
Joel Bardolet (violín), Pau Codina (violonchelo) y Marc Heredia (piano) cumplen diez años compartiendo música en los escenarios. Lo que comenzó como un proyecto de amistad se ha consolidado como una propuesta de gran personalidad y compromiso, y han materializado su trabajo con la grabación de su primer disco (ECHOES, 2024) o una residencia de tres años en el Palau de la Música Catalana.
Por Manuel Pacheco
Este 2026 celebráis diez años de trayectoria. De manera general, ¿qué valoración hacéis de esta primera década?
Pau: Estamos muy contentos de haber podido mantener el espíritu con el que empezamos, la ilusión de probar cosas. Es un poco cheesy, pero realmente somos tres amigos que se juntaron para hacer una especie de laboratorio en el que poder experimentar y pasarlo bien. Todo ha crecido de manera muy orgánica. Yo tengo la sensación de que los diez años han pasado volando. Hemos hecho muchas cosas, pero nunca algo que no quisiéramos hacer.
Marc: Al margen de la trayectoria profesional, para mí el gran éxito es haber podido consolidar un proyecto en el terreno musical, que a pesar de ser amigos no es algo tan sencillo. De lo que más contento estoy en estos diez años es de habernos divertido mucho.
Joel: Ha sido un proceso de ensayo y error. A veces hemos tocado cosas que no han funcionado tanto como programa, pero creo que lo que suma es el placer de tocar y colaborar con gente que nos inspira.
Marc: Por poner un ejemplo, durante años estuvimos hablando de la posibilidad de hacer algo con la compañía de danza Mal Pelo, y finalmente dimos con el proyecto idóneo y lo hemos estado haciendo durante dos años. Es algo que hemos disfrutado bastante.
¿Cómo habéis alcanzado el equilibrio entre vuestras carreras independientes y el trabajo con el grupo?
Pau: Hay de todo, a veces hay problemas organizativos y decisiones que tomar. Ahora estamos apostando fuerte por el grupo, y hace unos años que en ciertos puntos toma prioridad. Todos tenemos nuestras cosas aparte, pero intentamos ver el trabajo conjunto como algo positivo: no hemos forzado que nuestro carácter se pusiera al servicio del trío, sino que todo ha encajado. El conjunto de piano trío se presta al contraste de personalidades más que, quizá, un cuarteto de cuerda, en el que el trabajo de homogeneidad es distinto. Nuestra formación tiene un equilibrio de colores distinto, y desde el principio vimos esto como un plus. Además, lo que cada uno hace fuera del trío es también alimento para el grupo.
Marc: Todo suma. Entendemos que lo que es bueno para uno es bueno para los tres, y viceversa.
Joel: Pensamos en el trío como un diálogo, y nos gusta tener cosas que contarnos.
Este año, además, finaliza la residencia artística en el Palau de la Música Catalana que lleváis desplegando desde el curso 2023-24. ¿Qué ha supuesto para el recorrido del trío esta residencia, y qué actividad habéis desempeñado durante este periodo?
Pau: Ha sido una suerte que nuestro décimo aniversario coincida con la finalización de la residencia. El Palau ha sido genial con nosotros, hemos tenido libertad para hacer lo que quisiéramos. Lo de Mal Pelo es otra vez el ejemplo, llegamos con dos bailarines, un telón con proyecciones… Este año tenemos la suerte de tocar el Triple concierto de Beethoven con la Orquestra Simfònica del Vallès (OSV), o de reunirnos con Jonathan Brown. Por otro lado, ha sido una base en un momento clave de nuestra carrera, y nos ha permitido establecer un ritmo de trabajo que quizá no teníamos antes.
Joel: También hemos usado la residencia para comenzar proyectos. El Trío en La menor de Chaikovski lo tocamos allí por primera vez y al final terminamos grabándolo, y este año hacemos dos estrenos de Ferran Cruixent y Josep Ollé. Ha sido un sitio donde iniciar amistades, colaboraciones, sueños, nos ha ido muy bien y nos hemos sentido muy escuchados. Hay que decir también que hemos tenido casi siempre llena la sala, que es algo increíble.
