Tras diecisiete años al frente de la Filarmónica de Los Ángeles, Gustavo Dudamel inicia una nueva etapa como director musical y artístico de la Filarmónica de Nueva York. En esta entrevista habla de los retos de ese proyecto, de su vínculo con España y El Sistema, y de una concepción de la música que une excelencia artística, apertura y compromiso con las comunidades
Por Julio Alonso
Después de diecisiete años al frente de la Filarmónica de Los Ángeles, ¿qué significa para ti cerrar una etapa tan larga y decisiva de su carrera?
Cuando llegué a Los Ángeles tenía 26 años, y jamás habría imaginado todo lo que viviríamos juntos. Estos diecisiete años han sido un viaje extraordinario, tanto en lo musical como en lo personal. He crecido muchísimo junto a la orquesta y hemos compartido innumerables aventuras, asumido riesgos y descubierto nuevas formas de acercar la música a la gente.
Los Ángeles se convirtió en un hogar para mí y mi familia, y las relaciones que construí allí siempre formarán parte de mi vida. No veo esto como un final, sino como la continuación de algo muy hermoso. Esas experiencias y amistades seguirán acompañándome e inspirándome mientras comienzo esta nueva etapa con la Filarmónica de Nueva York.
A lo largo de tus años en Los Ángeles, tu trabajo no solo ha estado marcado por grandes proyectos sinfónicos y operísticos, sino también por una visión particular de lo que una orquesta puede representar para una ciudad. ¿Cuál consideras que es tu legado más importante en ese sentido?
Para mí, lo más importante siempre ha sido entender la orquesta como parte de la vida de su ciudad. La Filarmónica de Los Ángeles es una orquesta extraordinaria, con músicos curiosos, generosos y dispuestos a explorar la música en todas sus formas. Hemos trabajado para mantener vivas las grandes tradiciones de la música clásica y, al mismo tiempo, abrir espacio a nuevas voces y nuevas ideas.
Una de las cosas que más me enorgullecen es el crecimiento de Youth Orchestra Los Angeles, o YOLA. Ver a los jóvenes descubrir su potencial a través de la música, y observar cómo esa experiencia fortalece su confianza y su sentido de las posibilidades, es algo profundamente significativo para mí. Espero que nuestro trabajo haya ayudado a que más personas sientan que la orquesta también es un lugar para ellas, ya sea como público en la sala de conciertos o haciendo música en sus propias comunidades.
También estoy profundamente agradecido de que mi vínculo con Los Ángeles continúe a través de mis funciones como artistic and cultural laureate de la Filarmónica de Los Ángeles y como founding director and conductor laureate de YOLA. Mi conexión con esta ciudad y su gente siempre será parte de mí.
En septiembre comenzó oficialmente tu etapa como director musical y artístico de la Filarmónica de Nueva York. En tu primera temporada, has buscado reunir el repertorio tradicional, los estrenos, la ópera, los proyectos con otros artistas y una importante dimensión comunitaria. ¿Qué tipo de orquesta quieres construir en Nueva York?
Nueva York es una ciudad con una energía y una diversidad extraordinarias. Conviven tantas culturas, experiencias y voces, y quiero que la Filarmónica refleje esa riqueza. Tenemos una gran responsabilidad de preservar la extraordinaria tradición musical de esta institución, pero también de mantenerla curiosa, abierta y conectada con el mundo que la rodea.
Para mí, es importante que la gente sienta que la Filarmónica le pertenece. Eso significa reunir las grandes obras del repertorio, la música nueva, la ópera, las colaboraciones con artistas de distintos ámbitos y las oportunidades de conectar con los jóvenes y nuestras comunidades. No son cosas separadas. Todas forman parte de nuestra comprensión de lo que puede ser una orquesta hoy.
Me entusiasma todo lo que podemos descubrir juntos. Lo más importante es seguir escuchando, aprendiendo y creciendo junto a la ciudad.
Tu primera gira europea como director musical de la Filarmónica de Nueva York ha incluido Barcelona y Madrid. ¿Qué lugar ocupa España en tu trayectoria como músico y cómo percibes el panorama musical español desde su perspectiva internacional?
