
Los logros que la Orquesta Filarmonía de Sevilla ha conseguido durante la temporada actual han situado a la formación en el panorama internacional, y entre sus próximos compromisos se encuentra la visita al Musikverein de Viena. Bajo la dirección de Francisco Javier Torres Simón, la orquesta compagina una ambiciosa programación con la labor de formación de sus jóvenes músicos.
Por Manuel Pacheco
Eres director de la Orquesta Filarmonía de Sevilla desde 2023. ¿Qué ha supuesto este nombramiento para tu carrera
Para mí ha sido un punto de inflexión importante en mi trayectoria profesional. Poder dirigir una orquesta con tanto potencial humano y artístico es, sin duda, un privilegio. La Orquesta Filarmonía de Sevilla representa una oportunidad única para construir un proyecto musical con una identidad propia y desde la raíz. No se trata únicamente de estar al frente de una orquesta, con todo lo que significa, sino de acompañar a un grupo de jóvenes músicos en su crecimiento artístico, personal y profesional. Este tipo de proyectos requiere visión pedagógica, capacidad en gestión cultural y compromiso ético con el arte. Desde que asumí la dirección he sentido que este espacio me permite aunar todas mis facetas: la de compositor, la de docente, la de director de orquesta y, sobre todo, la de creador de contextos donde la música adquiere sentido, profundidad y propósito.
Se trata de una formación compuesta por jóvenes. ¿Qué planteamientos o estrategias sigues para trabajar con una orquesta de estas características?
Trabajar con músicos jóvenes implica una gran responsabilidad, pero también una enorme oportunidad. Son artistas en formación, con una energía inmensa y una capacidad de adaptación extraordinaria. Para mí es fundamental que el trabajo orquestal no se reduzca a la mera interpretación técnica de partituras. La máxima de mi visión frente a esta orquesta es la excelencia, pero entendiendo el punto en el que se encuentran. Interpretar con ellos un Réquiem de Mozart o el Carmina Burana de Orff es como vivir la experiencia del primer amor. Es mágico descubrirles los secretos de las obras y mostrarles la función que cada uno tiene en la gran partitura que el compositor ha diseñado. Una vez que se ha superado este momento y saben qué engranaje son en la gran máquina artística, toca darle vida a la obra. Con jóvenes ilusionados la música habla de forma especial.

¿Cuál es tu filosofía a la hora de diseñar la programación anual? ¿El repertorio se centra en música clásica o abordáis otros estilos?
Intento que cada temporada tenga un hilo conductor, una narrativa clara que sirva de guía tanto para los músicos como para el público. Por supuesto, la música clásica es la base del repertorio, pero no la única. En mi visión, una orquesta del siglo XXI no puede estar ajena al mundo que la rodea, y eso incluye una variedad de estilos, géneros y formatos. Me interesa especialmente tender puentes entre lo tradicional y lo contemporáneo, entre lo académico y lo popular. Hemos trabajado repertorio sinfónico clásico, pero también música cinematográfica y colaboraciones con otras disciplinas como la danza.
Entendiendo que los músicos están en su momento de formación, diseño tres programas principales de repertorio sinfónico que montamos con mimo y detenimiento, además de pequeñas obras orientadas a la complementación del repertorio y a la mejora de la técnica interpretativa de mis músicos. Y es que, aunque somos una orquesta joven, nuestro calendario de conciertos no tiene nada que envidiar a la de grandes orquestas, pues me he preocupado personalmente de que Filarmonía llegue a los grandes auditorios de España. Ejemplo de ello ha sido el Réquiem de Mozart realizado junto al Coro Sociedad Musical de Sevilla. Interpretado en el majestuoso Cartuja Center de Sevilla y el emblemático Casa Colón de Huelva, la Orquesta Filarmonía de Sevilla se ha enfrentado a dos conciertos con el aforo completo. La clave está en ofrecer una experiencia musical que conecte emocionalmente con el público y que, al mismo tiempo, enriquezca a los intérpretes con nuevas herramientas expresivas.
La temporada 2024-25 os ha traído grandes resultados, como la grabación de un primer álbum y el Premio UK International Music Competition. ¿Qué impacto han tenido estos logros en vuestro trabajo?
Estos logros han sido muy importantes en todos los sentidos. La grabación de nuestro primer álbum supuso un reto técnico y artístico que reforzó la cohesión del grupo. Grabar no es lo mismo que tocar en concierto: exige una precisión extrema, un control emocional distinto y una visión muy clara de lo que se quiere comunicar. Fue un proceso intenso, pero también muy enriquecedor. En cuanto al premio internacional, ha sido una grata sorpresa y un reconocimiento al trabajo constante y comprometido de todos los miembros de la orquesta. Nos ha dado una visibilidad muy valiosa a nivel internacional, pero más allá del prestigio, estos hitos nos recuerdan que estamos en el camino correcto y que el esfuerzo sostenido tiene frutos tangibles.

