
Concerto 1700 ha lanzado con su propio sello discográfico, 1700 Classics, una grabación de los seis cuartetos del opus 22 de Boccherini que reivindica la frescura y originalidad de este autor, así como el importante lugar que ocupó en la producción musical de nuestro país. El lanzamiento de este álbum coincide con su segundo Premio MIN al Mejor Álbum de Música Clásica, concedido a su proyecto en torno a los cuartetos de Brunetti.
Por Manuel Pacheco
Abordáis esta grabación del opus 22 de Boccherini desde la perspectiva de ‘cubrir un hueco’ en el ámbito de las publicaciones discográficas en torno al compositor. ¿Consideráis que la interpretación histórica en España mantiene aún una deuda con este autor?
Sin duda, existe un vacío enorme. Y resulta especialmente llamativo cuando hablamos de un compositor que tuvo un papel tan crucial en el desarrollo y la evolución del cuarteto de cuerda en el panorama europeo. Sorprende que, al mirar en las plataformas digitales, existan tan pocas grabaciones de sus colecciones de cuartetos de cuerda. Se trata de un género que sin duda le interesó y la prueba más evidente son los noventa cuartetos de cuerda que tiene en su haber.
Esta deuda, además, no es exclusiva del ámbito de la música antigua o de los criterios historicistas, sino que es una asignatura pendiente de la programación y de la música en general. Boccherini posee un talento descomunal que debería estar representado en su justa medida en los auditorios y los catálogos discográficos. Aunque nació en Italia, pasó la mayor parte de su vida en nuestro país, murió aquí y sus descendientes siguen viviendo entre nosotros; por tanto, recuperarlo es una obligación patrimonial. Con este álbum donde recogemos la integral del opus 22 no solo grabamos música, sino que estamos haciendo un acto de justicia histórica.
Has afirmado que ‘Boccherini creó en Madrid un lenguaje que no miraba a Viena, sino que buscaba un camino personal’. ¿Puedes profundizar en esta idea, que ilustra la reivindicación que realizáis de su música?
Tradicionalmente, la bibliografía musical ha pecado de ser ‘vienacentrista’; se ha medido la calidad del Clasicismo y del cuarteto de cuerda bajo la visión de autores como Haydn, Mozart y, posteriormente, Beethoven. Pero Boccherini, al instalarse en Madrid, se distancia de esa corriente. No se siente en su música tanta dependencia de la estructura y la forma sino, más bien, un lenguaje muy personal centrado en el color instrumental, las texturas, la melancolía y, de manera muy sutil, en los giros populares y rítmicos que escuchaban en la España de su época. Reivindicar su música significa entender que había otra Ilustración musical fuera de Viena, igual de sofisticada pero con una luz mediterránea y una originalidad melódica única.
¿Qué elementos de este lenguaje característico del compositor pueden encontrarse en los seis cuartetos que componen su opus 22?
En el opus 22 encontramos a ese Boccherini puramente genial, dinámico y, sobre todo, dialogante. Al ser él mismo un violonchelista virtuoso, rompe con la tradición del cuarteto donde el primer violín lidera siempre el camino de principio a fin. Aunque el entramado musical entre las cuatro voces es equilibrado, Boccherini reserva para el violonchelo los pasajes más cantabiles y líricos, y le permite exponer material temático de una manera muy especial. Esto genera un juego de texturas fascinante donde los instrumentos internos —el segundo violín y la viola— asumen roles rítmicos y tímbricos sumamente sorprendentes. Es una música donde convive de forma magistral esa ‘alegría melancólica’ tan suya, un contraste constante donde pasamos de la luminosidad absoluta a la introspección en apenas unos compases.
Además, para mantener viva esa esencia del siglo XVIII, nos hemos permitido introducir pequeñas variaciones y cadencias ad libitum —como en el final del primer movimiento del Cuarteto núm. 3—, con el objetivo de respetar la tradición de que esta música nunca debe sonar exactamente igual dos veces.
¿A qué se debe la estructura breve, de apenas dos movimientos, que adoptan las obras de esta colección?
Es fundamental desterrar la idea de que existe una relación evolutiva o de calidad según el número de movimientos que tenga una obra; no por ser colecciones más breves estamos ante música de menor interés o importancia. Para Boccherini, se trataba simplemente de una elección de formato que coexistía en el tiempo con otras estructuras más largas, respondiendo a criterios de practicidad y necesidades del momento, con la mirada puesta en facilitar su salida al mercado musical de la época.
