Miembro de la Generación del 27, el compositor y pianista Evaristo Fernández Blanco (Astorga, 1902-Madrid, 1993), último discípulo de Tomás Bretón y uno de los primeros de Conrado del Campo, transitó por todos los estilos musicales del momento. Comprometido con la causa republicana, fue delegado del Comité de Música y comisario político de la Sección de Directores y Pianistas, dependiente de la UGT. Acabada la guerra, represaliado, sobrevivió trabajando como pianista en espectáculos, hoteles y cafés.
Por Alejandro Santini Dupeyrón
Estudios y viaje al extranjero
‘La carrera de piano la hice aquí en Madrid como alumno libre. Yo me preparaba en Astorga y luego venía a examinarme en Madrid. […] Así aprobé también solfeo y armonía. Después de terminar armonía ya me matriculé como alumno oficial en el Conservatorio de Madrid —sería el año 1917 o 1918— para poder optar al premio de composición’, Evaristo Fernández Blanco, entrevistado por José Antonio Carro Celada, en De Schoenberg a Celia Gámez. Una conversación con Evaristo Fernández Blanco.
Cuando, en 1983, el compositor redacte una nota biográfica para el programa radiofónico que retransmitiría el estreno de la Obertura dramática, dirá que comienza a estudiar música a los siete años con Manuel Ansola Unzueta, organista y maestro de capilla, y ‘el único de los que en Astorga se dedicaba a la música con conocimientos de armonía, contrapunto y fuga’.
Los estudios con Ansola concluyen en 1914, cuando este gana la plaza de organista en Santiago de Compostela y abandona Astorga. Evaristo, por su parte, viaja a Madrid para examinarse como alumno libre del Real Conservatorio antes de reanudar, ya en 1915, las lecciones de música con el nuevo maestro de capilla astorgano, Marcelino González Nistal, con cuya ayuda superará los exámenes del Conservatorio con excelentes calificaciones. Gracias a Eusebio Saurina, que lo acepta como alumno de piano, tiene ocasión de ofrecer su primer recital en el Casino de León el 23 de noviembre de 1916. Interpreta, entre otras obras, la Sonata Patética y el Andante de Quinta sinfonía, de Beethoven, y la Muerte de Isolda, de Wagner. La recepción es entusiasta: ‘Los repetidos y persistentes aplausos obligaron al niño a que cortésmente obsequiara al selecto público con un Wals [sic] original del precoz pianista quien, al concluir, salió del salón acompañado del señor Saurina en medio de una atronadora salva de aplausos’ (Diario de León, 24-XI-1916).
Con motivo del ingreso de Evaristo como alumno oficial de composición en el Conservatorio de Madrid, la familia se traslada a la capital en 1918. Concluidos los cursos de piano y armonía, estudia contrapunto, fuga y composición con el anciano Tomás Bretón y con Emilio Serrano, quien posiblemente le diera a conocer la música de Schoenberg. Jubilado Bretón, continúa las clases de composición con Conrado del Campo. En 1921, instado por este, se presenta y gana el primer premio del Concurso de Composición del Conservatorio con el poema sinfónico Impresiones montañesas. El premio le facultaba para optar a una beca de la Sociedad de Autores Españoles (‘una pobretería absoluta’, llegará a decir, que no daba ‘más que para comer un plato de lentejas’). Tras despedirse del conjunto de jazz con el que había empezado a tocar, parte hacia París, donde recala escasamente un mes, antes de dirigirse a Berlín. El propósito, frustrado, era estudiar con Schoenberg. Sin embargo, logra llevarse una valoración sobre su obra de Franz Schreker. Al compositor expresionista ‘le gustó en principio todo lo que le enseñaba, me dio consejos y eso me sirvió para seguir en esa línea’.