España ocupa un lugar muy importante en mi vida. Paso parte del año en Madrid, así que volver no significa simplemente visitar un lugar, sino regresar a un sitio donde tengo una vida y muchas relaciones entrañables. Aquí existe una riqueza maravillosa en la cultura musical, con tradiciones profundamente arraigadas que, al mismo tiempo, están en constante evolución.
Lo que me encanta de la música es que nos permite reconocer tanto aquello que compartimos como lo que hace única a cada cultura. La música española tiene una identidad extraordinaria y siempre me ha fascinado la gran variedad de formas en que puede expresarse, desde sus raíces tradicionales hasta el trabajo de los compositores e intérpretes contemporáneos.
Compartir esta primera gira europea con la Filarmónica de Nueva York y llevar la orquesta al público español ha sido una enorme alegría. Cada ciudad tiene su propio carácter y cada encuentro nos aporta algo nuevo.
Este mes de noviembre regresas a España, en esta ocasión al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Venezuela, después de que los conciertos previstos para julio tuvieran que aplazarse debido a los terremotos que afectaron al país. ¿Qué significa esta gira en unas circunstancias tan distintas de las que se habían previsto originalmente?
Regresar a España con la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Venezuela tiene un significado muy especial. Estos jóvenes músicos representan muchas de las posibilidades que la música puede abrir: la oportunidad de aprender, crecer, trabajar juntos e imaginar un futuro lleno de posibilidades.
Los terremotos que nos obligaron a aplazar los conciertos nos recordaron que las circunstancias pueden cambiar en un instante y que siempre debemos pensar primero en las personas afectadas. Afrontamos este regreso con mucha responsabilidad y gratitud por la oportunidad de volver a reunirnos.
Para mí, también es una oportunidad de compartir con el público español el espíritu de El Sistema. Cuando estos jóvenes músicos actúan, llevan consigo sus propias historias, su energía y la experiencia de hacer música juntos. Espero que el público pueda sentir ese espíritu y reconocer todo lo que estos jóvenes tienen para ofrecer.
Acabas de mencionar El Sistema, que ha cumplido recientemente cincuenta años y del que eres una de sus figuras más visibles. Después de toda una vida vinculado a él, ¿qué consideras que sigue siendo esencial hoy de la idea original de José Antonio Abreu?
El maestro José Antonio Abreu comprendió algo muy importante: la música puede transformar la manera en que un joven se ve a sí mismo y percibe el mundo que lo rodea. El Sistema nunca se trató únicamente de formar músicos. Se trataba de crear oportunidades, construir comunidad y ofrecer a los jóvenes un espacio donde pudieran crecer, trabajar juntos y descubrir su propio potencial.
Esa idea sigue siendo igual de importante hoy. Cuando un niño se incorpora a una orquesta, aprende a escuchar, a ser responsable ante los demás y a comprender que su aportación es importante para el conjunto. Son lecciones que van mucho más allá de la música.
Tuve la fortuna de crecer dentro de este sistema, y moldeó mi vida de maneras que son inseparables del músico que soy hoy. El mundo ha cambiado enormemente desde que el maestro Abreu inició este trabajo, pero su confianza fundamental en los jóvenes permanece intacta. Debemos seguir ofreciéndoles oportunidades y confiar en lo que son capaces de lograr.
A lo largo de tu carrera, has alternado el repertorio tradicional con proyectos que amplían los límites de lo que muchas personas entienden por música clásica, desde el cine hasta el pop y los grandes acontecimientos deportivos. ¿Crees que esta es una buena manera de acercar la música a quienes todavía sienten que la música clásica no les pertenece?
Absolutamente. La música es música y tiene una capacidad extraordinaria para llegar a las personas de distintas maneras. Crecí escuchando muchos tipos de música y nunca he creído que debamos levantar muros entre ellos. Una gran sinfonía, una banda sonora, una canción popular o la música de un gran acontecimiento deportivo pueden conmover a las personas y unirlas.
