
La pianista Laura Moratón protagonizará el Concierto Extraordinario de la 28.ª edición de Entre Cuerdas y Metales interpretando Noches en los jardines de España junto a la Orquesta Sinfónica de Cartagena. Esta cita consolida su relación con un concurso que la intérprete ha vivido primero como concursante y luego como pianista acompañante y jurado. Su testimonio revela de primera mano la huella que este certamen deja en los músicos de la Región de Murcia.
Por Manuel Pacheco
Durante tu periodo de formación participaste en Entre Cuerdas y Metales en diversas ocasiones, y llegaste a obtener el Primer Premio en las ediciones de 2000 y 2005. ¿Qué recuerdos conservas de tu paso por el certamen: dinámica de las pruebas, relación entre compañeros…?
Durante mi etapa de estudiante, el concurso Entre Cuerdas y Metales fue al que más veces me presenté, ya que participé tanto en el entonces Grado Elemental como en Grado Medio. Ocupó varios años de mi vida y guardo un recuerdo muy especial de cada una de las ediciones. El certamen era un punto de encuentro con amigos y compañeros habituales, pero también una oportunidad para conocer a estudiantes de otros centros, así como a miembros del jurado y profesores que se acercaban a seguir el concurso. Cada fase superada suponía un auténtico impulso de energía y motivación para continuar estudiando y luchando por un futuro profesional, en mi caso ligado al piano.
¿De qué manera te ayudó este concurso a desarrollarte como intérprete, en lo que respecta a la proyección de tu carrera y la experiencia adquirida en los escenarios?
Los concursos son una herramienta muy valiosa para adquirir experiencia escénica y desarrollar tablas. En mi caso, Entre Cuerdas y Metales me ayudaba a marcar objetivos claros dentro del curso académico, lo que me permitía enfocar mejor el trabajo del repertorio y afrontar nuevos retos. Esa motivación extra se traducía en un estudio más consciente y exigente.
Tu trayectoria profesional te ha llevado a regresar a Entre Cuerdas y Metales en numerosas ocasiones, ya sea como pianista acompañante para los jóvenes o como miembro del tribunal. ¿Qué aspectos de la organización has descubierto estando ‘al otro lado’ del escenario?
Ha sido un verdadero privilegio poder vivir el concurso desde todos sus ángulos. Como pianista acompañante, labor que desempeño desde hace varios años, lo disfruto especialmente porque me permite revivir la experiencia desde otra perspectiva. En este caso, mi misión principal es acompañar y apoyar a los jóvenes músicos, ayudándoles a disfrutar del escenario y de todo lo que supone participar en el certamen.
Como miembro del jurado, tanto en la especialidad de piano como en música de cámara, he podido constatar el enorme talento de los jóvenes intérpretes de la Región de Murcia. En muchas ocasiones, la elección resulta muy compleja y uno se pone inevitablemente en la piel de cada participante, porque deseas que todos tengan una buena actuación y vivan el concurso de manera positiva.
Considerando las veintisiete ediciones realizadas hasta la fecha, ¿qué lugar dirías que ocupa el certamen dentro del trazado cultural de la Región de Murcia?
Sin lugar a duda, el concurso Entre Cuerdas y Metales es el más consolidado de la Región de Murcia en la actualidad. Está dirigido a todas las especialidades, lo que permite la participación de todo el alumnado de las Enseñanzas Profesionales. Además, en los últimos años se ha visto enriquecido con los conciertos promocionales, en los que los ganadores de la edición anterior tienen la oportunidad de actuar como solistas junto a la Orquesta Sinfónica de Cartagena. Para muchos de estos jóvenes será la primera vez que vivan una experiencia de este tipo, algo que, sin duda, marcará su trayectoria musical y que recordarán siempre con cariño.
En esta nueva edición, la número 28, actuarás como solista en el Concierto Extraordinario junto a la Orquesta Sinfónica de Cartagena y su director Leonardo Martínez. ¿Cómo abordas este concierto y qué representa para ti?
Cuando me comunicaron que contaban conmigo para el Concierto Extraordinario de esta edición me emocioné profundamente. Supone, de algún modo, poner el broche de oro a mi relación con el concurso. Además, se me brindó la oportunidad de enfrentarme por primera vez a Noches en los jardines de España de Manuel de Falla, una obra que nunca había interpretado y que ha supuesto un nuevo reto para mí. Este desafío me ha permitido descubrir la partitura desde dentro y establecer con ella un vínculo muy especial.
