaciones corales, destacaron las voces de la Societat Coral Erato de Figueres. El compositor dirigió la Banda Municipal de Barcelona, que actuó como una gran orquesta de vientos, idónea para una representación al aire libre ante varios miles de personas.
La recepción del público y de la prensa fue entusiasta. Días después, Canigó gozaba de idéntica acogida en Barcelona. Mediada la década de los años veinte, Pahissa elaboró una nueva obra con material musical tomado de varias escenas. La obra se conoce como Suite de Canigó.


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