A su regreso a España trae concluidos el poema sinfónico Orgía de duendes (hoy perdido) y la Obertura Exaltación. Entre las obras importantes del período previo a la II República destacan Poemas líricos, para voz y piano; Cuarteto cromático; Obertura sinfónica; Tres piezas para orquesta; Trío en Do mayor para violín, violonchelo y piano; y Pequeña suite para orquesta de cuerda.
El fin de los sueños
El matrimonio con la pontevedresa Sara Eugenia Martínez Penas, en 1927, obligará a Evaristo a buscar la estabilidad financiera. Para el hermano de Sara, Juan, empresario teatral casado con la soprano Crisso Verapoulos, dedicataria de los Poemas líricos, Evaristo compone La griseta rubia, una opereta en tres actos. La prensa informa del comienzo de los ensayos en Barcelona; sin embargo, no existen más referencias a la obra. Desconocemos si llegó a representarse o si devino éxito o fracaso. Comoquiera que fuese, Evaristo no persevera en el cultivo el género y busca acomodo en la docencia. En febrero de 1931, la Gaceta de Madrid publica su nombramiento como profesor de música en el Grupo Escolar Alfonso XIII, renombrado Grupo Escolar Montesinos tras el advenimiento de la República. Las Dos danzas leonesas, elogiadas por Turina como ‘preciosas’, debido a su ‘orquestación de pincel fino, precisa y detallada’; La Tarambana, sainete lírico; un segundo Cuarteto de cuerdas; y la Sinfonía de cámara son obras destacadas del momento.
Además de como docente, desde 1926 y hasta el final de la Guerra Civil en 1939, el astorgano trabaja en la Unión de Radio como pianista, arreglista y compositor. Compondrá un considerable corpus de obras de esparcimiento: chotis, pasodobles, valses y canciones. También, desde 1935, actúa como miembro del Sexteto Unión Radio.
La guerra sorprende a Evaristo en Madrid, junto a Sara y sus dos hijos de ocho y cinco años. Un bombardeo de la aviación insurrecta destruye el piso familiar; sobreviven al refugiarse en el sótano del inmueble. La producción musical de entonces —entre la que figuran un Concierto para piano y orquesta, una Sonata para piano y una Sinfonía breve para orquesta de cámara— desaparece bajo los escombros.
Forma y materia sonora del conflicto
‘Yo tenía que recordar musicalmente algo que identificase a los nuestros […]. Nadie lo había hecho, o no se había atrevido a darlo a conocer, o lo que fuera. Pero con el cambio de circunstancias políticas ya no podía extrañar una obra con esta intención’.
Si el horror de la Guerra Civil española supuso el germen creativo de la Obertura dramática, subtitulada Ambientación musical para un drama cívico-socio-bélico, el estallido de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, determina el inicio de la composición de la misma, refugiado en la aldea pontevedresa de Viascón. La Obertura dramática es la obra sinfónica de mayor envergadura del astorgano. Silenciada durante décadas por motivos obvios de autocensura, acaba estrenándose en Teatro Real de Madrid el 26 de febrero de 1983, con Enrique García Asensio al frente de la Orquesta Sinfónica de Radiotelevisión Española.
A lo largo de tres secciones entrelazadas se describen de manera emotiva sendos momentos del enfrentamiento civil. En el primero, Desolación, el compositor toma la palabra en nombre de una sociedad conmocionada y expone el desencanto ante un futuro de ilusiones frustradas. El lenguaje musical posromántico revela aquí la influencia de la Cuarta sinfonía de Shostakóvich. En un segundo momento, Acción (desde la experiencia vital del compositor ahora), intensas secciones rítmicas de influencia stravinskiana describen la angustia provocada por un bombardeo. El tercer momento, Glorificación de los héroes, es una exaltación del sacrificio del bando republicano, entusiasta y lírica a pesar de la derrota.
Epílogo
Aunque no es una obra de interpretación habitual, la Obertura dramática ha logrado hacerse un lugar en las salas de conciertos españolas. Existe, además, una excelente grabación con la Orquesta Sinfónica de Málaga, dirigida por José Luis Temes (Verso, 2010).



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