Tocar junto a la Orquesta Sinfónica de Cartagena es un lujo. No solo por su calidad musical, sino porque muchos de sus integrantes son amigos y compañeros del conservatorio, y con quienes he compartido numerosos momentos a lo largo de mi carrera. Tengo muchas ganas de comenzar el trabajo con su director, Leonardo Martínez, y dar forma juntos a esta obra tan evocadora.
¿Qué puedes contarnos sobre tu enfoque sobre esta partitura tan emblemática de Falla?
Adentrarme en esta obra ha sido un auténtico placer. Aunque la conocía como oyente, enfrentarme a ella por primera vez como intérprete ha sido una experiencia muy especial: todo está por descubrir y la interpretación se va construyendo paso a paso.
Noches en los jardines de España lleva como subtítulo ‘impresiones sinfónicas’, aunque el propio Falla no terminó de sentirse cómodo con esta denominación y quizá hubiera preferido hablar de ‘evocaciones’. La obra se inspira en imágenes pictóricas y poéticas de la época; de hecho, Falla aún no había estado en Granada cuando la compuso. Es una música profundamente española, pero con una clara influencia francesa, en la que se percibe la huella de Debussy, Ravel o Dukas. Cada movimiento se construye a partir de un material muy concreto: ‘En el Generalife’ nace de un sencillo intervalo de segunda, ‘Danza lejana’ se articula en torno a dos temas, y ‘En los jardines de la Sierra de Córdoba’ presenta tres.
No se trata de un concierto para piano y orquesta al uso, sino de una obra sinfónica con piano solista; el instrumento evoca con frecuencia el sonido de la guitarra mediante rasgueos y punteos que hacen que la escritura pianística resulte a veces incómoda, con frecuentes superposiciones de manos. Por otro lado, el compositor era un gran perfeccionista, revisó la obra en numerosas ocasiones y fue muy preciso en la indicación de tempos, solicitando que se respetaran estrictamente los metrónomos. La música de Falla supone un cruce de caminos entre la tradición escrita europea y la tradición oral del flamenco, lo que plantea al intérprete el reto de encontrar el equilibrio entre ambos mundos.
Estos conciertos extraordinarios ‘miran hacia atrás’ para constatar y visibilizar la carrera musical que han seguido los anteriores premiados de Entre Cuerdas y Metales. ¿Has compartido trayectoria con alguno de estos antiguos galardonados?
A lo largo de mis años de formación he tenido la suerte de coincidir con muchos músicos que han participado posteriormente en estos conciertos extraordinarios: con María Ángeles Ayala, pianista, coincidí en numerosos concursos por todo el territorio nacional; con Miriam Olga Pastor, oboísta, compartí etapa en la Orquesta de Jóvenes de la Región de Murcia; y con Miguel Ángel Ros, violonchelista y gran amigo, he compartido varios proyectos y su Concierto Extraordinario de la edición de 2024, y seguimos haciendo música juntos siempre que es posible.
Actualmente compaginas tu actividad artística con la docencia en el Conservatorio Profesional de Música de Cartagena. ¿De qué manera se influyen entre sí estas dos facetas?
Ambas facetas son imprescindibles en mi vida y, aunque a veces es complicado compaginar horarios de estudio y clases, hacen que disfrute del piano desde todos los aspectos. Cuando estudio intento siempre recordar lo que les digo a mis alumnos y aplicarlo en mi trabajo diario, ya que esta carrera es un aprendizaje constante.
Señalas que tu labor como pianista acompañante es ‘complementaria y enriquecedora’ para tu trayectoria. ¿Qué herramientas o dimensiones de la interpretación se potencian con este trabajo?
Al finalizar mis estudios no imaginaba que acabaría desarrollando mi labor como pianista acompañante. Durante mi formación no se me mostró en profundidad en qué consistía este trabajo ni la importancia que tiene dentro de los conservatorios.
Hoy en día es una faceta que disfruto enormemente, ya que me permite hacer música a diario y trabajar con alumnos de distintas especialidades, abordando una cantidad ingente de repertorio que, en otras circunstancias, no me habría sido posible conocer. Más allá de la técnica, podemos profundizar en cuestiones de interpretación, estilo y lenguaje musical. Además, ayudo a los alumnos a sentirse más seguros en el escenario y a adquirir herramientas que les permitan disfrutar del directo con mayor confianza.










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