
El pasado mes de julio, Victor Medem relevó a Robert Brufau como director general de L’Auditori de Barcelona. El proyecto de Medem fue destacado por la comisión de valoración como ‘ambicioso, sólido y personalizado’, e incluye algunas líneas generales de trabajo como la consolidación de los activos de la institución, el refuerzo de su proyección internacional o la fidelización y ampliación de públicos.
Por Manuel Pacheco
El pasado 1 de julio comenzaste tu andadura como nuevo director general de L’Auditori. ¿Cuáles serán los objetivos principales a los que atenderás durante tu liderazgo?
L’Auditori es uno de los equipamientos con más actividad y mayor impacto social de Europa. Organizamos más de 550 actividades propias a lo largo de la temporada, acogemos 380 actividades de otros promotores. ¡Son casi 1.000 por temporada! Nuestro Servicio educativo es pionero, referencial y líder en número de usuarios a nivel europeo. El Museu de la Música posee una colección inigualable en España y está explorando de manera brillante cómo la música es una herramienta imparable en ámbitos como la acogida de la diversidad de nuestra ciudad. L’Auditori es un referente y hemos de conseguir transmitir todos sus activos para que lleguen a un público aún más amplio.
Mis principales objetivos son iluminar el prestigio de la institución, acoger el talento en todos los géneros musicales y darle visibilidad y alas, cuidar la tradición y al mismo tiempo estar comprometidos con la creación. También es prioritario seguir en el camino de crecimiento, a todos los niveles, de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC), donde Ludovic Morlot está haciendo un gran trabajo, y de la Banda Municipal de Barcelona (BMB), un referente internacional gracias a la labor admirable de su titular, José Rafael Pascual-Vilaplana.
En las primeras declaraciones tras tu nombramiento hablaste de consolidar y fortalecer los activos. ¿Qué tareas hay pendientes en lo que respecta al reconocimiento del talento propio y la percepción de la institución dentro del territorio?
Voy a poner un ejemplo de uno de nuestros activos más impresionantes. Por L’Auditori van a pasar próximamente las mejores batutas del mundo: Gustavo Dudamel (en dos ocasiones), Klaus Mäkelä, Semyon Bychkov, Jukka-Pekka Saraste, Adám Fischer, Jonathan Nott, Petr Popelka, Teodor Currentzis (en dos ocasiones), Andrés Orozco-Estrada, Kent Nagano, Andris Poga, Martin Rajna, Lahav Shani, Sebastian Weigle, Juanjo Mena, Eun Sun Kim, Giedré Slekyte, Leonidas Kavakos, Anja Bihlmaier, David Afkham, Pietari Inkinen, Vasily Petrenko, Michele Mariotti, Michael Sanderling, Thomas Hengelbrock, Jörg Widmann o Ludovic Morlot. Además, tenemos a Jordi Savall en residencia. La concentración de talento en esta casa es impresionante. Este cartel es digno del Carnegie Hall, del Festival de Lucerna o del de Salzburgo. Y para el repertorio sinfónico, somos sin duda alguna el espacio referencial. Aquí se viene a disfrutar del gran sinfonismo en las mejores condiciones.
Por otro lado, tu proyecto pone un importante foco en Europa. ¿De qué manera planteas continuar el proceso de internacionalización que L’Auditori ha desplegado durante estos últimos años?
Este 2025, la OBC ha actuado o actuará en Ámsterdam, Hamburgo, Düsseldorf, Stuttgart, Aix-en-Provence, Lyon, Madrid, Bilbao y San Sebastián. Hace muchos, muchos años que una orquesta española no tenía una presencia internacional tan potente y amplia. Esto se debe al creciente prestigio de la orquesta y del buen hacer de muchas partes. Además, hemos recibido nuevas invitaciones tras los conciertos realizados. Esto resulta muy estimulante y significativo. El Servicio educativo de L’Auditori es un referente internacional. Nuestro objetivo es dar continuidad a esta tendencia, seguir coproduciendo encargos internacionales del máximo prestigio y ofreciendo una programación singular. Además, es fundamental dar a conocer la magnitud del alcance de las actividades e iniciativas de L’Auditori a nivel internacional.