En el aspecto puramente musical, no hay diferencias: la complejidad, el refinamiento, la riqueza de contrastes y la asombrosa variedad de patrones del opus 22 son idénticos a los de sus obras de tres o cuatro movimientos. Dicho de manera sencilla: Boccherini condensó toda su genialidad en este nuevo formato de dos movimientos contrastantes.
¿En qué sentido el uso de instrumentos de época permite una transmisión más ‘orgánica’ de la articulación o las indicaciones de carácter propuestas por Boccherini en estas obras?
Para nosotros, las notas escritas en la partitura son el texto base, e interpretar con los instrumentos originales nos da las pistas definitivas sobre la entonación y la inflexión de ese discurso. El arco, por ejemplo, es una herramienta que evolucionó drásticamente a finales del siglo XVIII y modificó por completo la técnica con la que te aproximas a la música. Tocar estas obras con arcos del periodo, estilo Dodd o Cramer, y cuerdas de tripa te ofrece una paleta de colores y de matices muy terrenal, ideal para plasmar los sutiles cambios de afectos y caracteres que Boccherini exige.
En la grabación hemos querido trasladar esa organicidad de forma honesta, buscando un sonido ‘humano y vivo’. No nos interesaba una acústica perfecta, gélida y artificial; queríamos que se percibiera la madera, la respiración, el roce… el latido real de cuatro músicos en una sala, porque las herramientas de la época te obligan a estar muy despierto en el escenario.
En una entrevista con Melómano indicabas que Concerto 1700 busca conectar con un público que, sin duda, no es el mismo que el de hace unos siglos. Pero al escuchar este álbum en concreto uno encuentra un optimismo y energía que deben apelar de algún modo a la audiencia. ¿Qué feedback recibís al ofrecer en directo este repertorio?
El feedback es extraordinario. Antes de entrar a grabar, tuvimos la oportunidad de rodar este repertorio en varios conciertos de formato muy cercano, y la respuesta de la gente fue de un entusiasmo inmediato. A menudo el oyente medio se acerca a la música clásica con ciertos miedos, pensando que se va a encontrar con algo excesivamente intelectual o rígido. Boccherini rompe esa barrera al instante a través del ritmo, la frescura y la emoción directa.
Cuando hilamos los cuartetos dentro de un discurso cercano, explicándole al público la historia que hay detrás, la conexión es total. El público en general está ávido de descubrir nuevas joyas, y cuando comprueban que este patrimonio ‘olvidado’ tiene tanta luz y vitalidad, se vuelven los mayores defensores de nuestro trabajo.
¿De qué manera se vincula este nuevo lanzamiento con la identidad sonora de vuestro sello discográfico, 1700 Classics?
Cuando fundé 1700 Classics en 2018, lo hice con el firme deseo de disfrutar de la libertad de grabar música a nuestra manera y a nuestro propio ritmo. Buscábamos un espacio independiente que nos permitiera volcar todo nuestro esfuerzo en lo que consideramos nuestra misión principal: la recuperación, difusión y puesta en valor del patrimonio musical español.
Este lanzamiento de Boccherini encaja a la perfección en esa filosofía. Además, refuerza nuestra visión de lo que significa un cedé hoy en día. Somos conscientes de la realidad del mercado, pero para nosotros el disco físico ha asumido un rol bellísimo: ha dejado de ser un mero producto comercial para convertirse en un legado sonoro. A diferencia del concierto, que es una experiencia maravillosa pero efímera, la grabación permanece en el tiempo como el testimonio de una visión artística concreta, y es además nuestra mejor carta de presentación para traspasar fronteras y generar nuevas oportunidades en vivo.
La presentación de este nuevo disco ha coincidido con el galardón a los Premios MIN 2026 por vuestro proyecto en torno a los cuartetos de cuerda de Brunetti. El hecho de recibir este tipo de reconocimientos, ¿os hace pensar que vais por el buen camino?
Es un impulso de energía maravilloso y una confirmación de que el esfuerzo invertido tiene sentido. Sacar adelante producciones discográficas en España es un deporte de riesgo financiero que los productores independientes asumimos en gran medida. Por eso, que la industria de la música independiente reconozca proyectos de recuperación patrimonial —primero con Back to Follia! y ahora con los cuartetos de Brunetti— demuestra que la música clásica española tiene un espacio vital, moderno y competitivo dentro de la cultura general. Nos reafirma en nuestra misión: seguir desenterrando las joyas de nuestros archivos y demostrando que Concerto 1700 tiene una propuesta artística sólida, valiente y con mucho que decir en los próximos años en géneros como la música de cámara, la música sacra y la música escénica.










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