Próximamente vais a visitar el Musikverein de Viena. ¿Cómo se ha gestado este concierto, y qué programa interpretaréis?
La posibilidad de tocar en una sala como el Musikverein es un auténtico sueño para cualquier músico. Esta invitación llegó tras meses de contactos y gestiones, en gran parte gracias a la proyección que obtuvimos tras la publicación de nuestro álbum. Ha sido el resultado de una combinación de trabajo artístico y estrategia institucional. El programa que llevamos es muy simbólico. Por un lado, queremos mostrar la riqueza del repertorio español, por lo que incluimos obras de autores como Manuel de Falla y Joaquín Turina. Y, por otro, rendimos homenaje al repertorio sinfónico centroeuropeo con piezas de Brahms y Beethoven. Será un concierto muy especial, y estamos trabajando con muchísima ilusión para disfrutar dando vida a la música española en un escenario tan emblemático.
A título personal, has desarrollado una amplia carrera como investigador, compositor y docente en el ámbito audiovisual. ¿Cómo influye esta faceta en la programación de la orquesta?
Influye de forma natural y constante. Desde mi experiencia en el mundo audiovisual he aprendido a entender la música como un lenguaje narrativo, como una forma de contar historias. En ese sentido, cuando diseño un programa no pienso solo en el valor individual de las obras, sino también en cómo se conectan entre sí: qué tipo de experiencia ofrecen en conjunto, o qué emociones despiertan. También me interesa mucho el componente interdisciplinar. Hemos desarrollado conciertos temáticos que integran música con proyecciones, textos, escenografía o intervenciones dramatizadas. Todo esto enriquece el concierto como formato y permite llegar a públicos más diversos. Además, desde mi labor investigadora intento incorporar al repertorio obras menos conocidas, autores olvidados o enfoques nuevos sobre el repertorio tradicional. Creo que la programación también debe ser un acto de investigación, de exploración y de descubrimiento.
Además, te has formado en la Berklee College of Music de Boston. ¿Qué repercusión han tenido estos estudios para su desarrollo profesional?
Berklee fue una etapa transformadora. Me permitió desarrollar una visión global de la música, muy centrada en la creatividad, la innovación y el trabajo colaborativo. Allí conviví con músicos de primer nivel de todo el mundo, de géneros muy diversos, y eso me ayudó a derribar muchas barreras mentales que a veces impone la educación musical tradicional.
Además de en la dirección de orquesta, me formé en áreas como la producción musical, la tecnología aplicada al sonido y, sobre todo, en la composición para medios visuales. Todo ese bagaje lo aplico hoy a mi trabajo como director de orquesta. Me interesa tanto el rigor como la frescura, tanto la fidelidad al estilo como la posibilidad de hacer propuestas nuevas. Berklee me dio las herramientas, pero también la actitud: una manera de entender la música como un campo de creación, de encuentro y de comunicación.
¿Qué metas has planteado para el futuro cercano de la Orquesta Filarmonía de Sevilla?
Nuestro principal objetivo es consolidar un modelo de orquesta joven que sea sostenible, relevante y de calidad. Queremos ser una referencia para el talento emergente del sur de Europa, no solo en términos de formación sino también como plataforma profesional. En lo artístico, nos gustaría seguir ampliando nuestro repertorio, aumentar las colaboraciones con otras instituciones y explorar nuevas líneas de trabajo como la ópera, la música contemporánea o los proyectos educativos. A nivel internacional, queremos reforzar nuestra presencia en festivales y circuitos europeos.
Pero más allá de las metas concretas, mi deseo es que la Orquesta Filarmonía de Sevilla siga siendo un espacio vivo, dinámico y comprometido con su entorno. Una orquesta que inspire, que emocione y que contribuya a construir comunidad a través de la música.










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