Con respecto a la grabación de vuestro primer disco, ECHOES, ¿cómo fue el proceso de selección del repertorio?
Pau: El proyecto despertó cuando tocamos Chaikovski en el Palau, pero no sabría decir muy bien el orden de las decisiones. Queríamos trabajar con Joan Magrané, con quien todos habíamos colaborado por separado, y de ahí surgieron los Trois nocturnes que escribió para nosotros. Todo empezaba a tener un aire elegíaco, y finalmente se sumó la Elegía, opus 23, de Suk. Es un ambiente oscuro, melancólico, pero como dice el propio Magrané en el libreto del disco, las dedicatorias de las tres piezas reflejan también relaciones de amistad.
Joel: La Elegía de Suk es un homenaje al poeta Julius Zeyer, y el Trío de Chaikovski es un tributo póstumo a Nikolai Rubinstein.
Marc: Es bonito cómo se relaciona todo. Nuestro trío nació, hablando claro, tomando unas cañas a la salida de un concierto, y esto está en el disco: nuestra amistad, las dedicatorias de las obras, la pieza que Joan nos escribe…
Hay quien considera los discos como una carta de presentación, como un legado o como una forma de ponerse retos. ¿Qué os llevó a querer realizar esta primera grabación en este punto de vuestra trayectoria, y qué impacto posterior ha tenido en vuestra dinámica?
Joel: Hace tiempo que queríamos grabar, pero con la COVID y otras cuestiones se fue posponiendo. Por otro lado, nuestra forma de hacer música es mucho del directo, en este sentido somos un poco vieja escuela. Nos cuesta hacer grabaciones, aunque sean pequeños clips, y tener que escoger una versión es hasta doloroso. Pero el proceso del disco fue muy interesante; no fue fácil, pero trabajamos de una manera distinta a lo que haríamos en concierto. Al acabar dijimos ‘nunca más’, aunque en realidad nos gustó todo lo que pasa después de una grabación.
Pau: Es difícil encontrar una razón para grabar según qué repertorio, porque está todo grabado diez mil veces. El Trío de Chaikovski es una pieza que se ha grabado mucho pero que no se toca tanto en concierto, y en este caso pensamos, desde la humildad total, que teníamos algo distinto que decir. Se juntó luego la pieza de Joan, y esto sí era importante que quedase grabado. Al final, el disco tiene personalidad, algo especial. La situación de los discos ha cambiado mucho: es importante tenerlos porque si no te preguntan, pero luego para qué sirven si no se venden… También ha cambiado la forma de consumir, el disco es útil pero también lo son las grabaciones de pequeño formato o los vídeos. Se trata de encontrarle sentido al proceso, por eso hemos tardado en lanzar un primer álbum. Pero ahora que le hemos cogido el punto vamos a ir trabajándolo poco a poco.
La relación entre tradición y actualidad que planteáis en el álbum se refleja también en vuestros programas, que hacen mucho énfasis en la creación actual, pero miran siempre a las grandes obras del pasado. ¿Cuál es vuestra filosofía a la hora de dar forma a un repertorio?
Joel: Siempre intentamos tratar igual a un Schubert que a un Cruixent o un Magrané. A la hora de ponerlos lado a lado, creo que seguimos la manera menos intelectual de hacer programas. Hubo un tiempo en que intentamos hacer conciertos con un hilo que conectase las obras, pero ahora proponemos obras que nos gustan e imaginamos cómo funcionan de manera física para nosotros y el espectador. Esto implica también a las obras de nueva creación porque nos encanta la música de todos estos autores que mencionamos. Quizá valoramos lo que nos gustaría escuchar si fuésemos a un concierto.
Pau: No me gusta pensar que lo hacemos por ‘ayudar’ al mundo de la música contemporánea, sino porque es todo parte de una gran tradición que sigue en marcha. Tocamos esta pieza actual porque nos gusta, del mismo modo que tocamos este trío de Beethoven y no otro que nos diga menos.
Marc: Hablando con Magrané, él dice lo mismo: que lo que escribe viene de algún sitio y no es algo que ha caído del cielo. La anomalía era la tendencia de los últimos cuarenta años, el tocar solamente repertorio de épocas anteriores. Antes, la norma era lo que nosotros hacemos.