Al margen de los aspectos profesionales, eres un gran aficionado del trabajo de la OBC y estás abonado desde hace largo tiempo a sus conciertos. ¿Cómo valoras el trabajo de Ludovic Morlot durante sus primeros años al frente de la formación?
Está realizando un gran trabajo. En primer lugar, por el nivel de implicación; en segundo, por su experiencia y sus conexiones internacionales; y en tercero, por su capacidad de trabajo en el podio. La orquesta tiene una estabilidad y un equilibrio entre secciones que antes no tenía. Parte de su proyecto son las grabaciones con condiciones técnicas y de producción exigentes, del máximo nivel, que hacen crecer a la orquesta sobre todo en la atención al detalle.
¿Cuáles serán las líneas de actuación clave para la OBC y la BMB?
Vamos a apostar por el equilibrio en la programación. Queremos que el público pueda escuchar lo que le apasiona al tiempo que mantenemos la apuesta por presentar repertorios menos conocidos, y también nos comprometemos a estar muy conectados con la creación. Habrá un interés renovado por los clásicos del siglo XX, porque ciertos repertorios han tenido muy poca presencia en Barcelona (Webern, Schoenberg, Zemlinsky, Szymanowski, Schnittke, Kurtág, Ligeti, Rihm, Lachenmann, Henze, Weinberg, Carter o Boulez, por nombrar algunos autores).
En lo que respecta al público propio, has hablado de la fidelización y ampliación. ¿Qué estrategias desplegarás para conseguir conectar con audiencias más diversas, tanto en edad como en intereses?
Vamos a abrirnos a proyectos de iniciativa ciudadana como pueden ser las orquestas y formaciones amateurs que hay en la ciudad. También me gustaría que las orquestas de músicos jóvenes, aquellas que son clave para la inserción profesional del talento emergente, puedan recalar de manera regular en L’Auditori. En otros géneros y estilos como la música popular vamos a reforzar las coproducciones con el importante tejido de festivales y productoras de Barcelona y Cataluña.
¿Qué lugar ocupará el talento joven en la programación de los próximos años?
El talento emergente en el ámbito de la música es uno de los mayores activos que tenemos como país, es una clara fortaleza y así es percibida internacionalmente. Nuestra obligación como equipamiento público es acoger el talento y contribuir a retenerlo. Creo que, en los próximos años, se producirá un salto cualitativo de las orquestas españolas y su prestigio internacional irá en aumento. Muchos excelentes músicos que ahora mismo residen en el extranjero percibirán este cambio y se sentirán tentados por regresar a su país.
La profesionalización de la gestión musical también ha dado pasos muy importantes hacia adelante en los últimos diez años. La ambición de los proyectos artísticos ha de ser equiparable a la de los grandes referentes internacionales. Esto revierte también en un mayor interés por nuestro repertorio y nuestros artistas. No es casualidad que la Elbphilharmonie de Hamburgo dedique este otoño un festival a Cataluña. Barcelona será la ciudad residente del Schleswig-Holstein Musik Festival en 2028. Los gobiernos locales han de potenciar esta fantástica evolución, que supone un cambio de paradigma. En L’Auditori lo tenemos muy claro y vamos a ser punta de lanza de esta tendencia.
¿Qué palabras puedes dedicarle a Robert Brufau, al que has relevado en el cargo?
Me gustaría felicitar a él y al equipo de L’Auditori por los numerosos aciertos y por incidir en la inversión y actualización del equipamiento, que facilitan la mejora de las condiciones acústicas y medioambientales. Además, Robert acertó nombrando a Morlot al frente de la OBC y a Pascual-Vilaplana al frente de la BMB. También se ha de mencionar la apuesta por la calidad y la coherencia en la estrategia de grabaciones. Le deseo lo mejor a Robert en su trabajo actual en Estocolmo.










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