A veces hacemos que la música clásica parezca más distante de lo que realmente es. Creamos la idea de que se necesita cierta formación o conocimientos específicos para disfrutarla. Pero la música pertenece a todo el mundo. No hace falta saberlo todo sobre una obra para sentir algo al escucharla.
Estos diferentes proyectos nos permiten encontrarnos con la gente allí donde está e invitarla a vivir esa experiencia. Mi esperanza es siempre que la música abra una puerta, ya sea para alguien que descubre una orquesta por primera vez o para quien lleva toda la vida escuchando música clásica.
A través de la Fundación Dudamel, trabaja para garantizar que la música sea un derecho accesible y un puente entre comunidades. Este año ha recibido el Premio Herb Alpert. ¿Cuáles son sus principales objetivos y proyectos?
Creemos que la música es un derecho humano fundamental. Todos los jóvenes merecen la oportunidad de experimentar la música, descubrir su creatividad y tener la libertad de imaginar un futuro diferente para sí mismos.
A través de la Fundación Dudamel, trabajamos con artistas, educadores y comunidades para hacer posibles esas oportunidades. Un proyecto especialmente cercano a mi corazón es Fidelio, que reúne a las comunidades sordas y oyentes a través de la música y nos invita a reflexionar de otra manera sobre la comunicación y la expresión. El documental Canto de las Manos comparte esa experiencia y muestra el extraordinario trabajo de los músicos sordos venezolanos que ocupan un lugar central en ella.
También apoyamos iniciativas que permiten a los jóvenes aprender de artistas y acercarse a las artes de formas que, de otro modo, quizá estarían fuera de su alcance. El Premio Herb Alpert es un maravilloso reconocimiento a este trabajo, pero lo más importante es lo que sucede cuando las personas se reúnen y se abren nuevas posibilidades. Espero seguir impulsando estas conversaciones con estudiantes, artistas, educadores y comunidades, también durante mi visita a Yale y New Haven Este mes de noviembre.
Si dentro de diez años alguien mirara hacia atrás y hablara de la ‘era Dudamel’ en Nueva York, ¿qué te gustaría que significara esa expresión?
Me gustaría que la gente recordara una Filarmónica profundamente conectada con su ciudad, una orquesta que siguió creciendo artísticamente al tiempo que abría sus puertas a más personas. Por supuesto, queremos interpretar grandes obras al más alto nivel, descubrir nuevas composiciones y asumir riesgos artísticos. Pero también me gustaría que se recordaran las relaciones que construimos más allá de la sala de conciertos.
Nueva York tiene una energía creativa extraordinaria, y existe una gran oportunidad de conectar la Filarmónica con las escuelas, los artistas, las organizaciones culturales y las comunidades de toda la ciudad. Quiero que formemos parte de esa conversación más amplia y que demostremos que una orquesta puede ser, al mismo tiempo, guardiana de grandes tradiciones y una parte viva y en constante evolución de la sociedad.
En última instancia, no debería tratarse de un solo director. Debería tratarse de lo que los músicos y la comunidad han construido juntos y de lo que perdura mucho después de que una persona haya seguido su camino.
Después de haber pasado prácticamente toda tu vida entre orquestas, viajes, ensayos y escenarios, ¿qué sigue representando para ti un momento de felicidad musical personal que no tenga nada que ver con el prestigio o las grandes salas de conciertos?
Algunos de mis momentos más felices son los más sencillos: hacer música con jóvenes, compartir una pieza con amigos o descubrir algo nuevo durante un ensayo. Se puede vivir una experiencia musical muy profunda en una sala pequeña, sin público y sin una ocasión especial. A veces basta con un momento en el que todos se escuchan unos a otros y sucede algo hermoso.
También encuentro una gran felicidad en estar con mi familia y compartir la música con ellos. La música ha ocupado un lugar central en mi vida, pero no se limita a lo que sucede sobre un escenario. Está en los momentos cotidianos, en las personas que nos rodean y en la alegría de descubrir algo juntos.
Eso es lo que mantiene viva mi curiosidad. Por muchos conciertos que dirijas o muchos lugares que visites, la música siempre tiene algo nuevo que enseñarte.






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