Surge mucho vuestra relación con Joan Magrané. ¿Qué elementos han hecho proliferar esta relación entre intérpretes y compositor?
Marc: Hay una visión compartida. Nos interesa un discurso musical similar, una forma, una estética… No puedo hablar por él, pero creo que somos afines a su lenguaje.
Pau: Joan es alguien que, al menos en Cataluña, siempre está ahí. Vas a un concierto que vale la pena y está él. Nos hemos ido encontrando a lo largo del tiempo y se ha ido generando un respeto mutuo. Tiene un conocimiento y una capacidad de conectar cosas, como esta cuestión del vínculo con el pasado, que es increíble. Y a él le gusta cómo tocamos su música.
Marc: Hay una parte muy natural de nuestra afinidad que es la cercanía generacional. Los cuatro nacimos dentro del mismo año natural, y hay convergencias musicales y no musicales que nos hacen cercanos.
Precisamente en abril estrenaréis su Sinfonía concertante en un concierto junto a la GIO Symphonia que también incluye el Triple concierto de Beethoven. ¿Cómo preparáis obras de estas características, en la que no solo tenéis que coordinaros entre vosotros sino con toda una orquesta?
Marc: Por un lado, hay el mismo trabajo que al enfocar un trío sin orquesta, un trabajo de cámara, porque hay secciones en las que tocamos los tres con un acompañamiento muy liviano; por otro, es el enfoque de un concierto solista con orquesta, en el sentido de saber cuándo podemos dialogar de manera fluida con el conjunto y cuándo tenemos que ser estables para coordinarnos.
Pau: En un mundo ideal, todo es música de cámara, en el sentido de que todo es escucha y reacción. Hay cosas que por naturaleza de la escritura o por la mecánica de la orquesta funcionan de determinada manera, si quieres empujar te va a costar más porque estás empujando a ochenta personas. Pero se trata de ser consciente de esto, nos gusta que haya esta escucha y que no deje de tener un planteamiento camerístico.
Joel: Es una labor un poco operística, como un terzetto con diferentes roles. Nos exige saber qué estamos contando, como en el caso del argumento de una ópera, y al estudiar de manera individual necesitas la partitura general para saber lo que está ocurriendo y cómo quieres moldear el sonido y el espacio. También tenemos un grupo muy cómplice. El director, Francesc Prat, es amigo y compañero de batallas. Y creo que el planteamiento de la Sinfonía de Magrané es bastante camerístico, casi como un concerto grosso del Barroco.
¿Qué otras paradas os esperan a lo largo de este año de aniversario?
Marc: Tenemos compromisos de celebración, algunos todavía por anunciar. Lo que sí podemos decir es que estamos preparando un disco con Judith Nederman, canciones populares catalanas con arreglos que he hecho yo.
Pau: Además, los proyectos que estamos haciendo en el Palau son grandes regalos de cumpleaños. En febrero hemos hecho el Cuarteto con piano de Schumann y el Quinteto con piano de Brahms junto a Jonathan Brown y Oliver Wille. Y en junio hacemos otro concierto solos con el Trío núm. 2 de Schubert y el Trío de Ravel, que son las dos primeras obras que tocamos juntos. También tocamos en Sabadell, hemos estado haciendo una residencia durante las dos últimas Temporadas de Cámara de Joventuts Musicals de Sabadell.
Pensando en los próximos diez años, ¿cuáles son los retos que se os vienen a la mente?
Marc: Creo que seguir con la misma dinámica, seguir ampliando el repertorio de la forma que lo hemos hecho hasta ahora, seguir colaborando con los mismos compositores y con otros nuevos… Seguir divirtiéndonos es, para mí, la prioridad principal.
Pau: Tocar con la misma frecuencia o más, y mejor [risas]. No perder la curiosidad y las ganas es importante. Con respecto a los discos, hemos tardado un poco en sacar el primero, pero creo que ahora vamos a grabar más a menudo. Ya hay un par de cosas en preparación.










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